Leer Entrelíneas

¿Cómo pueden los padres y maestros ayudar en la formación de la inteligencia de sus hijos o alumnos?

Enero (2011)

La inteligencia humana como capacidad de captar la esencia de las cosas, constituye la ventana del espíritu. Ella es el auriga (chofer) de la personalidad. Podemos decir que la madurez de la inteligencia lleva necesariamente a la madurez humana, ya que el desarrollo de la inteligencia implica el desarrollo de sus cuatro principales funciones:
1º Analizar: descomponer con acierto un todo en sus partes. Analiza bien quien reconoce el lugar
al que pertenece una parte del todo. Por ejemplo al ver una película, se pone atención a los personajes, las acciones, los diálogos… por separado para llegar después a la conclusión.
2º Sintetizar: Recomponer lo analizado; decir con exactitud y concisión una idea que se encuentra expresada en muchas páginas. Sintetiza bien quien sabe formar un conjunto a partir de elementos
hallados en distintas fuentes y quien con agilidad sabe distinguir lo esencial de lo accidental y periférico.
3º Relacionar: Comparar, distinguir y unir los diversos aspectos de una realidad hasta formar en su mente un todo unitario.
4º Juzgar: es el culmen de la actividad del entendimiento. Juzga bien quien capta y valora con objetividad la verdad encerrada en mensajes, problemas, situaciones humanas, actividades; quien no se precipita en sus opiniones, quien no se contenta en pensar como la mayoría, quien supera los prejuicios personales, familiares, ambientales, culturales o sociales; quien busca la
verdad de las cosas por encima de su propio juicio.

Cualidades de la inteligencia

 Es importante formar en los alumnos las cualidades
que mejor definen una inteligencia rica y potente como
son:
• Capacidad de pensar con profundidad, de reflexionar para penetrar en la esencia de las cosas.
• Claridad, precisión y rigor lógico.
• Mente rápida, intuitiva y dinámica.
• Pensar con objetividad e independencia sin que los sentimientos y emociones influyan indebidamente sobre la capacidad de juicio.
• Cultivar la flexibilidad contraria a la rigidez y a la terquedad.
No podemos pretender que todas las personas tengan parecida capacidad intelectual, hay diversos grados y distintas características. Lo interesante es que cada quien alcance el máximo desarrollo de sus propias cualidades intelectuales y que la inteligencia se encause a la búsqueda de la verdad. Para ello debemos procurar una preparación sólida, profunda y selecta, que nos permita conocer adecuadamente las verdades de la fe y de la moral cristiana, los problemas del mundo y las corrientes culturales de la época. Además es necesario combatir la pereza y la mediocridad intelectual, que restan eficacia a nuestro trabajo y formación.
La inteligencia se mide por la consistencia de las ideas. Bajo este parámetro
podemos comparar al hombre con el barro y la roca.
• Los hombres débiles no tienen una estructura mental propia. Como el barro,
adquieren una forma esculpida por un agente exterior, se moldean bajo cualquier forma, quedan marcados por cualquier huella; se asemejan al recipiente donde lo depositan, sufren el desgaste de cualquier viento de la opinión, las circunstancias (tiempo, lugar, ambiente) pesan más que ellos mismos y se resignan a no tener voz, a ser apenas un eco. Los hombres de barro no deciden, son manipulados, son borregos.
• Los hombres fuertes son siempre iguales, son siempre ellos idénticos consigo mismos; no se dejan manipular. Ellos son los protagonistas de su propia biografía.
¿A qué tipo de persona perteneces tú?
¿A qué tipo de personas pertenecen tus hijos o tus alumnos?
¿Tienes un punto sólido y convicciones fundamentales?