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JUAN PABLO II, El PAPA DE LA MISERICORDIA

Mayo-Junio (2011)

Homilía en la Misa de acción de gracias por la beatificación del Santo Padre Juan Pablo II, 1 de mayo de 2011, +Jorge Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas

Amadísimos hermanos:
¡Bendigamos al Señor por su infinita misericordia!, manifestada particularmente, como nos enseña hoy San Pedro, en la Resurrección de  Cristo (Cf. 1 Pe. 1,3). Precisamente este domingo celebramos la octava de Pascua, que Juan Pablo II Magno quiso dedicar a la Misericordia del Señor. Cristo ha resucitado, manifestando así a la humanidad el destino que El quiere para todos nosotros: la resurrección, la vida eterna, la gloria, la paz, la salvación.
También bendecimos al Señor en este hermoso 1 de mayo, iluminado por la luz de Cristo resucitado, y por la beatificación de ese gran Papa, que consagró su vida a proclamar por el mundo entero que Cristo es el “Redentor del hombre”, el salvador de la humanidad de todos los enemigos de la felicidad humana: el pecado, la maldad, el demonio y la muerte.
¡Si! mis queridos hermanos: Con gran alegría estamos aquí, como Iglesia arquidiocesana de Caracas, para dar gracias a Dios por su misericordia infinita, de la cual está llena la tierra; para agradecer al Señor el inmenso amor manifestado a cada uno de nosotros en Cristo, enviado por el Padre celestial para darnos vida, y vida abundante. Y lo bendecimos de manera particular por habernos dado como guía y pastor de la Iglesia al Papa Juan Pablo II, a quien con propiedad podemos llamar el Papa de la divina Misericordia. No sólo porque él dedicó este domingo a la Misericordia de Dios, sino porque, con sus palabras y con su vida, se convirtió en un testigo de la misericordia del Señor a la humanidad.
Juan Pablo II modelo de virtudes
El mundo entero ha podido contemplar hoy la magnífica celebración de la exaltación del Papa de la misericordia a los altares. Con inmenso júbilo de los fieles, nuestro amado Papa Benedicto XVI lo ha proclamado Beato, es decir insigne hombre de Dios, modelo de virtud, de santidad. Porque eso es lo que significa la beatificación: Juan Pablo II es beato porque siguió a Cristo durante toda su vida con intensidad, con emoción, con viva fe y con ardiente e inmenso amor. Y porque lo siguió especialmente cargando con la cruz de la agresión asesina, del trabajo esforzado, del gozoso cumplimiento del deber cotidiano, y especialmente con la cruz de la enfermedad que lo golpeó durante los últimos años de su larga y esplendorosa existencia.
Fue un hombre de fe viva, la cual proclamó con sus palabras y con su testimonio. Fue un gigante del apostolado, para proclamar que Cristo es el Hijo eterno de Dios, nuestro divino salvador. En este sentido quisiera aquí recordar algunas palabras de nuestro amado Papa Benedicto XVI en la hermosa homilía pronunciada esta mañana en San Pedro:
“«Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: « ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17). ¿Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en «Pedro», la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: «Dichoso, tú, Simón» y «Dichosos los que crean sin haber visto». Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo”.
Embajador de Jesucristo
Y también nos transmitía hoy Benedicto XVI algunos pasajes del testamento espiritual del Beato Juan Pablo II sobre su entrega a proclamar la misericordia de Dios manifestada en Cristo: “Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado» decía Juan Pablo II.
¿Y cuál es esta causa? preguntó Benedicto XVI. Y a continuación respondió: “Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: «¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».
Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás”
Juan Pablo II en Venezuela
Juan Pablo II ha sido llamado el peregrino de la esperanza, el mensajero de la paz, nosotros los venezolanos lo recordamos también como el Papa amigo, por su cercanía, por su calor humano, por su arrolladora simpatía.
Dos veces estuvo el Papa entre nosotros: del 26 al 29 de  enero de 1985 y del 8 al 11 de febrero de 1996. En pocos días se encontró con gente de toda Venezuela: en Caracas, Maracaibo, Mérida, Ciudad Guayana y Guanare. Y con personas de todos los ambientes: obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas, seglares, trabajadores, empresarios, políticos. Y saludó con particular afecto a los presos del Retén de Catia, expresándoles su compasión, y abogando por la reforma del sistema carcelario. Porque a todos, con gran cariño, quiso comunicarnos la fe viva en Cristo que animaba su existencia. Y porque quiso invitar a todos los venezolanos a ir por el camino de la paz y de la felicidad, que es el cumplimiento de la palabra del Señor, de los 10 Mandamientos de la ley de Dios, de la justicia y la caridad.
