Leer Entrelíneas

La Pornografía:
Epidemia que ataca a la dignidad humana

Enero-Febrero (2008)

Todos los días nos enfrentamos con retos que hacen peligrar el amor puro del cristiano. Durante algunos meses los representantes de la diócesis católica de Kansas City, San José, U.S.A han trabajado con líderes de otras tradiciones de fe para encarar el serio peligro de la pornografía que se encuentra en continuo aumento dentro de nuestra realidad cultural.
La pornografía no es nueva pero se ha convertido en una especie de plaga en nuestra sociedad alcanzando proporciones epidémicas. Y su comercialización es más amplia que nunca. Más allá de las revistas está siendo difundida en el Internet, la televisión, las películas y videos, y ahora también por medio de los celulares y otros medios portátiles que están al alcance de niños y jóvenes. La pornografía se ha convertido en un entretenimiento secreto de muchas personas, de todas las edades, de diferentes culturas y hasta de todos los niveles económicos. El uso de la pornografía en Internet es quizás la adicción que actualmente crece más rápidamente en el mundo entero.
La pornografía corrompe la hermosura del amor íntimo que pertenece al matrimonio, presenta imágenes de actos físicos y sexuales para provocar un placer ruin utilizando a otras personas como objeto para manipularlos y venderlos. Es una industria de muchos billones de dólares que eclipsa la cantidad de dinero generado por el deporte profesional. De esta manera la pornografía distorsiona el sentido y la meta verdadera de nuestra sexualidad e inflige grave injuria a la dignidad de los que participan (actores, vendedores, consumidores).
El uso de la pornografía es un pecado serio contra la castidad y la dignidad de la persona humana. Nos despoja de la gracia santificante, nos imposibilita atender a Dios, nos separa del bien de los demás y nos deja espiritualmente vacíos. El atractivo de la pornografía y sus placeres son un amor erróneo que lleva hacia un aislamiento personal cada vez más en aumento y a una estimulación sexual con uno mismo y los demás. Depende en el fondo de la explotación de personas que frecuentemente viven en pobreza o desesperación, o se trata de jóvenes inocentes. El uso de la pornografía les ha costado a muchas personas su trabajo, sus matrimonios y sus familias. Los traficantes de la pornografía infantil pueden terminar en la prisión. Muchas veces ha sido asociada con y ha contribuido a actos de violencia sexual y abusos.
Hacemos un llamado a todos: al clero, a los religiosos, y a los laicos creyentes de las diócesis, a todos los hombres de buena voluntad muy especialmente a los católicos como miembros de la Iglesia, del Cuerpo de Cristo redimidos por su amor, a reflexionar acerca de los peligros de la pornografía en nuestra sociedad.
La pornografía es una seria afrenta a nuestra realidad humana. En otros escritos que se publicarán daremos a conocer algunas de las estrategias para responder a este problema. Como miembros de una sociedad y de una cultura, consideramos fundamental unirnos en un esfuerzo común para combatir esta plaga, comprometiéndonos con nosotros mismos y con nuestras familias a vivir la pureza y la castidad. De esta manera viviremos más perfectamente como discípulos de Cristo creciendo cada día en la libertad de los hijos de Dios. "Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios".
Tener un corazón puro implica que nuestro amor está totalmente dirigido hacia el bien de la otra persona. Tenemos "un solo corazón" y no estamos divididos en nuestro amor. El primer y el más importante mandamiento de Israel es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (Deuteronomio 6, 4-5). Y de manera definitiva Jesús ha añadido que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12, 29-31). Este amor
puro -aunque sea muy exigente- es el alto destino al cual nos llama el Padre como hijos que somos.
¿Es posible cumplir con un amor así?
Sí, es posible porque Dios nos ha amado primero (1 Juan 4, 10). Como discípulos de Jesucristo hemos sido llamados a vivir una felicidad que surge de un corazón puro y sin divisiones.
Reflexión sacada de una carta pastoral, Monseñor Roberto W. Finn. Diócesis de Kansas City. San José, sobre la dignidad de la persona y los peligros de la Pornografía.


(21/02/07)
Psicóloga Morella Z. de De Zabala