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Después de la beatificación… ¿qué viene?

Mayo-Junio (2011)

En la oficina de prensa del Vaticano conocimos al padre venezolano Pedro Pablo Aguilar López, incardinado en la diócesis de Valle de la Pascua (Edo. Guárico), quien se encuentra en Roma estudiando Comunicación Social Institucional en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Él estaba allí trabajando y muy gentilmente nos cedió el editorial que escribió al día siguiente de la beatificación para que los venezolanos pudieran disfrutar de la visión de este sacerdote diocesano que estuvo en este gran evento. El padre Pedro Pablo es además cantante, compositor, predicador a nivel internacional, concertista, etc.
A continuación el editorial:
La Iglesia Católica ha celebrado uno de los grandes acontecimientos de su historia, especialmente en este nuevo milenio, cuando el primero de mayo fue beatificado Juan Pablo II, ante más de un millón de personas reunidas en la Plaza de San Pedro, en la ciudad del Vaticano. Hombre de récords que van desde ser el tercer pontificado más largo de la historia de los papas, sus numerosos viajes pastorales por el mundo, escritos, y el gran número de beatos y santos que elevó a los altares, sin dejar de mencionar su gran relación con el desarrollo de los medios de comunicación, llevando a Cristo a través de estos.
Para algunos su beatificación sólo demanda publicidad y atención, una manera de la Iglesia de captar la mirada del mundo, un hecho propagandístico de su jerarquía; para otros, un momento especial y sublime, de crecimiento espiritual y de esperanza, que motiva en todos sus aspectos a vivir con entrega y autenticidad en medio de un mundo hedonista y relativista, los valores cristianos para alcanzar la santidad.
Después de vivir todos estos momentos de alegría, de celebración, gozo, exaltación, cualquier adjetivo calificativo que quisiéramos ponerle, muchos se preguntarán, ¿qué pasará ahora?, ¿qué viene después?, ¿qué sucederá una vez que ha sido realizado este gran acontecimiento mediático de la Iglesia?, ¿entrará en un silencio sin motivos o buscará la canonización inmediata del Beato Juan Pablo II para mantener la atención del mundo?
La Iglesia es animada bajo la acción del Espíritu Santo y, esta celebración es un regalo de Dios a la Iglesia, como tantos otros acontecimientos vividos a través de su historia y que no han dejado de tener importancia a pesar de los años o inclusive de los siglos. El Papa Benedicto XVI ha acertado al definir a Juan Pablo II como “un hombre dotado de una personalidad carismática con la fuerza de un gigante”.
El nuevo Beato siempre había ido a nosotros, en los diversos lugares donde estuvo; ahora nosotros teníamos una cita con él ese día en la Plaza San Pedro. Con cuanta razón el beato Juan Pablo II le respondía a aquél niño ante la pregunta de por qué él viajaba fuera de Roma, a lo que le respondió Juan Pablo II, “porque no todo el mundo está en Roma”, ahora se pudo comprobar que ha Roma ha venido gente de todo el mundo. Esta beatificación no ha sido una manifestación de autoestima organizada, como pronosticaban algunos, sino el ejemplo espontáneo de la simple presencia de los que aman a Cristo y a su Iglesia, especialmente la presencia juvenil.
La Iglesia ha mostrado una vez más su dimensión universal y su capacidad de convocatoria en contraste con la mezquindad de aquellos que desde sus ideologías trasnochadas buscan siempre desvalorizar todo lo que la Iglesia siempre ha hecho a favor de la humanidad.
La beatificación fue un hecho motivador a las nuevas generaciones para crecer arraigados en la fe, firmes en Cristo, teniendo siempre presente el mensaje de esperanza a ¡No tener Miedo!, este sigue vivo para enfrentar la convulsionada vida social, la tarea de proseguir ¡Mar adentro! en la evangelización y en el reto de la misión de la Iglesia en este momento histórico, así como la identidad del hombre y su trascendencia en Dios.

Pbro.Lic. Pedro Pablo Aguilar