Leer Entrelíneas

Con el ombligo al aire

Junio (2009)

En mi navegación por Internet me llamó la atención una señora elegante y atractiva que pronunciaba la frase que titula este artículo. Me detuve un tanto sorprendido para averiguar de qué se trataba.
Era Marilú Lau de González, empresaria, especialista en moda femenina. Comenzó diciendo que desde siempre elhombre y la mujer han tenido que vestirse.
"No somos animales que nacen ya vestidos por la naturaleza para defenderse del clima. Dios nos hizo inteligentes para satisfacer nuestras necesidades según la cultura y las exigencias del ambiente".
Habló del pudor como hábito que protege la intimidad. La física y la espiritual: el cuerpo y las emociones. Nadie anda por allí contando lo que siente, lo que piensa, lo que anhela. Esa información está reservada a las personas de confianza.
Del mismo modo la mujer no puede ir por allí enseñando el cuerpo como si se tratase de una feria agropecuaria. Las vacas no tienen interioridad, no pueden ufanarse de su inteligencia porque no la tienen, ni de sus joyas interiores como el conocimiento y la cultura, porque no pueden adquirirlas.
La mujer sí. Y por supuesto, vale más su inteligencia que su cuerpo. Lo íntimo, -material o espiritual-, no se le enseña a cualquiera. Sólo al que tiene derecho: en la vida
conyugal, al marido. Y a nadie más.
Se refirió a la costumbre de las mujeres jóvenes que en vez de reservarse lo más íntimo que tienen, lo andan ofreciendo al mejor postor que, lo más probable es que "las utilice" y luego las deseche como material reciclable de segunda mano.
Los muchachos que quieren establecer una relación afectiva seria con una chica, las prefieren pudorosas, bonitas y elegantes. De la mujer fácil o se aprovechan o se alejan, porque no quieren chatarra; sobre todo, si están pensando en que será la madre de sus hijos.
Se refirió a la moda como una riqueza que hay que saber administrar. No dejársela imponer por quienes lo único que quieren es ganar dinero a costa de las chamas y de sus mamás.
Las animó a rebelarse ante esa esclavitud. A ser originales; a saber que la moda no sólo se refiere a lo largo o lo corto de la falda o la blusa. Hay otros factores como el color, el diseño, la textura de la tela y los accesorios que la acompañan, que enaltecen el cuerpo y le dan distinción.
El hombre y la mujer son distintos. La moda unisex ha dejado secuelas lamentables: el hombre afeminado y la mujer boxeadora o levanta pesas. En el hogar, la ternura de la mujer se complementa con la fortaleza del varón. Y los hijos necesitan distinguir lo uno de lo otro.

Oswaldo Pulgar Pérez