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“AHORA LOS ENCABEZADOS SON MÁS PEQUEÑOS”

Diciembre (2011)

A continuación publicamos el ensayo escrito por una joven de Quinto Año del Colegio Caniguá, Caracas, que fue merecedor del Primer Premio en el “III Concurso Escolar Metropolitano por los Derechos Humanos”

Para muchos venezolanos, el día a día ha llegado a constituir el peor de los temores: salimos de nuestros hogares con miedo de no regresar debido a la inseguridad que impera en las calles. Se le ha rebajado importancia al derecho más importante, el derecho a la vida. ¿Acaso ya no somos seres racionales y conscientes, sino que ahora somos movidos tan sólo por el instinto de supervivencia? Y así lo confirmé en el Internet, al escribir en Google la siguiente frase: “Derecho a la Vida”. Como segundo resultado de búsqueda aparece: “El derecho a la vida es el más vulnerado en Venezuela”. ¿Cómo puede ser que en mi país sea violado de tal manera un derecho tan importante, un derecho que es la base de todos los demás? Mi padre me cuenta que cuando tenía mi edad, era poco común leer en la prensa sobre el asesinato de una persona y que cuando una desgracia como esta sucedía, por lo general la noticia era merecedora de la primera plana y de un gran encabezado. Ahora, los encabezados son más pequeños y no necesariamente están en primera plana, porque el asesinato de una persona en Venezuela actualmente, no es noticia.
Pero, ¿qué es asesinato? ¿Qué significa matar a una persona? “Quitarle la vida a alguien”. Ese es el significado que nos da el Diccionario de la Real Academia Española. Su antónimo es “revivir”, de la familia de palabras de “vida”, esta última viene acompañada de otras más en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, específicamente en el Artículo # 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. No sólo encuentro esta palabra aquí, sino también en leyes mucho más cercanas a mi, tal como lo es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual establece en el Título III De Los Deberes, Derechos Humanos y Garantías, Capítulo III De los Derechos Civiles, Artículo 43: “El derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni autoridad alguna aplicarla. (…)”. Poco a poco, la definición de “matar” se va completando, pero aun así siento como si le faltase algo, como si estuviese incompleta. Al buscar el Catecismo del Padre Fernando Castro que usaba cuando era más pequeña, de esos que lo explican todo de manera más sencilla, me tropiezo con la palabra “Matar” conjugada en tiempo futuro, segunda persona del singular, esta vez, viene acompañada de otra más pequeña: “No”.
“NO MATARÁS” es el quinto mandamiento de la Ley de Dios “nos manda a respetar la vida propia y la ajena, hasta en los más pequeños detalles. La vida humana hay que respetarla porque es sagrada, don de Dios. Toda la vida humana es amada por Dios porque está hecha a su imagen y semejanza”.
A todo esto, en el año 1999, tuvieron lugar más de 5.000 homicidios en Venezuela, cifra que se vio duplicada para el año 2003. Para el año 2009, se calcularon cerca de 19.000 asesinatos en territorio venezolano, cifra de homicidios que se pronostica para este año.
Según la revista Foreign Policy, Caracas es la ciudad que tiene el índice más alto de homicidios a nivel mundial, más que la ciudad de Baghdad en Irak y que Ciudad del Cabo, África.
Lo que no comprendo es, ¿cómo en mi país se atenta a un nivel tan elevado contra la vida de los seres humanos?, ¿cómo es que en mi país MATAN a tantos cuando existen leyes sagradas y humanas que velan por la vida de las personas?
Y, ¿a quién culpar? La mayoría de las personas le atribuirían los asesinatos a la ineficacia del gobierno, pero la verdad es que la sociedad venezolana se ha degradado y desvalorizado hasta llegar a los niveles más míseros de la calidad humana; ahora es común matar para obtener bienes materiales, como por ejemplo teléfonos celulares, dándoles un valor impensable, elevadísimo, el valor de una vida humana.
Tal vez quién tiene la culpa no es la pregunta correcta, sino cómo podemos solucionar y cambiar la realidad que estamos afrontando. Porque no es cuestión de plasmar palabras en un papel sino de hacerlas cumplir, ser cada uno de nosotros agentes de cambio, buscando un mejor país, una Venezuela en que los encabezados de asesinatos no sean en letra chiquita, sino en letra grande, porque la vida humana es un don de Dios y sólo Él nos la quita.

Isabel Virginia Alfonzo García