Leer Entrelíneas

Si quieres la paz DEFIENDE LA VIDA

Abril (2012)

El Departamento Nacional de Pastoral Familiar e Infancia de la Conferencia Episcopal Venezolana está celebrando desde el mes de Marzo la tradicional
Semana de la Familia.
Este año, dicha campaña durará varias semanas con la finalidad de que muchas familias asuman el reto de ser generadores de vida y sembradores de paz en nuestro país.
A continuación copiamos parte del material que editaron. “La familia es el lugar privilegiado donde se acoge y da la plenitud de la vida a cada persona. No solo da la vida física, sino que se abre a la promesa y la alegría para que cada individuo crezca y se desarrolle como persona y aporte a la sociedad.
La familia es capaz de preservar y defender la vida, la historia de cada individuo, las tradiciones familiares, la fe en la vida y la esperanza de forjar un mundo mejor”.
“La familia es generadora de vida cuando pone en práctica los dones recibidos, cuando mantiene el ritmo de la vida cotidiana entre el trabajo, la fiesta y el descanso, entre el afecto y el amor, entre el compromiso y la generosidad, cuando supera los conflictos y viven en el perdón, cuando ataca el problema y no la persona, cuando transmite los valores humanos y cristianos... Este es el regalo que recibe la familia al ser generadora de vida”.
“Recordemos que la vida es un don precioso que Dios nos ha dado, por lo tanto es sagrada e inviolable. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar a un ser humano. Por ello, todo atentado contra la vida de una persona constituye una grave ofensa a Dios y a la dignidad de cada individuo.
(Cfr. Evangelio de la Vida N. 53) A la familia se le ha confiado el don de la vida. Es decir, Dios ha creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza por amor y los ha llamado al mismo tiempo a AMAR. Creándoles a su imagen y conservándolos, ha inscrito en cada uno de ellos: la vocación, la capacidad y la responsabilidad, del amor y de la comunión. Por lo tanto, el amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano. Por eso, Dios, creando al varón y a la mujer iguales en dignidad, pero diferentes sexualmente, ha querido que el hombre y la mujer al unirse por el amor y formar una sola carne a través de la donación conyugal (cfr. Génesis 1,27 - 28) sean generadores de vida y de amor para cada hijo e hija”
“Por ello, la vida humana ha de respetarse desde el primer instante de su aparición en el seno materno. Cuando se pretende atentar contra la vida naciente, el aborto se convierte en un asesinato contra un ser humano inocente y deja graves secuelas que marcan la vida de la mujer, del hombre y de la familia, víctimas de la pérdida de un hijo provocado por un aborto. Por eso, al ser la vida un regalo de Dios, dado a los hombres, hay que amarla, respetarla, protegerla, enriquecerla cada día, haciendo el bien y sembrando los valores de la cultura de la vida en nuestro alrededor: familia, escuela y comunidad”.
“Así como la vida se ha de respetar desde sus comienzos, también se le debe reconocer su dignidad en cada etapa y momento de la vida, en especial en sus momentos difíciles o finales. La eutanasia, aplicada a los enfermos o ancianos, es una salida falsa ante el sufrimiento. La violencia, los robos y los ajustes de cuentas donde se les quita la vida a las personas, es un atentado grave a la dignidad de la persona. Si la vida es un don, nadie nos la puede arrebatar”.
“Por eso, la familia es el primer lugar de vida que encuentra la persona al venir a este mundo y su experiencia en ella es decisiva para siempre. Por tal motivo es importante cuidar y proteger a la familia para que pueda cumplir con su misión específica que le es confiada al ser una comunidad de vida y amor conformada por personas: hombre – mujer (esposos), padres e hijos y parientes donde están llamados a promover, acoger y defender la vida, donde la dignidad de cada individuo sea respetada y valorada, donde no falte la vivienda, la alimentación, la salud, el empleo, el estudio, la seguridad, etc.”