Leer Entrelíneas

Liderazgo y autoliderazgo

Diciembre (2008)

A través de un relato titulado “Viaje al este” de un autor llamado Herman Hesse, se cuenta la historia de un viaje mítico de un grupo de personas en una búsqueda espiritual. El personaje central de la historia es Leo, que acompaña al grupo como siervo y lo sostiene con su espíritu bondadoso. Todo marcha bien hasta que un día desaparece Leo. El grupo se sume rápidamente en confusión, y el viaje es abandonado. Los viajeros descubren que nunca alcanzarán su meta sin el siervo, Leo. Después de muchos años de búsqueda, el narrador de la historia se tropieza con Leo e ingresa a una organización religiosa que había patrocinado el viaje original. Allí descubre que Leo, a quien había conocido anteriormente como siervo, era de hecho el jefe de dicha organización, su líder.
Esta historia muestra como la capacidad de ser líder va mucho más allá de una responsabilidad de dirigente. Es una función que exige compromiso con valores, capacidad de servicio desinteresado para promover y desarrollar a los otros, capacidad para guiar sin necesidad de ser el centro de atención de los demás. Es un modo de vida. Y como tal, hoy se es mucho más consciente en la idea de que el liderazgo es un proceso de “aprendizaje”, de cambio de actitudes, de desarrollo de competencias que pertenecen a dimensiones diversas relacionadas con las características del trabajo, la manera en que cada persona maneja sus relaciones con los demás, y la capacidad de autocrítica y autoconocimiento. Hoy, el liderazgo, más que una posición, es una “elección”, una forma de ser.
Vivimos en una sociedad mucho más compleja que la existente a principios del siglo XX. Hoy hay más empresas y organizaciones humanas en todas las áreas del conocimiento humano. La población y las ciudades han crecido, así como ha aumentado la capacidad de comunicarse globalmente, de interrelacionarse y lograr una mayor interdependencia.
Y en ese mundo cada vez más complejo de las organizaciones humanas, hace falta, no hay duda, más que un solo líder que las dirija efectivamente, muchos líderes trabajando en equipo y aportando soluciones.
Podemos hablar por tanto, de la necesidad de construir un “liderazgo personal”. Un liderazgo que parte de la persona humana. Un “autoliderazgo”. Algunos autores expresan que el autoliderazgo es la esencia del liderazgo, y que éste se basa en conocerse a sí mismo y entender que los líderes de un mundo cambiante necesitan hacer inventario de sus atributos personales, aceptando que tal autoliderazgo es la esencia de todo cambio individual, de equipo y organizacional. La base, por tanto, del liderazgo, es la autocrítica, la capacidad de autoevaluarse, aceptarse y superarse. Es la capacidad de aceptar y asumir las limitaciones y errores personales. Es la capacidad de entender cómo es y cómo reacciona uno mismo ante distintas circunstancias, tanto en lo personal como en lo profesional.
Otros especialistas nos han definido el liderazgo personal como la capacidad de guiar la propia vida según unos principios coherentes con una recta comprensión del mundo y de uno mismo, de modo que se consiga finalmente una vida lograda, es decir, una felicidad interior estable y profunda. Y esto exige en cada persona esfuerzo, lucha personal por mejorar, y constante formación y entrenamiento en hábitos y competencias. Sólo así se consigue el mejor “liderazgo personal” posible, y se es capaz de ser modelo para los demás. Sólo así podemos acercarnos a Leo, el protagonista del relato inicial, quien sirve a los demás sin buscar fama y sin importarle la posición en la que está, simplemente cumpliendo con su deber.

Alfredo Gorrochotegui Martell