Recordemos, como lo hizo esta mañana el Papa Benedicto XVI, su llamado insistente a todos los creyentes y más aún, al mundo entero, para que acojamos en nuestros corazones la palabra, la obra y la persona de Nuestro Señor Jesucristo: “No tengan miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo”. Pues bien: en nuestra patria, en su encuentro con los jóvenes el 11 de febrero de 1996, el Papa reiteró ese llamado, invitación que ahora, desde el cielo nos hace a todos: “¡Abrid las puertas de vuestro corazón a Cristo! Él nunca defrauda. Él es el Camino de la paz, la Verdad que nos hace libres y la Vida que nos colma de alegría. Ante el miedo al futuro, al compromiso, al fracaso…, Él es la roca firme... Frente a doctrinas falaces y destructivas del ser humano, Él es la luz que viene de lo alto... Ante la tentación de los ídolos del poder, del dinero y del placer, Él nos hace libres. ¡Jesús es el único Salvador y no hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos salvarnos!”…
Por eso, mis queridos hermanos, en nuestra Misión Continental Evangelizadora asumimos como lema la apremiante invitación del Papa: “Abre tu corazón a Cristo”. Si, queridos hermanos: Abramos nuestros corazones, nuestras familias, nuestras actividades sociales, económicas y políticas a Cristo Salvador.
En ese mismo discurso a los jóvenes insistió en la defensa de la vida. Nos decía el Papa “En esta época, amenazada por la cultura de la muerte, los jóvenes cristianos debéis ser testigos valientes de la dignidad de la persona, defensores de la vida humana en todas sus formas, y promotores incansables de sus derechos. Frente a una cultura de la muerte, y ante alienaciones como el narcotráfico, la violencia, la negligencia ante las necesidades de los niños abandonados, de los enfermos y de los ancianos, y particularmente antegestos destructivos como el aborto y la eutanasia, os invito a ser profetas de la vida, trabajando por la cultura de la vida…
En Venezuela el Papa amigo nos habló también de la santidad de la familia, de la necesidad de revitalizar los movimientos apostólicos, de la transformación de la sociedad a la luz de la doctrina social y la Iglesia en la línea de la caridad, y la solidaridad, la justicia y el bien común. Y ¡cuánto cariño conservaba Juan Pablo II por Venezuela! Lo manifestaba siempre que recibía a alguno de nosotros. Ese es un motivo más para nuestro afecto, gratitud y acción de gracias a Dios.
La Justicia y la Paz
Mis queridos hermanos:
Imposible aquí recordar aquí todas las actuaciones de ese gran Papa: recordemos solamente sus ejemplares gestos de misericordia, de reconciliación, de perdón, de búsqueda de la unión entre todos los seres humanos, de rechazo a la violencia y a toda forma de opresión de los seres humanos. Sin embargo, hoy 1º de mayo, día de los trabajadores, lo recordamos también por su “Encíclica Laboren Exercens”, sobre el trabajo humano, en la cual hizo una ardiente defensa de los derechos de los trabajadores. Recordemos también la encíclica “Sollicitudo Rei Socialis”, sobre los problemas sociales, en la que hizo un insistente llamado a la solidaridad y a la justicia, como base de la convivencia social. Lo recordamos por su obra a favor de los pobres, por su defensa de los más necesitados, por su trabajo incansable por la paz. Como los Papas anteriores se opuso siempre a la guerra, en especial a la guerra en Irak; para evitarla envió Cardenales emisarios a los Presidentes de los países en conflicto.
Conclusión:
Amadísimos hermanos
Al bendecir a Dios por el Papa de la misericordia, dirijamos nuestra mirada a María Santísima. Ella es madre de misericordia, a quien Juan Pablo II consagró toda su vida, como lo evidenció en su escudo episcopal y luego papal. Pidamos a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de Coromoto, que nos ayude a imitar las grandes virtudes de este nuevo beato, intercesor ante Dios. Pidámosle que por ser misericordiosos con nuestros hermanos, por trabajar porque los derechos de todos los niños, mujeres y hombres sean respetados, alcancemos también nosotros la gracia de la felicidad y la misericordia del Señor. Amén.