Leer Entrelíneas

El derecho de contemplar cielos estrellados

Abril (2010)

Todos hemos contemplado, alguna vez en nuestra vida, el impresionante espectáculo de un cielo estrellado, desde un lugar donde no existe la contaminación lumínica. Al alzar la vista al cielo hemos visto miríadas de estrellas, nubecillas de luz fosforescente, y la brillante banda de luz de nuestra galaxia, la Vía Láctea. En un cielo así hemos creído observar millones de estrellas y nos hemos sentido empequeñecidos por el incomparable espectáculo de la noche.
Pero ese cielo hermoso, impresionante, e instructivo es cada vez más raro. Las nuevas generaciones, nacidas en los grandes centros urbanos, tienen cada vez menos posibilidad de disfrutar de ese hermoso portento.
Para los antiguos, el cielo no solo fue inspirador, sino una herramienta necesaria para datar eventos, saber cuándo se debía sembrar y cosechar, ajustar calendarios, etc. Hoy día muy poca gente conoce el firmamento, sabe reconocer las constelaciones, o sabe el nombre de las estrellas. Todo ese conocimiento se está perdiendo y queda solo en unos pocos legos.
Hace unos años en Morrocoy, escuche a unos jóvenes de una Universidad que habían ido a bucear y acampaban en un callo, tratar de identificar las constelaciones. No tenían ni la más remota idea y me puse a escucharlos a ver qué constelaciones “inventaban”. Uno de ellos dijo: “¿Cómo me gustaría que alguien me explicara el cielo?”
Me sentí invitado y les expliqué. Les decía: “por allí en un rato va a salir una estrella brillante que se llama...”, y al salir gritaban fascinados. Creía que era un mago o algo así. Para ellos y para cualquiera era algo maravilloso, para mí algo de rutina. Pero pude ver cómo la astronomía y el cielo nocturno se ha alejado de la gente, debido principalmente a la contaminación lumínica.
Es lógico que una ciudad esté iluminada, y más una ciudad insegura como la nuestra, pero que el cielo este iluminado es no sólo tonto sino ilógico. La contaminación lumínica se produce cuando una buena parte de la iluminación pública se pierde hacia el cielo. Allí no hay nada que alumbrar. Esta iluminación nocturna es perjudicial para muchas especies de animales e insectos, incluido el hombre.
La luz artificial crea un día prolongado. Se ha comprobado en estudios que mujeres que duermen con luminosidad igual o mayor a la producida por la luna creciente, tienen muchas más posibilidades de desarrollar cáncer de seno, pues la luz artificial retarda la aparición de hormonas que están relacionadas con el período de descanso.
Muchos insectos huyen de la luz y otros son atraídos por ella. Los insectos lucíferos gustan de ella, mientras los lucífugos huyen. Así la luz artificial causa estragos en la ecología. Por otra parte, y ésta es la que nos concierne, la luz artificial, al iluminar el polvo y el Smog atmosférico tapa el brillo de las estrellas, pues forma una película brillante que nos impide observar el cielo en todo su esplendor.
Una de las propuestas a nivel planetario, es crear conciencia sobre esto y trabajar para hacer que los gobiernos tomen medidas que favorezcan a todos. Faros de Iodo de baja densidad, contaminan menos, gastan menos energía, y son igual de eficientes.
Así ahorraríamos energía, disminuiríamos la contaminación lumínica y veríamos más estrellas. Si a esto agregamos pantallas que reflejen la luz hacia el suelo, en vez de enviarla hacia arriba, la iluminación mejoraría a nivel de la calle y sería casi nula hacia el cielo.

Jesús H. Otero A. / jesusotero@hotmail.com
Sociedad Astronómica de Venezuela.