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¿Cómo lograr ser padres cristianos con éxito?

Abril (2008)

Los padres cristianos con éxito son los que logran que antes de que los niños salgan de la adolescencia posean y muestren una formación íntegra, con criterio, una conciencia recta, con una personalidad de entereza y una autodisciplina habitual.

Antes de hablar sobre cómo lograr esto es muy importante que entendamos que la familia es una sociedad. Y una sociedad tiene tres características fundamentales:

1º Tiene una misión: una meta a alcanzar en la que todos los miembros están envueltos.
2º Dirección y jerarquía: uno o más asumen la responsabilidad y por consiguiente tienen la autoridad para dirigir y guiar a los demás para llevar a cabo la misión en la que están envueltos. Esto implica el derecho a ser obedecido, el derecho a corregir y cambiar de dirección de los otros, para evitar errores que puedan causar daños.
3º Estructura: la familia debe tener una clara descripción de funciones y un conjunto de reglas (modelos de comportamiento y conducta) de modo que todos los miembros de la misma, cada uno a su nivel entienda qué es lo que se espera de ellos en sus esfuerzos por llevar a cabo la misión del grupo. Estos tres elementos se encuentran en todas las sociedades con éxito y mientras más firmes son estos elementos más éxito tiene la familia o la sociedad. Los esposos tenemos una misión extraordinariamente importante (formar a los niños como personas integrales cabales, rectas y felices).

¿CÓMO DIRIGIR ESTA PEQUEÑA SOCIEDAD?
Ante todo tenemos que entender el significado de la palabra disciplina. Esta palabra está directamente relacionada con la palabra discípulo que significa enseñar y dirigir, no gritar ni castigar.
La disciplina en la familia significa entonces que uno enseña y dirige a los niños para que entiendan y practiquen por si mismos una vida con normas, íntegra y feliz.
Tú enseñas, ellos aprenden. Tú guías, ellos siguen.
La verdadera disciplina (enseñando a ser líderes integrales) incluye alabanzas e incentivos más que corrección y castigo.
Es muy importante destacar que uno enseña y guía mejor cuando uno establece niveles elevados de exigencia para uno mismo y no espera menos de los seguidores. En cualquier sociedad, incluyendo la familia, los grandes líderes piensan y actúan de esa manera.
A veces será necesario corregir y ayudar a los hijos que aprendan de los errores. Puede ser que a veces sea necesario el castigo pero siempre y cuando sea una corrección tan importante para su propio bienestar que es necesario que lo recuerden para no volverlo a hacer más.

PASOS ESENCIALES PARA LOGRAR UNA DIRECCIÓN EFICAZ EN LA FAMILIA
No existe una característica que defina a los mejores padres.
Algunos tienen la ventaja de ser muy comunicativos, de darse cuenta en forma intuitiva y rápida de lo que hay que hacer en ciertas situaciones con los niños. Otros reflexionan mucho menos seguros de sí mismos y tienden a pedir consejo a personas cuyo juicio respetan. Algunos crecieron en hogares estables y felices y tratan de repetir lo que vivieron. Otros se criaron en hogares menos estables, aún en familias disfuncionales, pero están decididos a no repetir los errores de sus padres.
Sin embargo, la mayoría de los padres que logran tener éxito en la educación de sus hijos se esfuerzan por tener una verdadera sociedad permanente con sus esposas. Otros, que están solos dan una muestra inmensa de valentía y ellos solos se las arreglan (con mucha más carga) para lograr la meta propuesta.

CARACTERÍSTICAS COMUNES EN PADRES CRISTIANOS EXITOSOS
FIRMEZA RELIGIOSA

En este tiempo de falta de Dios, de relativismo moral, de inmoralidad, donde los valores ya no son valores sino antivalores y al contrario, es muy importante que enseñemos a nuestros hijos a amar, honrar y obedecer a Dios desde que están pequeñitos.
Por lo tanto en una familia cristiana la oración y las prácticas religiosas no son meros formalismos sino modos de enseñarle a los niños a querer a Dios y la Virgen y enseñarles a comprender que las normas de la Iglesia y los mandamientos de Dios deben vivirlos no como una obligación que les fastidie sino como un camino maravilloso que los ayuda a ser plenamente felices a ellos y a quienes están a su alrededor.
Inculcar la fe y el amor a Dios, así como esa esperanza que según Benedicto XVI nos ayuda a “caminar este presente fatigoso” con alegría porque tenemos una meta grande y segura que alcanzar: el Cielo.
A la larga eso es lo único que nos dará la fuerza para vivir con absoluta felicidad en este “presente fatigoso” que nos toca vivir a todo el mundo.
Esa conciencia que se les forma desde la más tierna infancia sobre lo bueno y lo malo será algo que siempre nos agradecerán y de lo cual nunca podremos decir: “estoy arrepentido porque no le enseñé a mi hijo el camino de la felicidad, el camino que lleva al Cielo”

