Cosas que importan

"Sobre la auténtica "solidaridad"…

Enero-Febrero (2006)

E"Solidaridad" viene de "solidus", fuerte, consolidado, de la misma raíz que "soldar". Significa fuerza, unión cuyo principio dinámico más radical en el hombre es el amor, cuyo objeto propio es la unión benevolente con el otro, con los otros. En esto la solidaridad nos recuerda que hay que vivir el amor en su verdadero sentido, es decir, como una acción voluntaria en la que hay satisfacción plena de sí (amor de deseo), y que se complementa obligatoriamente buscando el bien del otro (amor de benevolencia), tal cual lo define Aristóteles en su libro La Retórica. No puedo amar sólo con amor de deseo, es necesario el amor de benevolencia, porque si no lo hago así, instrumentalizo al amor para la autosatisfacción, el éxito, la autocomplacencia, la manipulación del otro.

Quien es solidario tiene más oportunidad de madurar en el verdadero amor, ya que amar, en el fondo, es alegrarse, afirmar, perdonar, renovar el amor, ayudar, cuidar, curar, recordar, sufrir, compadecer, consolar, acoger. Amar es preferir, ponerse en el lugar del otro, comprender, escuchar, atender, obedecer, prometer, ser leal, confiar, esperar. Amar es regalar, agradecer, corregir...

Cuando amo así, comprendo mejor a los otros, me duelen los otros… también decía "tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo". nuestro mensaje. "Nuestra vida es nuestro mensaje" decía Gandhi. Y Cuando soy solidario, por tanto, me "desenroyo" (me despliego, me abro), se me da una oportunidad para que domine el miedo o incluso supere el dolor de cabeza. Se me da una oportunidad para madurar emocionalmente.

Maduro emocionalmente cuando me olvido de mí. Mucha gente dice que hay que amarse a sí mismo, y eso es verdad, pero precisamente uno se ama a sí mismo cuando se da solidariamente a los demás, porque está poniendo en acto lo que es como ser humano.

Me amo amando. Me amo entregándome. Me amo estando al servicio del otro. Otro aspecto fundamental que se olvida, es que la expresión auténtica de mi solidaridad tendrá mas fuerza en la medida que mi vida sea toda ella una unidad de solidaridad. Al darnos solidariamente no lo hacemos esquizofrénicamente, como mostrando dos vidas. Nos damos con todo, porque nuestro ser es uno. Y eso es la coherencia. No se puede decir de mí que soy un "amor" con mis amigos, y un "demonio" en la casa. Ser coherente es estar unido, es ser el mismo dentro y fuera, en la casa y en la calle. Y es que para ser verdaderamente solidario con los de "fuera" (con los pobres de África, de India, etc.) hay que ser primero verdaderamente solidario con los de "dentro". Es decir, con los que están dentro de mi corazón, de mi casa, de mi familia, de mi barrio, de mi piso, de mi calle… Además, es allí donde secomienza a forjar la auténtica solidaridad, es allí donde configuro el hábito, la disposición estable de servir al otro, de preocuparme por el otro.

Es allí donde forjo mi carácter, porque comprendiendo a los de dentro,
comprendo mejor a los de fuera. Entonces, para lograr esto, podría uno hacerse un conjunto de preguntas para la reflexión personal. Veamos.

¿Doy, ofrezco pequeños servicios a los de dentro? ¿les ayudo a poner la mesa? ¿friego los platos o dejo a mamá sola limpiando la cocina? ¿les cocino a los míos? ¿les saco la bolsa de la basura? ¿mantengo mi cuarto y cosas personales ordenadas y limpias? ¿acompaño al mercado y cargo las bolsas? ¿limpio los baños o los mantengo lo mejor que puedo? ¿ventilo las habitaciones usadas? ¿estaciono bien mi carro o me arrimo demasiado al del vecino? ¿dejo el jabón en buen estado? ¿tapo todos los frascos? ¿dejo la ropa tirada en el piso? ¿escucho con cariño aunque me parezca que es un fastidio? ¿me intereso por las cosas de los demás? ¿me ofrezco para cuidar y limpiar al enfermo de la casa? ¿tengo un listado de los cumpleaños y llamo para felicitar?... ¿No?.... entonces no sirvo para cambiar el mundo… ¿Si?... entonces estoy comenzando a cambiar el mundo, estoy comenzando a ser un auténtico paradigma de la solidaridad…

Quienes nos miran y conocen quieren ver en nosotros vidas coherentes, es decir, que seamos los mismos en la intimidad de la familia, y los mismos en la anchura de la sociedad. Así habrá, no hay duda, más fuerza en Esta actitud es la que verdaderamente influye en
el otro: el testimonio de nuestra vida. La lucha en lo pequeño. El poder de quien vive la solidaridad está en lo pequeño de cada día: en un servicio concreto y silencioso, en una sonrisa, en una mirada, en un gesto de aprobación, en un acompañamiento sin ruido, en el interés sincero y benevolente por el otro.


Alfredo Gorrochotegui Martell