Leer Entrelíneas

Abortar NO es dejar de ser madre

Enero-Febrero (2012)

La vida es sagrada y debe ser respetada siempre. La defensa de la vida desde el mismo momento de la concepción, no es una preocupación solamente de carácter religioso, que concierne a los católicos, sino de todos aquellos que conocen, respetan y luchan por el valor de la vida. Es una máxima universal.
Creo que nadie quisiera que le quiten la vida, aún con sus dificultades. Si alguien está en manos de otro a punto de ser asesinado, le invadirá el miedo, tratará de luchar y rogará por seguir viviendo; tenemos voz y fuerza tal vez para hacerlo. Lamentablemente esto es imposible para los más débiles, quienes no pueden defenderse ni decidir.
El aborto es un asesinato contra aquellos que apenas inician la vida, no es la “solución de un problema”, como muchos pueden pensar, sino una acción que trae consigo consecuencias nefastas especialmente a las mujeres que recurren a esta práctica, como la esterilidad, problemas psicológicos y hasta la muerte en muchos casos de aquellas que en su vientre llevaban una nueva vida.
La vida de un ser humano comienza en el momento de la fecundación, allí este nuevo ser recibe una dotación genética de sus padres, una dotación genética distinta que le dará una particularidad como persona, unas características que lo hacen nuevo y original. Debido a la pequeñez de ese nuevo ser que se está formando, se corre el riesgo de ignorar su valor y este no puede ser eliminado como quien se opera una apendicitis.
Científicamente es demostrable que el ser humano desde su concepción es una persona independiente. Tras una carrera que dura algunas horas, un espermatozoide fertiliza el óvulo directamente; inmediatamente se sella la membrana de la superficie para impedir la entrada de ningún otro espermatozoide y se completa la división cromosómica del óvulo, la célula resultante poseerá el número normal de cromosomas de la especie humana. Esa nueva célula llamada cigoto comienza a operar como un ser totalmente nuevo, distinto de su padre y de su madre. En los días y horas siguientes, las células aumentan de modo asombrosamente coordinado tanto en cantidad como en calidad, alcanzando formas biológicamente más complejas. El genoma del cigoto revela la pertenencia de ese individuo a la especie homo sapiens.
En la fecundación se consigue un nuevo patrimonio genético que va a determinar por completo desde ese momento y hasta el final de la vida toda la estructura biológica completa. Así pues la biología demuestra que ese embrión es un individuo de nuestra especie desde el momento de su concepción y si es individuo humano, cómo podría no ser persona humana. Desde la fecundación disfruta de una nueva vida, que no es la de su padre ni la de su madre, sino la de un nuevo ser humano que sólo necesita alimento y tiempo para convertirse en adulto. ¿Cómo llegaría a Ser humano si no lo hubiese sido desde el primer minuto de su concepción?, y si es humano, es tan persona como nosotros, pues comparte nuestra misma naturaleza, esa naturaleza que no se adquiere ni disminuye gradualmente, ni se pierde por enfermedad, accidente o discapacidad. Las capacidades físicas e intelectuales pertenecen a las personas, pero no son las personas, por eso se entiende que un niño con síndrome de Down es tan persona como un superdotado, ni más persona ni menos persona.
En la guerra contra el no nacido todo vale, algunos laboratorios han elaborado compuestos químicos que llevan la muerte al propio hogar de manera silenciosa, de la manera más sencilla como tomar una pastilla. De esta forma se pretende que la mujer no sienta tan viva la impresión de causar la muerte a su hijo. A menudo hay publicidades engañosas que encubren esta cruda realidad.
No solo eliminan un hijo, sino que se degrada la maternidad a nivel de una defecación, como el caso de la píldora del día después,
levonogestrel, que impide la implantación del óvulo fecundado, provocando la expulsión del embrión que ya es una persona que tiene vida, aunque tenga muy poco tiempo de vida, así como que si nada ha pasado.
El derecho a la vida es elemental, no se pueden “legitimar prácticas contra la vida, es un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral” (Evangelio de la Vida nº 4). Si se niega este derecho, se debilitan todo los demás y cualquier cosa será excusa para eliminar a cualquier persona humana, sea porque tiene una discapacidad, porque es anciano, porque es deforme, no le sirve al sistema financiero mundial y así surgirán excusas para eliminar a un ser humano que molesta, para “solucionar un problema”.
Es por ello que “entre los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso, es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento” (EV 58).
La crisis ética de nuestros tiempos se expresa hoy en la violencia contra la vida. A veces se cree que todo lo legal es moral, por eso, el positivismo jurídico y la falsa idea del relativismo moral llevan hacia una escalada de abuso de los derechos de quienes no pueden defenderse. Aunque la ley civil traicione la justicia y deje de amparar la vida no nacida, la Iglesia siempre será garante defensora del derecho a la vida.
El beato Juan Pablo II, no consentía de manera alguna este injustificable hecho “Quien niega la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona ya concebida aunque todavía no nacida, comete una grave violación del orden moral, nunca se puede legitimar la muerte de un inocente”. De igual forma la Madre Teresa de Calcuta nos daba una lección cuando afirmaba “Abortar no es dejar de ser madre. Es ser madre de un hijo muerto“. E invitaba a las madres que pasan por tan triste situación que les llevaran sus hijos no deseados, que ella los cuidaría. Seamos partícipes de una cultura de la vida, esta es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia.

Pbro. Lic. Pedro Pablo Aguilar
kefasar@hotmail.com