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“Ofrece el Perdón, Recibe la Paz”

Diciembre (2012)-Enero (2013)

“Un llamamiento a cada persona de buena voluntad
Quisiera concluir este Mensaje, que envío a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad con ocasión de la próxima Jornada Mundial de la Paz, con un llamamiento a cada uno para que se haga instrumento de paz y reconciliación.
Me dirijo en primer lugar a ustedes, mis hermanos Obispos y sacerdotes: sed espejo del amor misericordioso de Dios, no solamente en la comunidad eclesial, sino también en el ámbito de la sociedad civil, especialmente allí donde arrecian luchas nacionalistas o étnicas. A pesar de los eventuales sufrimientos que deben soportar, no dejen penetrar el odio en sus corazones, sino anunciad con alegría el Evangelio de Cristo, dispensando el perdón de Dios mediante el sacramento de la
Reconciliación.
A ustedes, padres y madres, primeros educadores de la fe de vuestros hijos, les pido que los ayuden a considerar a todos como hermanos y hermanas, saliendo al encuentro del prójimo sin prejuicios, con sentimientos de confianza y de acogida. Sean para sus hijos reflejo del amor y del perdón de Dios, haciendo todos los esfuerzos por construir una familia unida y solidaria. Y ustedes, educadores, llamados a enseñar a los jóvenes los auténticos valores de la vida acercándoles a la complejidad de la historia y de la cultura humana, ayúdenles a vivir a todos los niveles la virtud de la tolerancia, de la comprensión y del respeto, presentándoles como modelo a quienes han sido artífices de paz y de reconciliación.
Ustedes, jóvenes, que alimentáis en el corazón grandes aspiraciones, aprendan a vivir juntos unos con otros en paz, sin interponer barreras que les impidan compartir las riquezas de otras culturas y de otras tradiciones. Respondan a la violencia con acciones de paz, para construir un mundo reconciliado y rico en humanidad.
Ustedes, políticos, llamados a servir el bien común, no excluyan a nadie de vuestras preocupaciones, cuidando particularmente los sectores más débiles de la sociedad. No pongan en primer lugar el interés personal, cediendo a la seducción de la corrupción y, sobre todo, afronten también las situaciones más difíciles con las armas de la paz y de la reconciliación.
A quienes trabajan en el campo de los medios de comunicación social, les pido que consideren las grandes responsabilidades que su profesión comporta, y no ofrezcan jamás mensajes inspirados en el odio, la violencia y la mentira. Tengan siempre como objetivo la verdad y el bien de la persona, a cuyo servicio han de ponerse los poderosos medios de comunicación.
A todos ustedes, en fin, creyentes en Cristo, los invito a caminar fielmente por la senda del perdón y de la reconciliación, uniéndose a Él en la oración al Padre para que todos sean una sola cosa (cf. Jn 17, 21). Los exhorto también a acompañar esta incesante invocación de paz con gestos de fraternidad y de acogida recíproca. A cada persona de buena voluntad, deseosa de trabajar incansablemente para la edificación de la nueva civilización del amor, repito: ¡ofrece el perdón, recibe la paz
!