Iglesia Católica

Hombres de Dios

Enero-Febrero (2006)

En estos párrafos quiero hacer ver a esos hombres que miran con ojos de risa, con ojos de desprecio o de compasión a nuestros cristianos, la grandeza humana que en sí encierra ser "hombre de Cristo". Y a ti, hombre de fe, te muestro algunos problemas de la Cristiandad actual para que arrojes lejos de ti esa rutina que te aprisiona, y te animes a vivir por Cristo, con Cristo y en Cristo, una vida vigorosa y consciente.

Los hombres de Cristo son hombres llenos de Fe, Esperanza y Amor; con mucha Fe, mucha Esperanza y mucho Amor. Estos hombres de Cristo no son impecables. Todo santo, todo cristiano, toda criatura de Dios, por ser hombre, tendrá siempre defectos. Y saben a ciencia cierta que únicamente conseguirán la "perfección" después de la muerte, de esa muerte que no mas que el paso de lo imperfecto a lo perfecto. de la lucha a la paz, de lo humano a lo divino. Cristo no conoció el pecado. La Madre que tenemos en el cielo, tampoco. Todos los demás han conocido los defectos humanos.

Son perjudiciales y pueden llegar a deformar las conciencias de algunos cristianos las biografías de santos que nos presentan a sus protagonistas corno impecables o poco menos, dando la sensación de que la santidad es patrimonio de algunos pocos privilegiados; es un error que debe evitarse porque destroza la verdad del Evangelio. "Sed perfectos...", nos lo dice a todos.

Todos los hombres pueden lograr la perfección; no hay ocupación humana, en la que no se pueda uno santificar. Ni el teatro, ni el cine, ni el arte, ni la prensa, ni la abogacía pueden quedar excluidos de los caminos hacia la santidad.

No hay hombres que se dediquen a ser santos mientras que los demás mortales estudian, labran la tierra, construyen y escriben... ¡No! Son los poetas, los artistas, los labradores, los sabios y los doctos, las madres y las muchachas de servicio los que se santifican en, con y por la poesía. el arte, el campo, los libros, la familia y fregando suelos y platos. Nos recogemos en el silencio para conocernos. Descansar un poco. ¡Se vive tan de prisa! Y así. activar el conocimiento de uno mismo. No con el temor de encontramos imperfectos. que lo damos por supuesto, sino para hallar en nosotros los dones y talentos puestos por Dios.

Todo santo, todo cristiano, toda criatura de Dios, por ser hombre, tendrá siempre defectos.

Conocer muy particularmente estas cualidades, estos valores divinos que Dios ha puesto en nuestra inteligencia, en nuestra boca, en nuestro corazón, en nuestras obras, en nuestro temperamento y carácter. Dios, que nunca hace nada inútil, depositó en nosotros el germen de virtudes que a nosotros corresponde desarrollar.

Así, unos serán audaces por carácter; otros, alegres; otros, generosos, trabajadores.

Todos deben esforzarse por conseguir aquello que les falta. Los ojos muy abiertos. Conocimiento propio. Y el que tiene cinco talentos tendrá que entregar otros cinco. Y el que tenga uno no puede enterrarlo en la arena por miedo a su Señor.

Si miramos años atrás. vemos una vida pobre. muy pobre; nada hemos hecho hasta aquí. pero nos fiaremos de la palabra de Dios. Y el milagro se operará. La vida de los años pasados queda borrada con la confesión. Ahora. mira adelante. Mira lo que nos queda por recorrer... Caminos nuevos que tenemos que explorar... Nadie ha pasado por ahí; pasaron los primeros cristianos. pero los siglos han cubierto de hierba sus huellas.

Constancia en los propósitos, constancia en tu trabajo de hoy..., donde estés..., en lo que haces. Enamórate de tu carrera, de tu profesión.

No envidies a nadie, ni dentro del Cristianismo ni fuera de él. Piensa que es a Dios a quien has de rendir cuentas de tus denarios. Envidia..., ¿de qué? ¿de quién? Tienes todos los medios para hacer te santo. para hacer una gran labor entre los pueblos. Persevera en tu trabajo de hoy, persevera en tus obras, Mírale a El, te repito, y te enamorarás.

Y cuando estés muy lleno de Dios te será muy fácil vivir sobrenaturalmente las virtudes humanas de tu personalidad. Vivir las con sencillez, día a día, con naturalidad sobrenatural.

Entonces tus virtudes naturales, vividas a 10 divino, formarán el reverso de cuanto hoy nos asquea a los que queremos ser nada menos que hombres y mujeres de Dios.

Contra mentira, verdad.
Contra vileza, nobleza.
Contra corrupción, honestidad.
Contra hipocresía, sinceridad.
Contra beatería, piedad.
Contra debilidad, reciedumbre.
Contra amaneramiento, hombría.
Contra encogimiento, audacia.
Contra impotencia, virilidad.
Contra cobardía, valentía.
Contra traición, lealtad.
Contra tristeza, alegría.
Contra pesimismo, optimismo.
Contra consumismo, sobriedad.
Contra mediocridad, personalidad.
Contra ociosidad, trabajo.
Contra desorientación, criterio.
Contra tacañería, generosidad.
Contra charlatanería, silencio.
Contra exhibicionismo, discreción.
Contra aburguesamiento, SANTIDAD.

Paladea de antemano la bendita esperanza de que todo eso es posible. ¡Cómo duele oír a muchas almas sin Amor que esto es demasiado, que no podremos preservar... ¡Si, si!..., y se lo repetiremos cuando seamos viejos... Es fácil, es fácil... Basta con enamorarse de Dios.

Jesús Urteaga Loidi
El valor de lo humano

Y cuando estés muy lleno de Dios te será muy fácil vivir sobrenaturalmente las virtudes humanas de tu personalidad. Todos los hombres pueden lograr la perfección; no hay ocupación humana, en la que no se pueda uno santificar.