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Juan Pablo II “es un bálsamo para el mundo”

Mayo-Junio (2011)

Entrevista que nos concedió Mons. Fernando Castro Aguayo, quien acudió a la beatificación de Juan Pablo II en representación de la Arquidiócesis de Caracas.

¿Describa en pocas palabras el acto de beatificación que presenció en Roma el 1º de Mayo?
Fue un momento de gran gozo para los hombres de todo el mundo porque fue reconocida por la iglesia la santidad de Juan Pablo II. El amor y cercanía de Juan Pablo con todos -jóvenes, niños, familias, enfermos, presos, etc.- volvió a manifestarse en este acto de Beatificacion del 1º de mayo pasado: alegría, gozo y cercanía de Dios a través de Juan Pablo II.
¿Maneja alguna cifra de cuántos venezolanos se acercaron a la Plaza de San Pedro ese día?
No lo sé. Sin embargo hubo muchos que asistieron para agradecer a Juan Pablo II su intercesión. Matrimonios, familias enteras, grupos de amigos que se movilizaron. Otros venezolanos que viven en diversos países de Europa también se trasladaron a Roma. La movilización más importante se dio desde la misma Italia y Polonia. Para muchos fue un viaje de ida y vuelta a Roma para asistir al acto central. Se calcula que asistieron más de un millón de peregrinos a la beatificación de Juan Pablo II.
¿Qué significa para la Iglesia Católica que hayan beatificado a Juan Pablo II?
Significa reconocer el primado de la Verdad como única manera de ser libres. Recordemos que la integridad intelectual de Juan Pablo II, su amor a Jesucristo, Redentor del mundo, fue como el norte de su vida y su pontificado. "Abrir el corazón a Jesucristo", "No tengan miedo", y otras frases análogas, quedaron grabadas en el corazón de todos. Ellas nos hablan de la verdad y del amor, en contraposición de la mentira y el odio, ambos instalados en el mundo del Siglo XX con el marxismo.
¿Y qué significa para los venezolanos que un Papa que tuvo la cortesía de visitar nuestro país en dos ocasiones, haya sido beatificado?
No fue cortesía. El Papa como Padre y Vicario de Cristo recorrió muchas veces en su largo pontificado el mundo entero. Su presencia entre nosotros fue la presencia de Cristo, la presencia del Apóstol Pedro que vino a confirmar en la fe a nosotros los venezolanos. Esto hay que agradecerlo profundamente: un verdadero regalo de Dios. Es muy bueno releer los documentos y pensar que son enseñanzas muy actuales para la juventud, la familia, los constructores de la sociedad, las autoridades, los sacerdotes, etc.
¿Usted cree que Venezuela forma parte de ese continente de la esperanza, del que hablaba Juan Pablo II, para el mundo entero?
Por supuesto. Hay que ver a Venezuela como parte del continente de la esperanza. La herencia católica en nuestra vida es muy profunda. Hay que conocer y vivir mejor la vocación apostólica de cada cristiano, de cada uno, y saber que lo mejor  que podemos hacer por Venezuela es ser cristianos consecuentes: en el hogar, en el trabajo, en la actuación pública, fundando toda esta acción en la vida de los sacramentos: especialmente la Eucaristía y la Reconciliación o confesión. Y a la vez tratar de vivir la caridad generosa personal u organizadamente con nuestros hermanos mas necesitados.
¿Cuál es el reto que tenemos ahora los católicos venezolanos para que podamos construir un verdadero país de esperanza?
Juan Pablo II es un ejemplo de fe y esperanza. Polonia contó con muchos héroes cristianos que resistieron las ideologías del mal. Esas circunstancias fueron infinitamente peores a las nuestras. Cada uno de nosotros si ama a Cristo y a la Iglesia buscará cómo actuar con convicciones humanas y cristianas, con generosidad y optimismo. Juan Pablo a cada venezolano lo mira y lo alienta a construir una familia mejor, un país mejor. A huir del conformismo y la mediocridad; a buscar siempre lo mejor por amor a Cristo y a la Patria.
¿Cuál es para usted el mensaje más importante que Juan Pablo II dejó a lo largo de todo su pontificado?
"La verdad os hará libres", palabras del Señor que practicó y enseñó. Jesucristo es el camino siempre: su persona, su vida, su enseñanza. Esto lo vivió y lo transmitió con su testimonio y su enseñanza.
Por último, ¿Qué sintió usted en Roma en esos días de la beatificación? ¿Cómo siente a nuestra Santa Iglesia Católica?
En primer lugar un profundo agradecimiento al Papa Benedicto XVI. Con todo el rigor de estos procesos impulsó la beatificación de Juan Pablo II. Siento a nuestra Iglesia Católica llena de vida. Como un gran árbol que crece y da flores y frutos. Que da cobijo y paz a mucha gente.
La veo también como un gran faro de luz que guía y orienta a mucha gente.
La veo llena de fe y esperanza en Jesucristo que es quien la sostiene y la funda.
La veo llena de manifestaciones hermosísimas del Espíritu Santo a través de tantos dones y frutos de servicio y caridad.
La veo llamada a la Cruz en muchos lugares donde los cristianos son perseguidos.
Como ve Juan Pablo II es un bálsamo para un mundo lleno de guerras y de anhelos de dignidad y desarrollo.