Leer Entrelíneas

Bellos por Dentro y por Fuera

Abril (2010)

Desde mi cuarto he podido ver el paso del tiempo en los árboles del vecino: se les caen las hojas, se llenan de flores o se les caen, otros tienen frutos, cambios externos, pero cada árbol en si mismo sigue siendo ese árbol y no otro. También a los seres humanos nos pasa: sumamos años de vida, nos salen canas, engordamos o adelgazamos, incluso nos enfermamos.
Algunos de estos cambios son mal vistos en nuestra cultura, se le da un valor inconmensurable a la belleza externa, a la salud, a estar “en forma”, a que no se nos note el paso del tiempo. El mejor piropo: “estás igualita, no te pasan los años”.
Aunque lo externo es importante, cada uno es cada uno a pesar de esos cambios, podríamos decirlo filosóficamente, que la esencia de nuestro ser no cambia, aunque cambien los accidentes. La belleza externa es un valor, pero si lo que permanece es lo interior, lo más lógico y más coherente sería cultivar nuestra belleza interior; buscar estar en buena forma, pero interiormente; crecer en valores, en virtudes, amar más, hacer el bien, conocer más la verdad.
Julián Herranz, en su libro “En las afueras de Jericó”, hablando de los últimos años de Juan Pablo II, decía que había demostrado “en un mundo que parece apreciar solamente la juventud, la fuerza, la belleza, el poder, el hedonismo, la riqueza, que también la ancianidad y la enfermedad son un valor. Probablemente logra hablar ahora al corazón de muchas más personas, que cuando era joven y fuerte”.
Es que el paso silencioso y constante de los años engrandece a la persona que ha vivido en orden al darse, al servir, al ayudar y no al “buscarse”. Hay rostros arrugados, pero serenos, generosos, dulces, que irradian amor y generosidad. ¿Verdad que nos parecen bellos? Es una belleza pacífica, serena. Es la belleza interior, el orden, equilibrio, la bondad interior.
No es que no debamos “cuidar la fachada”, sino que debemos también crecer para adentro, cultivar nuestro interior de manera de reflejar esa belleza al exterior.
San Agustín decía: “Sólo la belleza agrada”. Podríamos parafrasearlo y asegurar que “sólo la belleza interior agrada plenamente”.

Evalú Romero González / evaluromerog@hotmail.com