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¿Piensas Divorciarte? Lee Primero estas Líneas
¡El matrimonio y la familia valen la pena y por ello vale la pena hacer un gran esfuerzo por salvarlo!

Enero-Febrero (2012)

Una situación que debemos enfrentar cada vez más comúnmente es cuando llega una persona cercana a nosotros y nos comenta que su matrimonio se encuentra en serios problemas y por ello está considerando como opción –y “solución”– la separación, si no es que el divorcio. Un divorcio que era llamado sabiamente por el Papa Juan Pablo II “el cáncer de la sociedad” dado que va invadiendo, fragmentando y dando muerte a las células básicas de la sociedad, que son las familias. Un cáncer que a la vez va fragmentando a los miembros de cada familia afectada, quienes pasan por crisis internas que las más de las veces los dejan marcados de por vida.
Una tendencia común es que cuando alguien busca a una persona cercana y le comparte esta situación, esta última tiende a ofrecer su incondicional apoyo a lo que la persona decida: Si decide separarse, el apoyo es incondicional. Si decide divorciarse, el apoyo es total. No podemos negar que todas las personas siempre quieren ayudar a sus seres queridos. Pero este tipo de apoyo es inadecuado pues pretende siempre solapar de alguna manera la decisión equivocada que alguien tome. Y así, lejos de realmente apoyar y ayudar a que se corrija el problema, se contribuye a que este cáncer crezca invadiendo la familia de la persona que ha recurrido a nosotros para compartir su crisis familiar.
Probablemente en nuestras manos no está ayudar a superar este tipo de crisis de manera directa pues tal vez no seamos expertos en terapia familiar.
Mas no estamos solos y estas parejas en crisis, menos. Existen recursos que resultan infalibles cuando se aprovechan.
Algo que no debe pasarse por alto es hablar con un sacerdote. Él puede siempre orientar a las personas, de manera individual y también como pareja, a la luz de la fe, algo que resulta de crucial importancia pues es un sacramento lo que está en juego. Algunas personas en estos casos desvalorizan el consejo de los sacerdotes considerando que por ser hombres célibes, por más libros que hayan leído sobre el matrimonio no pueden en realidad comprenderlo al no haberlo vivido. Nada más falso. Un médico no necesita haberse enfermado de cáncer para poder curarlo. Además, es un hecho que si alguien está considerando el divorcio, no puede jactarse él mismo en lo absoluto de ser un experto en asuntos matrimoniales. Es mejor recurrir a un sacerdote.
Sin duda que uno de los medios más importantes, trascendentes y que ha traído enormes beneficios a miles de parejas que desde 1977 han podido salvar sus matrimonios, es Retrouvaille (www.retrouvaille.org). Un apostolado de origen canadiense que actualmente brinda apoyo a las parejas en varios países. Resulta notable enterarse que el matrimonio que actualmente preside Retrouvaille a nivel internacional, Frank y Julie Laboda, recientemente fueron nombrados por el Papa Benedicto XVI consultores para el Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede.
La peculiaridad de este matrimonio es que hace muchos años estuvieron ellos mismos al borde del divorcio. Frank fue infiel a su mujer. Reconoció su falta y trató de remediarla, pero como es típico en estos casos, los años subsecuentes fueron terribles para ambos. El remordimiento y el resentimiento no eran buenos puentes de comunicación y tras algunos años consideraron la separación definitiva. Retrouvaille salvó su matrimonio y hoy presiden ellos mismos este apostolado. Varios años después, el Papa en su sabiduría pastoral ha elegido como consultores del importante discaterio vaticano dedicado a la familia, no a un matrimonio de santos que siempre han sabido amarse, respetarse y serse fieles como se prometieron en el altar. Más bien, el Papa ha elegido a una pareja que de la infidelidad y la amargura y al borde del divorcio, encontró el puente a la salvación y que desde ahí ha dedicado su vida apostólica a ayudar a salvar muchísimos matrimonios. Y es que los Laboda cuentan con la contundencia del testimonio personal. A ellos nadie les puede decir que un matrimonio en crisis no tiene salvación, y mejor aún, conocen ellos la fórmula para lograrlo. El Papa también lo sabe, y por eso les ha dado tan importante cargo.
Retrouvaille es un apostolado católico, pero su labor ayuda también a parejas de otras denominaciones cristianas o de otras religiones. Además de los encuentros eminentemente católicos que cuentan con la presencia de un sacerdote y la celebración de la Santa Misa, hay encuentros dedicados a parejas que profesan una fe distinta. El proceso inicial consiste en un fin de semana al que la pareja asiste con otras que atraviesan situaciones similares.
No se trata de un retiro espiritual ni de un fin de semana de terapia en pareja, mucho menos de terapia de grupo. En este fin de semana se aprenden las técnicas de Retrouvaille de boca de parejas que han salvado su matrimonio empleándolas ellos mismos. Son técnicas para mejorar el diálogo en pareja, para profundizar en la comprensión recíproca, para perdonar y perdonarse y para mantener viva la llama del amor de una manera real y no idílica. Ciertamente que para las parejas que están al borde del divorcio, este fin de semana no es suficiente y por ello hay sesiones posteriores de seguimiento.
Es un hecho innegable que la pareja que hoy está en crisis, un día llegó al altar impulsada por un amor tan profundo que se desbordaba del corazón.
Un amor que ya no cabía en la persona y por ello necesitaba convertirse en donación. Un amor que brotó de una admiración recíproca, del placer de estar juntos, de saberse amados y del tener a quien amar. Un amor que se fraguó en noches de insomnio pensando en la persona amada; en tardes de silencio contemplativo uno al lado del otro, sin decirse nada; en ínfimos detalles de los que brotaban cosas bellas.
Quien ha pensado en el divorcio, debe hacer un alto y viajar al pasado. Revivir en su interior esas experiencias y recordar aquello que le hacía palpitar el corazón con frenesí. El redescubrimiento de la belleza del otro, de su bondad y de sus más puras cualidades es siempre un eficaz medio para comprender que efectivamente, por esa persona valió la pena jugarse la vida y caer de rodillas ante el altar de Dios para prometer amor, respeto y fidelidad por todos los días de la vida.
No permitamos que el divorcio invada más células familiares. Pongamos coto a su avance. El matrimonio y la familia valen la pena y por ello vale la pena hacer el último esfuerzo por salvarlo. Con la gracia de Dios y nuestra buena voluntad, además de los recursos mencionados en estas líneas, es posible hacer realidad el sueño del amor eterno.
Mauricio I. Pérez / http://semillasparalavida.wordpress.com