Leer Entrelíneas

Síndrome del “hijo perfecto”

Febrero (2011)

Entre las angustias y los síndromes del mundo moderno se encuentra el “síndrome del hijo perfecto”. ¿En qué consiste?

Si las familias del pasado acogían a cada hijo que llegaba un poco así, “a la buena”, a veces con una sonrisa y otras veces con una fuerte revisión de la economía familiar, hoy los esposos dicen cuándo, cuántos y, sobre todo, cómo han de llegar los hijos a casa.
Por eso resulta casi normal que el primer hijo llegue más bien tarde. Incluso más allá de lo que sería el momento mejor para la mujer. Diversos estudios hablan de que la concepción y el embarazo se desarrollan de manera óptima entre los 20 y los 30 años de vida (aprox.) La realidad es que son cada vez más las mujeres que tienen su primer hijo alrededor de los 30 años, si es que no más tarde.
Cuando llega la hora de pensar en el segundo hijo, después de varios años del nacimiento del primero... Es fácil comprender que muchos hijos no nacen simplemente porque el ritmo biológico de la mujer pone barreras cada vez más elevadas: la naturaleza no perdona, a pesar de todos los sueños de los padres.
Además, en muchos ambientes se ve el tener un tercer hijo como si fuese algo heroico. Las parejas que se casan jóvenes y superan en pocos años la barrera de los tres hijos (algo que era lo más normal del mundo en el pasado) son vistas de modo raro, si es que no reciben fuertes críticas de su entorno familiar y social.
Junto al retraso y la reducción de hijos, se da una tendencia generalizada a recibir sólo a  aquellos hijos que reúnan un nivel mínimo de “calidad”. Ya no resulta extraño el que se eliminen, casi sistemáticamente, los embriones y fetos con enfermedades como síndrome de Down, entre otras enfermedades. El famoso diagnóstico prenatal se ha convertido no en un instrumento que ayude a conocer la salud del hijo para curarlo, sino en un requisito para medir si el hijo va a ser aceptado o será eliminado con un aborto que se ha convertido casi en la rutina para estos casos sobre todo en los “países desarrollados”.
El síndrome del hijo perfecto no se detiene en eliminar a los hijos enfermos, sino que puede llegar (en algunos lugares ya está llegando) a la eliminación de los hijos que no reúnan las cualidades soñadas por los adultos. Aunque hay lugares en los que se prohíbe el aborto según el sexo de los hijos, no faltan otros lugares en los que tal aborto es permitido e, incluso, alentado por una cultura sumamente discriminatoria.
¿Cómo curar un síndrome tan extendido? Simplemente con la mentalidad opuesta, es decir, con esa mirada que ve a cada hijo como lo que es, lo más hermosa que puede ser acogido en el matrimonio, no según sus cualidades, ni según la oportunidad de su llegada, sino simplemente por ser eso: un hijo. Algo tan hermoso y tan bello que ha permitido el que nazcamos y vivamos millones de seres humanos. Seres que nacimos en un tiempo en el que el “síndrome del hijo
perfecto” era algo extraño; seres que, por eso, hemos llegado a comprender lo hermoso que es la vida, porque fuimos recibidos en el mundo de los vivos desde los cuidados de un padre y una madre que nos amaron así, como éramos, sin condiciones...

Bosco Aguirre
www.mujernueva.org