VISIÓN A LARGO PLAZO
Es verdad que a veces uno se agobia con las cosas presentes de los niños (porque son demasiadas) pero siempre debemos mantener una visión a largo plazo de lo que queremos de ellos para irlo trabajando desde ya.
-¿Serán nuestros hijos gente honorable, de carácter y conciencia rectos?
-¿Estarán bien formados en las virtudes de la fe y la esperanza, caridad, buen juicio, sentido de responsabilidad, perseverancia, fortaleza, control de si mismo?
-¿Cuándo se encuentre con algo que le puede hacer daño será capaz de reconocer el mal y huir. Y si hace algo malo será capaz de pararse de nuevo, acudir a la confesión y seguir adelante?
-¿Cuando crezcan sabrán respetar los derechos y sentimientos de todos empezando por Dios. Serán corteses y ayudarán a quienes vean necesitados?
-Si Dios los llama al matrimonio ¿serán capaces de desarrollar una unión estable, permanente y feliz con nietos en quienes veamos la permanencia de los valores que les enseñamos?
-Y si Dios los llama al celibato, les daremos el apoyo que necesiten sabiendo la bendición que eso representa y el bien que le aportamos a la Iglesia. ¿Aprenderemos a desprendernos muy pronto de ellos?
-En el mundo del trabajo, ¿Serán respetados por su competencia, integridad y esfuerzos por prestar servicios excelentes?, ¿Serán admirados como profesionales competentes, gente de metas honorables independientemente de lo que hagan para ganarse la vida?
-¿Se desarrollarán como hombres y mujeres con confianza y seguridad en si mismos, con la certeza de que son amados inmensamente por Dios y por sus padres; independientes y felices sabiendo reconocer sus cualidades y defectos para luchar por ser cada día mejores?.
-¿Conservarán siempre los grandes amores de su niñez: el amor a Dios, de la familia, de los amigos, de la vida y de la verdad?
En resumen los padres cristianos exitosos se proponen un ideal muy alto para cuando sus hijos lleguen a ser mayores. Cuando sus hijos e hijas tengan cerca de treinta años debieran vivir como sobresalientes maridos y mujeres, padres y madres, profesionales honorables, muy buenos amigos y ciudadanos activos y responsables.
Los padres con éxito viven la unidad. Marido y mujer viven una asociación permanente apoyándose mutuamente, esforzándose por ignorar los defectos del otro, totalmente comprometidos a servirse el uno al otro. Y queriéndose muchísimo, como el primer día. El amor verdadero no quiere decir distribuir por partes iguales sino servir al otro hasta el punto de olvidarse de uno mismo. Los padres que viven colocando al otro en primer lugar enseñan lecciones muy valiosas a sus hijos sobre matrimonio y moral.
Cuando un marido honra a su mujer y la pone en primer lugar en la familia, los niños siguen el ejemplo: honran y obedecen a la madre. Cuando una madre honra al esposo en primer lugar los niños crecen considerándolo como un héroe.
Estos padres unidos siempre encuentran tiempo para salir y sentarse a conversar sobre ellos y sobre cada uno de los hijos y sobre lo que más les conviene a cada uno de ellos. Deben tener un tiempo diario para conversar a solas y si no es así, por lo menos semanal, y las escapadas mensuales o trimestrales o semestrales son fantásticas sobre todo para que descansen y para que los maridos se sientan el centro del universo. Nunca se debe poner a un padre contra el otro. Cuando se necesite tomar una decisión importante deben decirle al hijo que se debe esperar por la decisión del otro cónyuge. Así también ellos aprenderán a esperar y tener paciencia.
Nunca se debe pelear frente a los niños ni discutir abiertamente sobre algún problema en frente de ellos. Cuando se comience la discusión debemos tener señas (como mirar el reloj, etc.) para parar la discusión por el bien de ellos.
Nunca deben contradecirse en materia de disciplina porque algo así socava profundamente la autoridad. Cualquier desacuerdo tiene que ser resuelto en privado.
Los padres tienen que aprender a pedirse disculpas rápidamente, olvidar el orgullo y pasar la página.

FUNDACIÓN ENTRE LÍNEAS