Leer Entrelíneas

Las claves de la espiritualidad de Juan Pablo II

Mayo-Junio (2011)

El Papa puso por escrito los eslabones que configuraron su vida interior durante los 26 años de su pontificado. Éstas son algunas de las profundas y ricas reflexiones que el Santo Padre dio a conocer a la Iglesia Universal

Dios te ama
Quienquiera que seas tú, cualquiera que sea tu condición existencial, Dios te ama. Te ama totalmente. «Dios es amor». Por tanto, cada uno puede dirigirse a Él con la confianza de ser amado por Él. La mayor prueba del amor de Dios se manifiesta en el hecho de que nos ama en nuestra condición humana, con nuestras debilidades y nuestras necesidades. Ninguna otra razón puede explicar el misterio de la Cruz.
Gracias al amor y misericordia de Cristo, no hay pecado, por grande que sea, que no pueda ser perdonado, no hay pecador que pueda ser rechazado. Volved a encontrar el camino que lleva a Dios. No a un Dios cualquiera, sino al Dios que se ha manifestado Padre en el rostro amabilísimo de Jesús de Nazaret. Recordad ciertamente el abrazo tierno y afectuoso del Padre cuando vuelve a encontrar al hijo «pródigo». Dios ama primero. Si os dejáis encontrar por Él, vuestro corazón hallará la paz.
Jesucristo
El cristianismo, antes que una doctrina, es ante todo un acontecimiento, o más bien, una Persona: es Jesús de Nazaret. Es Él el corazón de la fe cristiana. Cristo es la respuesta adecuada y verdadera a todos los interrogantes y a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre.
Cristo da al hombre mucho más de lo que el hombre puede esperar y desear. Sólo Él nos revela el verdadero rostro de Dios y del hombre. Cada uno se encuentra con Cristo y con su mensaje liberador de una forma absolutamente íntima y personal. Yo os animo a ir hacia Él. Dejad que Él os hable. Entrad en diálogo con Él. Confiad en Cristo. Abridle vuestro corazón. Abrid vuestro corazón de par en par a Cristo. No tengáis miedo. Sed generosos. Quien da poco cosechará poco. El que da con generosidad recogerá una cosecha abundante.
Oración
¿Cómo reza el Papa? Os respondo: como todo cristiano, habla y escucha.
A veces, reza sin palabras, y es entonces cuando más escucha. Lo más importante es precisamente lo que oye. Trata también de unir la oración a sus obligaciones, a sus actividades, a su trabajo, y unir su trabajo a la oración. El hombre no puede vivir sin orar, lo mismo que no puede vivir sin respirar.
Sufrimiento
En el Evangelio es posible encontrar la respuesta satisfactoria a todos los interrogantes que agobian al hombre. Dejad que vuestro dolor, soportado por amor a Cristo, desarrolle en vosotros un corazón compasivo y misericordioso. Un sufrimiento soportado con paciencia se convierte en cierto modo en oración y en fuente fecunda de gracia.
Reconciliación
Permitid a Cristo que os encuentre. Que conozca todo de vosotros. ¡Qué os guíe! Y si a pesar de vuestro esfuerzo personal por seguir a Cristo alguna vez sois débiles no viviendo conforme a su ley de amor, ¡no os desaniméis! ¡Cristo os sigue esperando! Jesús es el Buen Pastor que carga la oveja perdida y la cuida.
Ser santos
La santidad no es algo reservado para almas escogidas; todos, sin excepción, estamos llamados a la santidad. La santidad consiste, primeramente, en vivir con convicción la realidad del amor de Dios, a pesar de las dificultades de la historia y de la propia vida. La Iglesia, más que de «reformadores» tiene necesidad de santos.
Eucaristía
Se ve nuestra unión con Jesús Eucaristía en si tratamos o no de estar reconciliados con nuestros enemigos, en si perdonamos a quienes nos hieren u ofenden. La oración máxima es la Santa Misa, porque en ella es el mismo Jesús, realmente presente, quien renueva el sacrificio de la cruz. La Eucaristía es, efectivamente, Jesús que permanece en medio de nosotros de forma verdadera y real, aún cuando ante nosotros aparezca bajo los signos sacramentales del pan y el vino. Éstos, es cierto, no nos permiten la alegría de su visión sensible, pero nos ofrecen la seguridad de su presencia real y la ventaja de poder estar presente en todos los lugares y en todos los tiempos.
La Eucaristía supone así el punto privilegiado del encuentro del amor de Cristo hacia nosotros.
Al comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el hombre lleva en sí mismo la semilla de la vida eterna.
