Leer Entrelíneas

CREANDO UN AMBIENTE ALEGRE

Marzo (2010)

El otro día en un banco, una señora reclamó públicamente de forma exagerada y creó un mal ambiente entre los que esperábamos ser atendidos. Las diferentes opiniones se dejaron oír, alguien se lamentaba del nivel de irritabilidad y mal humor que encontraba en cualquier sitio.
Quizás todos hayamos tenido esta experiencia y estemos dispuestos a relatar como fuimos maltratados en determinada ocasión, por ciertas personas. Sin embargo, quiero hacer una propuesta contraria: disponernos a crear un ambiente alegre, una atmósfera agradable a nuestro alrededor. Si nos lo proponemos en serio, lo lograremos, y no sólo contribuiremos a que ese buen ambiente nos rodee, sino que también contribuiremos a que se propague. Hemos visto como se contagia la risa, como ante la ternura de un niño las personas se “derriten”, como ante unos “buenos días” con una sonrisa, generalmente recibimos una grata respuesta.
La persona alegre difunde fácilmente su estado de ánimo a los que están a su alrededor, que se sienten convocados a responder de buena manera. La alegría es como el bien: ambos son difusivos. Los temperamentos felices atraen a las personas, crean en torno a ellos unos lazos de cordialidad que cuesta romper.
La alegría nace de un sentimiento, pero también puede ser engendrada por nuestra inteligencia. Por eso estar alegres no es sólo fruto de un sentimiento que nos inunda, sin también consecuencia de una decisión intelectual. Darnos cuenta de los motivos reales que tenemos para estar contentos nos ayuda a superar las dificultades.
Es importante saber descubrir motivos de alegría, y los hay tanto en grandes acontecimientos
como en lo pequeño de cada día. Saber descubrir la riqueza de lo ordinario, el valor de lo diario, lo bonito de lo sencillo nos librará de la rutina y del pesimismo. Una vez conquistada la alegría es fácil comunicarla a los demás.
También conocemos el dolor y el sufrimiento, pero a diferencia de la alegría éstos tienen una causa externa a nosotros mismos. La alegría en cambio viene de nuestro interior, de nuestra actitud ante la vida, de nuestra riqueza interior. La decisión de dejar que los acontecimientos negativos nos afecten es nuestra.
Propongámonos sonreír más, saludar mejor, pensar en positivo, resaltar lo bueno, estar alegre y contagiar esa alegría.

Evalú Romero González