Leer Entrelíneas

"Son motivo de vergüenza celulares sencillos; comparan a éstos con símbolos de estatus tradicionales"

Enero (2011)

El Mundo de España publicó recientemente una noticia cuyo titular era “El socialismo de los Blacberry en Venezuela” En dicho artículo se señala que en el año 2009 Venezuela duplicó las ventas de este producto en todo México y Brasil juntos. El sumario destaca que éste “teléfono de última generación, pensado para ejecutivos y abogados, se ha convertido en un objeto de culto en Venezuela, donde sus ventas sorprenden hasta a las operadoras de teléfono. Es frecuente ver estos aparatos en las mochilas escolares”.
Ante esta noticia publicamos a continuación un artículo del New York Times, merecedor de una discusión seria en las aulas y en los hogares de nuestro país: "Son motivo de vergüenza celulares
sencillos; comparan equipos con símbolos de estatus tradicionales".
El texto cuenta la experiencia de Chris Glionna, supervisor de restaurantes de una conocida compañía, con su viejo celular. Como el teléfono le daba el servicio necesario, no le preocupaba que estuviera fuera de moda. Pero sus colegas lo molestaban y se burlaban cuando extraía su "pisapapeles" del maletín. Llegó a sentirse tan avergonzado que hace un par de meses lo cambió por un Blackberry. En la pasada Feria del Libro el Dr. Alejandro Morton señaló: “la Crisis en el mundo se debe, entre otras cosas, a la inseguridad que las personas tienen en ellos mismos; su continua necesidad de comprar jamás será satisfecha porque esperan que la satisfacción personal venga de lo comprado, y jamás será así”.
El domingo pasado, la carta de un lector, Julián Villarreal, coincide con Morton: "... a nivel social no nos hemos dado cuenta de que ese impulso descontrolado por comprar es, en el fondo, la causa profunda de la crisis económica que ha cundido ya por todo el mundo, alimentada por un sistema
financiero insaciable que facilitó recursos para que compraran quienes no tenían con qué".
Pocas cosas da más tensión que tratar de mantenerse a la moda en ropa, calzado, accesorios, tecnología, viajes, comidas, restaurantes, casas, muebles, cirugías, autos y todo lo añadible.
En efecto, la presión social existe, pero debemos preguntarnos cuánto nos presiona y cuánto nos dejamos presionar. Porque es muy cómodo justificar nuestros excesos o actos absurdos transfiriendo la responsabilidad a la sociedad, en vez de asumirla nosotros en concreto.
¿Cuál es el problema deque se rían de nuestrocelular viejo? La risa es buena y si no les gusta el celular pueden bromear a costa de él y criticar el aparato, a su dueño o a ambos. El problema es de ellos, no del dueño del celular, a menos que éste lo acepte.
Cuando se estudia un guión cinematográfico se aprende a crear personajes creíbles, con personalidad, por medio de características que usamos para describirlos. Se puede describir a alguien ante quienes no lo conocen: "Es un señor medio gordito, de sonrisa muy agradable" o "Es una mujer bajita, de ojos azules y muy mandona". Malo es cuando esa característica se
transfiere a una de sus posesiones: "Ese tipo el del convertible rojo" o "La señora que usa puras bolsas de marca y tiene una casa enorme". Es decir, su personalidad no emana de lo imprescindible, sino de lo prescindible. Lo primero no se compra en ningún lado; lo segundo en cualquiera, si se tienen los medios para hacerlo.
Un amigo muy cercano es multimillonario, pero nosotros lo averiguamos por accidente tras años de conocerlo. Es sencillo, generoso, adaptable a todo y disfruta lo disfrutable. Jamás presume y nunca hace alarde de nada porque tiene muy claro qué cosas son importantes en su vida. Las trampas de la presión social siempre han estado ahí. Caen en ellas quienes no se conocen a sí mismos y tienen una escala de valores centrada en lo social y en su desarrollo han tenido carencias afectivas. Las eluden quienes sí se conocen y valoran lo esencial, no lo accesorio.
El vacío personal no lo llena ni los closets giratorios, ni los carros de lujo, ni las joyas exclusivas, ni los blackberries. La satisfacción de los consumidores insaciables no viene de poseer las cosas, sino de presumirlas ante los demás. Así que si a usted le gusta usar su celular viejo porque le sirve para lo que lo necesita, siga usándolo hasta que quiera, porque es necesario enseñar que hay personas que no necesitan símbolos materiales para demostrar lo que uno vale. Ese será un gran ejemplo para sus hijos y amigos.