Leer Entrelíneas

10 claves para educar en el orden
La experiencia de una profesora de educación infantil

Enero-Febrero (2014)

DURANTE los primeros años de vida, las pequeñas rutinas que rodean a nuestros niños se irán convirtiendo, poco a poco, en una costumbre que ellos mismos desearán continuar el día de mañana.
Como en muchas otras facetas de la educación de nuestros hijos y alumnos, el mejor maestro será también el ejemplo: A esta edad será fundamental que los niños nos vean, desde mucho antes de que se lo exijamos.
1. Período sensitivo para el orden de 1 a 3 años: Durante esta edad los niños están más receptivos para trabajar este hábito y lo pueden aprender de manera natural. En esas edades es muy efectivo sentarse con ellos y enseñarlos a ordenar sus propios juguetes, de manera que para ellos sea un juego. Se puede acompañar esa acción con una canción.
2. Instinto guía del orden: Si el niño empieza a ser ordenado primero con sus juguetes, luego cuando sea mayor seguramente será una persona organizada en su trabajo y en su tiempo, con las ideas claras, capacidad de planificar y de saber lo que tiene que hacer en cada momento.
3. Imitar y repetir: ese es el fundamento del aprendizaje. Los niños se fijan mucho en nosotros y aprenden de lo que nos ven hacer. Hay que educar con el ejemplo. Si ven a papá y mamá que han dispuesto un sitio para cada cosa y ponen cada cosa en su sitio, ellos lo imitarán.
4. Jugar y emplear trucos: esto, como señalamos anteriormente, es esencial hasta los 6 años dado que los niños aprenden jugando.
5. Motivación y alabanza: educarles en positivo. Para ello, hay que estar más tiempo con disposiciones positivas ante el niño que negativas: reconociendo las acciones bien hechas, conociendo sus puntos fuertes, ayudándole en sus puntos débiles o en aquello que le suponga mayor dificultad.
6. Enseñar hábitos: son las bases de las virtudes. Para conseguirlo el niño tiene que repetir una acción (ejemplo: recoger los juguetes o sus zapatos) voluntariamente. Se puede jugar a realizar esa acción para motivarle el gusto por hacerla. No vale realizarlo solo un día. Hay que ser constantes.
7. Antes y después: enseñarles la diferencia entre el desorden de antes y la limpieza de después de ordenar. Toda persona se siente más cómoda en un ambiente ordenado, y eso ellos lo sienten desde pequeños.
8. No se arregla nada gritando: Se debe explicarle mediante la palabra, con mensajes claros y sencillos, la importancia de tener las cosas ordenadas.
9. No angustiarse ni obsesionarse con el orden porque esto puede traer una reacción de rechazo por parte de los hijos o demás miembros de la familia.
10. El mejor castigo es que lo ordene. Con ello conseguimos: reforzar su voluntad, batallar contra la pereza y su seguridad. Muchas veces para las madres es más rápido y más cómodo ordenar ella misma el desorden. Pero el aprendizaje se dará cuando se llame a los hijos y se supervise que ellos mismos pongan el orden donde desordenaron. Si eso se repite muchas veces se convierte en un hábito y lograremos que nuestros hijos sean responsables y ordenados.


Lorena Cifuentes
Diplomada en educación Infantil.