Evangelizar
En un mundo que está secularizado, ¿quién ayudará a los que dudan y están tentados de indiferencia, sino los cristianos transparentes, felices de creer y valientes para manifestar su fe?
Sed valientes. El mundo tiene necesidad de testigos convencidos e intrépidos. No basta discutir, es necesario actuar.
Que vuestra coherencia se transforme en testimonio, y la primera forma de este compromiso sea la disponibilidad.
Como el buen samaritano, sentíos siempre disponibles a amar, a socorrer, a ayudar, en la familia, en el trabajo, en las diversiones, con los cercanos y con los alejados.
Por medio de la oración poseeréis a Cristo y podréis comunicarlo a los demás. Y ésta es la mayor contribución que podéis hacer en vuestra vida: comunicar a Cristo al mundo. Cualquier actividad apostólica que no se funda en la oración está condenada a la esterilidad.
Paz
La verdadera reconciliación entre hombres que están enfrentados y enemistados sólo es posible si se dejan reconciliar al mismo tiempo con
Dios. No seremos capaces de perdonar, si antes no nos hemos dejado perdonar por el Padre, reconociéndonos objetos de su misericordia.
Únicamente estaremos dispuestos a perdonar a los demás las faltas que cometen si somos capaces de tomar conciencia en algún momento de nuestra vida de la deuda enorme que se nos ha perdonado.
Felicidad
Caminad al encuentro de Cristo: sólo Él es la solución a todos vuestros problemas.
Amar a Dios sobre todas las cosas es, además, el secreto para conseguir la felicidad incluso ya en esta vida.
No busquéis la felicidad en el placer, en la posesión de bienes materiales, en el afán de dominio. Se es feliz por lo que se es, no por lo que se tiene: la felicidad está en el corazón, está en amar, está en darse por el bien de los demás sin esperar nada a cambio.
Tu hermano
El amor a Jesús se convierte en acogida al hermano. El testimonio de fe se transforma al mismo tiempo en testimonio de caridad. Dos virtudes inseparables, pues caminan por el único riel de las dos dimensiones: Dios y el hombre. Quien ama a Dios, ama al hombre. Traed con vosotros al pobre, al enfermo, al exiliado y al hambriento; traed a cuantos están fatigados o llevan una vida agobiante.
Virgen María
Dirigíos con frecuencia a María en vuestras oraciones, porque «jamás se oyó decir que ninguno de los que han acudido a su protección, implorado su socorro y pedido su intercesión haya sido desamparado de Ella».
¡Corazón Inmaculado de María, ayúdanos a vencer el mal que con tanta facilidad arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre nuestra época y parece cerrar los caminos del futuro!
Juzgados por el amor
La caridad debe ser el signo distintivo de los discípulos de Cristo.
Cuando se vive el amor, cuando se realiza el amor, cuando se hace vencer el amor en cada una de las circunstancias, entonces se hace ver a Dios. Esto no es sólo un programa abstracto, es un programa existencial. Es bueno que deis mucha importancia al testimonio, porque cada uno de estos testimonios lleva consigo la confirmación de este programa. Es bueno que el programa esté escrito más en los testimonios, en las experiencias vividas, que en el papel o en las teorías.
Amar es preocuparse de las otras personas, aceptarlas, salir del propio camino para ayudarlas, servirlas y animarlas. Compartir con los otros el mundo y las cosas buenas, como Dios las ha compartido con nosotros.
Amando a los demás descubriréis el sentido de la vida.
Para quien ha conocido y cree en el amor de Dios, lo único esencial es amar, tanto viviendo como muriendo. Y el sentido auténtico y pleno del vivir es dar la vida.
Lo que realmente importa en la vida es que somos amados por Cristo y que nosotros, en respuesta, le amamos. En comparación con el amor de Jesús, todo lo demás es secundario. Y sin el amor de Jesús todo es vano.
En este mundo tan atormentado por revoluciones, originadas por el odio y por la lucha, hace falta la revolución del amor; es necesario que esta revolución se muestre más fuerte. Esto es también el radicalismo del amor.
Para quien ha conocido y cree en el amor de Dios, lo único esencial es amar, tanto viviendo como muriendo. Ésta es también la plena verdad del hombre, una verdad que Cristo nos ha enseñado con Su vida. En el Reino de los cielos, la única jerarquía será la del amor.