Leer Entrelíneas

Fomentar la interioridad de nuestros hijos

Abril (2013)

Los niños actuales asumen jornadas análogas a las de los adultos. Ocho horas en la escuela más el tiempo que pasan metidos en el tráfico y en las actividades extra escolares. Aunque hagan tareas recreativas el cansancio es mucho y la necesidad de intimidad y silencio se hace notar ante tanto agite diario.

Podemos justificar esta realidad diciendo que no tenemos otra opción, que los padres trabajamos y tenemos que tener a los hijos ocupados en actividades. Muy bien. Entonces pensemos si es necesario que además participen en actividades que posiblemente deseen realizar pero que agreguen cansancio y estrés a una agenda cargada de obligaciones.
 
¿Cuál es el sentido de todo este activismo? ¿Acaso creemos que cuantas más habilidades aprendan siendo pequeños, más opciones tendrán en el mundo del mañana? Muchos padres creen que sí, que no hay tiempo que perder. Que el mundo laboral es complicado y que los niños deben aprender idiomas, deportes, música, etc., etc.

En parte es verdad que el futuro es incierto pero también es cierto que a pesar de nuestras buenas intenciones, cuanto más atosigamos a los niños en una vorágine de actividades y estrés más los dejamos desprovistos de sentido común, de contacto consigo mismos, de momentos de reflexión y de equilibrio entre sus búsquedas genuinas y los estímulos del entorno.

Si un niño no aprende a discernir entre lo necesario y lo superfluo, entre lo que le es afín y lo que no, entre lo que le nutre y lo que le intoxica no habrá conocimiento ni habilidad que valga la pena aprender.

En la educación de nuestros hijos hemos de plantearnos la búsqueda del necesario equilibrio entre la actividad y el tiempo para la reflexión ya que si rellenamos hasta el último minuto de tiempo de nuestros hijos con actividades de todo tipo, no podrán mantener el contacto consigo mismos, lo que tarde o temprano le traerá consecuencias para mantener un contacto sereno y apropiado con Dios y con aquellos quienes lo rodean.

Porque como afirmó el beato Juan Pablo II: “la falta de interioridad es el drama de nuestro tiempo”.

Itxaro Sorozabal*
Fuente: http://sontushijos.org
*Itxaro Sorozabal Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Navarra. Master en dirección de centros educativos por el Centro Universitario Villanueva. Postgrado en matrimonio y familia por la Universidad Internacional de Cataluña