Leer Entrelíneas

EL VERDADERO REGALO DE LA NAVIDAD

Diciembre (2009)

Los pastores de Belén fueron los primeros en descubrir el gran regalo que el mundo recibió con el nacimiento de Jesús. Luego correspondió a unos magos, audaces y estudiosos de Oriente, descubrir la estrella que les llevaría a postrarse a los pies del hijo de Dios. Estos hombres le llevaron al Niño regalos de oro, incienso y mirra. Era lo menos que podían dar a quien Dios Padre le había encomendado la misión de devolver al ser humano su pasaporte para la felicidad.
Todos los años, el mundo recuerda a esos pastores y a esos magos. Pero junto a ellos están los nuevos Herodes que quieren acabar la paz maravillosa de la Navidad. Esos nuevos adversarios del gran regalo que es Jesús Niño, se manifiestan con rostros variopintos para distraer a las familias del motivo auténtico de las celebraciones de Diciembre. Y en su terrible confusión han llevado a muchos niños a creer que el Niño Dios trae a la tierra juguetes, golosinas y en general regalos materiales.
La candidez de los pastores mirando al Niño en el pesebre, la han convertido estos nuevos Herodes en ojos muy abiertos frente a cajas de mil colores que guardan todo tipo de entretenimientos o en ojos llorosos de niños que pasan en blanco la noche, sin recibir nada de esa hermosa creatura que es nuestro Redentor. En algunos países los magos pasean por las ciudades entregando a la niñez arremolinada en las calles la algarabía y los regalos que nunca llegarán al Niño recién nacido. Ya no hay oro, incienso y mirra para Dios hecho hombre, lo que vemos es el espectáculo de una sociedad que se reúne para intercambiar presentes, comer y beber con mucho olvido de los pastores que están al raso musitando oraciones y canciones frente a montañas de corcho, ovejitas de anime, que hacen el marco de la Sagrada Familia de Nazaret.
Muchas familias cristianas celebran con mucha sensatez el cumpleaños del Niño Jesús. Preparan no solo sus hogares, sino sus almas y sus cuerpos para entregar lo mejor de sí mismos en esa Noche Buena. En algunos países intercambian presentes como expresión de júbilo pero sobre todo agradecen en las celebraciones litúrgicas el don maravilloso de la Redención. En esa gran noche siempre tienen presente esa otra gran fiesta cristiana que es la Pascua de Resurrección. Porque como siempre hemos oído: si Jesús no hubiera resucitado vana sería la Navidad.
La Navidad es una gran fiesta de la Trinidad. Es la hermosa noche donde el cielo y la tierra se besan para preparar una gran cosecha de amor para el mundo. Es un tiempo de esperanza y de paz que no podemos dejar que los nuevos Herodes la conviertan en un festejo pagano o equívoco, donde algunos olvidan que el gran regalo de la Navidad es Dios con nosotros, es Jesús que está gritándonos desde las pajas frías que Él es el Amor que todos esperan, el regalo verdadero que todos podemos recibir.
La nueva evangelización debería empezar por rescatar el sentido profundo de las fiestas de nuestra fe. Hoy más que nunca debemos volver a encontrar a los magos que llevan a Jesús sus regalos y a los pastores que ofrecen al Niño la sencillez de su oración y de su compañía en una noche solitaria, que Herodes no podía imaginar desde sus afanes de poder y de grandeza.
¿No estaremos en un buen momento para decir a todos los niños de la tierra que Jesús es el gran regalo de la Navidad y que sólo descubriendo esa verdad van a encontrar la auténtica felicidad? ¿No será apropiado el momento para que los niños compartan entre sí su fe, su misericordia y la solidaridad que el mundo espera?

Beatriz Briceño Picón