Leer Entrelíneas

El Nazareno y los venezolano

Marzo (2011)

Este mes de Marzo inicia la Cuaresma. “Polvo eres y en polvo te convertirás”: esa es la frase que nos marca la cruz en nuestra frente, cada Miércoles de Ceniza. Una frase dura, fuerte, que nos “batuquea”, que nos pega en el alma y en el corazón, porque sabemos con certeza absoluta que todos (desde el más humilde hasta el más poderoso) terminaremos convertidos en polvo. Porque esa es la única cosa segura que tenemos en la vida: la muerte.
Para quienes somos cristianos, gracias a Dios y a la Virgen, el tema de la muerte no se nos hace tan difícil porque nos han enseñado desde pequeños que la Verdadera Vida comienza después de la muerte y que lo importante es que luchemos duro, aquí en la tierra, para ganarnos el Cielo y para que ni de broma nos vayamos al Infierno.
Un momento maravilloso para reflexionar sobre este tema Número Uno de la Vida y de la Muerte es el tiempo de Cuaresma y me parece fabuloso que este año la Arquidiócesis de Caracas haya querido hacer un recorrido con la venerada imagen del Nazareno de San Pablo por distintas zonas de Caracas (Para leer de que se trata este Proyecto Cuaresmal 2011 pueden leer el Pregón de Cuaresma que está en la web www.arquidiocesisdecaracas.com).
Ahora, ustedes me preguntarán: ¿Y qué tiene que ver el título de este artículo con lo que hasta ahora he dicho?
Bueno sencillamente que esta Cuaresma es una oportunidad maravillosa para que cada uno de los católicos venezolanos podamos estar más cerca al Nazareno; y que cuando estemos frente a esa talla de madera tan perfecta detallemos, con los ojos del alma, cada uno de los rasgos de dolor de nuestro Señor Jesucristo, quien nos dice con la cruz a cuesta: “Para salvarte a ti tuve que sufrir este tormento”. Sí: “Para salvarme a Mí, no al mundo ni a los demás pecadores, sino a Mí que soy su hijo, y que también he pecado”.
Que cuando veamos los símbolos de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo que nos presenta el Nazareno le podamos decir: ¡Señor, aquí estoy para ayudarte a cargar la Cruz, cargando la mía y ayudando a los demás día a día, sin quejarme!, ¡Señor, yo también quiero beber el cáliz que tú bebiste y aprender a vivir para los demás! , ¡Señor, que mi corona de espinas de cada día, que no es ni comparación con la que tú llevaste, la sepa llevar con alegría y esperanza! , ¡Señor, que el látigo con el que fuiste vilmente azotado me enseñe cómo puedo ofrecer mis dolores y contrariedades del día a día por la remisión de los pecadores y por la Paz en mi amada Patria!, ¡Señor, que esos tres clavos que te clavaron tan salvajemente en la cruz los tenga presentes, en  mi mente y en mi corazón, cada vez que tenga la tentación de ofenderte!, ¡Dios mío, que la lanza que traspasó tu costado me enseñe que lo más horrible en el mundo es la violencia y el odio, y que su imagen me ayude a convertirme en un defensor a ultranza de la vida, de la paz y la concordia entre todos mis hermanos venezolanos! ¡Y que ese hisopo con el que te dieron vinagre me enseñe que yo vine a esta tierra a servir y no a ser servido, tal como Tú nos enseñaste!
Estas son sólo algunas preguntas que nos podemos hacer frente al Nazareno para poder examinarnos mejor en esta Cuaresma y luego poder hacer una maravillosa Confesión. Así estaremos preparados por si nos llaman antes de tiempo para el viaje definitivo.
Pero la cosa no termina ahí. Ahí la cosa apenas comienza, porque como dice el
Pregón de Cuaresma de la Arquidiócesis de Caracas: “Estamos llamados a ser discípulos misioneros de Jesús para comunicar su vida a nuestro pueblo.
Ser sus discípulos implica seguirlo, vivir en comunión con Él, imitar su ejemplo, dar testimonio de vida cristiana, y proclamar con valentía su mensaje. La respuesta personal a esta llamada de Jesucristo y de su Iglesia es determinante para mejorar la vida familiar y para crecer en armonía social. A los católicos practicantes les invitamos: ¡incorpórense a la Misión Continental Evangelizadora! Dios nos da a todos la oportunidad de participar en la proclamación de nuestra fe, que es un tesoro que debemos compartir con los demás. Jesús resucitado nos envía: "Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos" (Mt 28, 19-20).
Ojalá que Dios, a través de esta imagen de El Nazareno, nos pueda decir esta Cuaresma muchas cosas al corazón que nos remuevan, y que nos hagan mover rápido a seguir el llamado de Nuestro Señor Jesucristo para ser sus discípulos misioneros. Porque Él nos necesita, a cada uno de nosotros, para llevar a cabo su plan de salvación. No lo defraudemos. ¡Comportémonos como ejemplares hijos de Dios, VENEZOLANOS, que somos!

María Denisse Fanianos de Capriles