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JUAN PABLO II Y LA ADVERSIDAD

Mayo-Junio (2011)

Entre muchos de sus legados, Juan Pablo II, enseña que vivir en medio de adversidades es posible si concientizamos que los problemas fueron hechos para resolverse y que no es necesario huir sino enfrentarlos porque de lo que se trata es de cambiar la perspectiva que le damos al problema.

Producto de una defensa de la vida a ultranza, cuando le dijeron a los esposos Wojtyla-Kaczorowska que debían abortar a ese nuevo niño, el tercero que iban a tener, nació Karol el 18 de mayo de 1910. Un matrimonio que aceptó el designio de Dios de permitir que esta madre saliera de nuevo embarazada y tuviera un hijo. Niño al que llamaron Karol. Niño que hace pensar en cuantos niños abortados han podido haber vivido y encontrado la solución a tantos problemas científicos, hacer tantos descubrimientos o encontrar soluciones por la paz, como lo hizo este niño a quien hoy conocemos como el muy querido Juan Pablo II.
Encomendado a la Virgen desde el primer momento de su nacimiento, quedó huérfano de madre, murió su hermano y cuando tenía dieciocho años murió su padre. Se quedó solo en el mundo, en un país en guerra. Fue obrero picando piedra y trabajador en una fábrica de químicos. Casi muere en un accidente donde un camión del ejército lo atropelló. Vivió y estudió en la clandestinidad. Pasó hambre, dificultades, vio cómo injustamente ponían preso y ejecutaban a muchos de sus amigos… vivió una vida llena de obstáculos y aún no pisaba los ventiún años.. Años más tarde, entre otras adversidades fue abaleado, casi muere y tuvo que vivir con las consecuencias que esto le produjo. Pero jamás los obstáculos ni las dificultades lo detuvieron en su empeño de superarse como persona, de crecer intelectualmente y de entregarse por completo al servicio de Dios y de los demás.
Durante ese tiempo y toda la vida tuvo una gran devoción a la Santísima Virgen, especialmente a la Virgen de Czestochowa, esa imagen que el pueblo polaco ha venerado y de la cual se ha nutrido desde hace siglos.
Crecido, vivido en la adversidad también murió en medio de la adversidad después de una larga enfermedad, una septicemia y un colapso cardiopulmonar irreversible. Agravado por su enfermedad de parkinson ya en los últimos momentos de su vida y en plena agonía le dictó a su secretario, Stanisław Dziwisz, una carta en la que decía: "Soy feliz, séanlo también ustedes. No quiero lágrimas. Recemos juntos con satisfacción. En la Virgen confío todo felizmente".
Entre muchos de sus legados, Juan Pablo II,  enseña que vivir en medio de adversidades es posible si concientizamos que los problemas fueron hechos para resolverse y que no es necesario huir, sino enfrentarlos porque de lo que se trata es de cambiar la perspectiva que le damos al problema.
Enseñó que el perdón es parte esencial para superar las adversidades como lo hizo con su agresor, y luego en varias oportunidades, incluso pidiendo perdón por hechos no cometidos por él sino por otros miembros de la Iglesia que él
tan dignamente representaba.
Juan Pablo II enseña que uno puede elegir quedarse desplomado pensando que el mundo se acabó, llorando desconsoladamente, esperando a ver si tus amigos o alguien te ayudan en ese momento difícil o tambien puedes elegir, como lo hizo él, poner toda tu confianza en la Santísima Virgen y sobretodo en Dios, buscando su sabiduria y las oportunidades para mostrar las virtudes y los talentos que Él le ha dado a cada persona. Alguien dijo: “La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubiesen permanecido durmiendo.” Juan Pablo II hizo de esto una realidad.
De este hombre, que tuvo proposiciones por parte de personas doctas para que no naciera, y tanto su madre como su padre, personas enamoradas de la vida y conscientes de la importancia de cada vida humana, aprendemos que la vida es un proceso y nunca nada grande se logra de inmediato, se requiere trabajo, tiempo, talento y tesoro, y mucha confianza en Dios y la Virgen.
Juan Pablo II, enseñó la importancia de vivir con esperanza, fe y esparciendo amor, aún en medio de las adversidades.

María García de Fleury