Leer Entrelíneas

"Dale un trago para que aprenda"

Enero-Febrero (2008)

La mesa tiene tequeños, huevos de codorniz, una torta con 13 velitas y un bol repleto de una bebida color naranja. Los muchachos se aglutinan allí.
"¿Eso es caña?", pregunta un niño de 12 años de edad. Y viene el primer trago. "Ya están en bachillerato", justifica el padre del cumpleañero, "tienen que aprender".
Para muchos, éste puede ser el encuentro con su primera adicción. De eso sabe Carolina (nombre falso). Tiene 27 años de edad y salió del alcoholismo. Ahora quiere servir de ejemplo y espera cuando pierda el miedo ir a los liceos y contar su experiencia.
"Cuando estaba en segundo año de bachillerato, entré en un colegio nuevo. Mis compañeros eran mayores, ya salían y tomaban. Yo buscaba aceptación, no quería que creyeran que era una sometida de mi mamá. Recuerdo la primera vez, a los 13 años, en un club.
Me ofrecieron una cerveza, estaba como asustada porque pensaba que me podía rascar, pero me la tomé y, como no me hacía nada, seguí tomando más y más. Allí había adultos y no les importaba".
"Al principio, tomaba cerveza sólo para compartir y sentirme grande. A esa edad agarré mi primera
borrachera. Estaba deprimida, sola en mi casa. Me tomé tres cuartos de una botella de ron. Mi mamá me encontró inconsciente y me llevó a un hospital. Dos años después, a los 15, tenía un amigo en el edificio que tomaba mucho y nos servía alcohol a una compañera y a mí; empecé a medio emborracharme más a menudo y tenía cambios de conducta. Por lo general soy reservada; con el alcohol, me desinhibía. Era una forma de tener una personalidad que me gustaba más. Mi mamá no se daba cuenta, yo me cepillaba los dientes, me perfumaba, disimulaba la cosa".
"A los 17 años de edad yo tomaba todos los días, y si no tomaba, sentía que era un día no productivo. Conocí a otros amigos que fumaban marihuana y lo hice unas cuantas veces. Fui empeorando en las borracheras. Salir a tomar era salir a destruirme. Decía que iba a olvidarme de los problemas, pero yo los estaba magnificando. De las discotecas siempre me sacaban cargada, yo era el espectáculo de la noche; a la mañana siguiente no me acordaba de
nada. Por el alcohol tuve relaciones sexuales que nunca hubiera tenido estando sobria. En dos ocasiones creo que fui violada, pero me sentía tan culpable que no denuncié".
"Lo más duro fue en enero de 2006, rompí cosas, me metí en problemas, le caí a golpes a alguien. La última vez fue en el cumpleaños de un amigo, le eché a perder la fiesta. Supe que si no hacía algo, iba a terminar matando a alguien o que me mataran. Una amiga me recomendó una psicóloga y fui a terapia. He estado sobria desde ese momento, un año y ocho meses. No tomo nada y dejé de fumar porque para mí alcohol y cigarrillo estaban asociados. Al principio fue duro porque era desligarme de las rumbas, pero me dediqué a estudiar y trabajar.
Apareció mi actual novio, que me ha apoyado mucho, igual que mi mamá. La gente que me conocía no entiende. A veces les digo que estoy tomando un medicamento para que no me ofrezcan bebida. Normalmente, casi te obligan a beber porque en Venezuela todo festejo está asociado con el alcohol en grandes cantidades".

Salud en riesgo.
María Gabriela Bustos, psicóloga experta en adicciones, sostiene que muchos adultos no tienen idea de lo peligrosos que son los inicios precoces. "El primer paso del alcoholismo es asociar el licor con la recreación, creer que la bebida ayuda a mejorar algo. El adolescente empieza a usar el alcohol como muleta para todo, le da un valor psicológico. Cuanto más temprano se empieza, más vulnerable se es; a los 12 años el sistema nervioso es más frágil y el efecto del licor más intenso".
La Oficina Nacional Antidrogas, en su informe del año 2006, ubica como edad de inicio en el alcohol los 14,7 años. Pero Bustos y otros psicólogos tienen pacientes que comenzaron, en promedio, a los 12.
Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela refiere los 12,8 años como edad de inicio. El consumo es estimulado en fiestas y matinés a las que asisten preadolescentes.
Bustos considera que no es ninguna garantía que los padres estén presentes. "¿Qué les estamos transmitiendo al ofrecerles alcohol? Que para divertirse a la edad que tengas, tienes que beber, tienes que estimularte con sustancias externas. Es decir, ya se dio ese mensaje, entonces puede venir la marihuana o la cocaína".
Bustos asegura que hay que enseñar a los muchachos a manejar la presión grupal para beber. "Los padres no pueden enviar dobles mensajes: drogas duras no, pero licor sí". Ambos son drogas. Son ya demostrados los daños del alcohol en el sistema digestivo, neurológico y urinario, pero además se ha asociado con cáncer. Un reportaje publicado en febrero de 2007 por The New York Times, muestra los resultados de una investigación hecha en Estados Unidos entre 43.093 adultos, que refiere que "47% de las personas que comienzan a beber alcohol antes de los 14 años desarrolla una dependencia en algún momento de su vida, en comparación con 9% de aquellos que esperan hasta los 21 años".
Carolina concluye: "Muchos padres dicen que les dan licor a los adolescentes para que aprendan. Si tus propios padres te dan la apertura para tomar alcohol, ¿cómo vas a parar? Después, en su ausencia, te parecerá que en vez de un trago te puedes tomar la botella".

MIREYA TABUAS

El Nacional 21 de Octubre de 2007