Leer Entrelíneas

No nos pongamos Viejos Antes de Tiempo

Abril (2009)

Sentirse envejecer es doloroso, a nadie le gusta, pero todos queremos vivir muchos años. Es ley de vida nacer, crecer y envejecer.
Primero somos bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos, aunque esto último lo disfracemos con otros nombres.
Envejecer, me guste o no, es un hecho ineludible. Pero el problema no es juntar años, sino el sentirme viejo. El sentirse viejo siempre es una actitud del alma.
Cuando Juan XXIII fue nombrado Papa muchos dijeron: “eligieron un hombre viejo para salir del compromiso ya que sin Papa la Iglesia no puede estar. Lo nombraron porque había que elegir a alguien”.
Eso pensaron algunos. Pero se equivocaron y al pasar el tiempo descubrieron la gran sabiduría del Espíritu Santo. El “viejo” Juan XXIII resultó ser el Papa más joven de espíritu que la humanidad recuerde.
Él fue el alma del Concilio Vaticano II y cuando murió, no se murió un viejo, se murió un joven que tenía más de 80 años.
Saber que una persona envejece se constata con facilidad: canas, calvicie, artrosis, anteojos que cada vez tienen más aumento, arrugas. Ser viejo también puede constatarse con la pérdida del entusiasmo, la nostalgia de que los viejos tiempos fueron mejores.
Cuando se vive mirando para atrás es que se ha llegado a la vejez definitiva. No encontrar sentido a lo que todavía me falta por vivir es estar más muerto que vivo aunque goce de buena salud.
Ya soy viejo de alma, y es desde el alma, desde el espíritu, que se es joven para siempre aunque no pueda correr o jugar al fútbol. No aceptemos este tipo de muerte en vida.
La vida a toda edad fue creada por Dios para que todos la vivamos y la hagamos vivir, quizás de manera distinta según como están tus huesos, pero lo esencial que se necesita para morir joven es tener la cabeza joven, la cabeza con alguna ilusión, con algún deseo, aunque las piernas no acompañen.
A todos nos llegará la muerte física, pero qué importante es que te encuentres vivo y de pie, y dispuesto a volar como un águila. Para lograrlo el lema me lo está señalando: abrázate a los que te rodean, ama a los que te rodean y sigue sembrando aunque te canses.
Si al final de la vida, la vida te encuentra cansado por sembrar, será una bella manera de morirse, porque habrás muerto siendo joven.

Salvador Casadevall