Leer Entrelíneas

¿Qué podemos Hacer?

Marzo (2011)

La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan. Hay que dedicarles tiempo para poder enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles desde pequeños al retraso de las gratificaciones, a la espera, a que sepan ejercitar la paciencia con ellos mismos y con los demás (y para eso los padres deben dar el primer ejemplo). No hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, de esa manera también aprenderán a poner sus propias soluciones ante los problemas.
Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia. En pocas palabras, conversar con ellos sobre cuáles serán las consecuencias si no obedece (no usarás la computadora, no te llevo al parque, etc).
Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad del otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar. Y si desde pequeños los acostumbramos a que la vida no gira alrededor de sus gustos y necesidades para el niño o joven será mucho más fácil ceder a sus intereses por el otro (ya sea padres o hermanos).
Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, mlos niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás. Lo más recomendable es que desde pequeños, cuando les den sus pataletas, no les prestemos atención ni nos alteremos; con toda serenidad nos sentamos frente a ellos y les explicamos en voz baja y con mucho cariño que así no van a lograr conseguir lo que quieren, que se calmen y luego conversamos. Ya verán los excelentes resultados.
Mostrarse seguros y practicar y enseñar las virtudes: “la  respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar lo que hacen sus padres y el estado emocional de ellos y según esto, actuarán con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer. Fortaleza, Serenidad, Ternura, Firmeza, Paciencia, entre otras, son virtudes que nos ayudarán maravillosamente en la increíble tarea de educarnos primero a nosotros mismos y después a nuestros hijos.
Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo serán su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.

Carlota Falcó Vich
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