Leer Entrelíneas

Herramientas prácticas para la formación de la inteligencia en los hijos y los alumnos

Enero (2011)

No se puede enseñar sino en gerundio, es decir, llevando a la persona a hacer por sí misma la experiencia. Debe aprender a pensar, pensando; a analizar, analizando, etc. Y nuestra tarea principal como formadores es ayudarles a reflexionar continuamente.
Sin embargo, la finalidad de la formación de la inteligencia, es que ésta se convierta en la facultad que guíe a la persona. Si analizamos el ambiente que nos rodea, sobre todo, el ambiente con que se tienen que enfrentar nuestros hijos o alumnos, nos damos cuenta que vivimos en un ambiente donde todo se capta mediante los sentidos. Así, lo que más llama la atención, lo que más agrada, lo que más gusta o satisface, lo que provoca cierto placer, lo que se antoja en el momento, etc., eso es lo que se elige. Por ello es importante enseñar al hijo o al alumno a que sea su razón, bien formada e iluminada por la fe, la que señale el camino a seguir siempre y no los sentimientos, los gustos o las pasiones.
Una acertada formación de la inteligencia no consiste sólo en la adquisición cuantitativa del saber, lo que podríamos llamar la acumulación de la información, sino, en el uso adecuado de la razón, en la penetración de la verdad buscada por encima de todo, en la capacidad de emitir juicios rectos y equilibrados sobre sí mismos, las demás personas, los acontecimientos de la historia de la sociedad y de la cultura.

La principal labor de formación de un padre o maestro será:
• Presentar a los hijos o alumnos criterios claros que iluminen su mente. Darle siempre razones, es decir, explicarles el porqué de las decisiones que como adultos tomamos, de tal manera que ellos las comprendan y las asimilen.
• Ayudarles y enseñarles a reflexionar e interiorizar para que estén atentos en lo que deben hacer cada momento y sepan el por qué deben hacerlo. El hábito de pensar en las causas y consecuencias de nuestros actos es un hábito que se ha perdido actualmente.
• Enseñarles a buscar la Verdad, que ellos sepan dar razones de sus actos y encontrar la verdad.

Algunos peligros o deformaciones en los que pudieran caer nuestros hijos o alumnos y debemos ayudar a que lo superen:

Afán de intelectualismo: Es la característica de las personas que prefieren convivir más con los libros que con sus semejantes. Hay que encausar ese sano deseo de adquirir conocimiento para que no caigan en el peligro de aislarse del mundo que les rodea, en una forma de aislamiento personal.
Racionalismo autosuficiente: Características de aquellos que buscan medir y valorar todo exclusivamente en función de sus razonamientos y conocimientos, mostrándose autosuficientes y apegados a su propio juicio.
Complejo cartesiano: Es la característica de las personas que dudan de todo. Viven en la incredulidad, la confusión y la desconfianza.
Pereza: Típico peligro en el adolescente. Es simplemente evitar todo esfuerzo que implique razonar.
Mediocridad intelectual: no poner esfuerzo al hacer las cosas.
Irreflexión: Creer todo aquello que se oye y se ve sin reflexionar en la objetividad de las cosas.
Imprudencia: actuar precipitadamente impulsado por la pasión o deseo de decir lo que se sabe o piensa sin considerar personas, circunstancias y momentos.
Negligencia: perder el tiempo, no ejecutar lo que se debe hacer en el momento. Algunos consejos prácticos que pueden ayudar a formar virtudes de la diligencia consisten, principalmente, en enseñarles desde pequeños a utilizar agenda, horarios, etc. Y que entiendan que su principal trabajo es estudiar.