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¿Sexo seguro?

Marzo (2012)

Las infecciones de transmisión sexual son ampliamente conocidas, sin embargo le mienten a nuestros jóvenes diciéndoles que el preservativo les protegerá de todo. Eso es una gigantesca falsedad ya que los microporos del látex son mucho más grandes que el virus de inmuno deficiencia Humana (VIH) y otros virus, este es un hecho científicamente verificado. También les inducen al sexo irresponsable vendiéndoles contraceptivos nocivos para su salud (en muchos casos con efecto abortivo), haciéndoles creer que con tal que no haya embarazo todo estará bien, entonces los adolescentes y adultos jóvenes se entregan a la práctica sexual desordenada despreocupados de un posible embarazo, olvidando que nada los protegerá de los verdaderos peligros (daño físico, psicológico y espiritual).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja la abstinencia sexual y la fidelidad a la propia pareja como las únicas medidas de prevención 100% eficaces frente al avance de las infecciones de transmisión sexual (ITS) en el mundo. Los países que han concentrado sus esfuerzos sólo en promover el uso del preservativo no han logrado disminuir las ITS, por el contrario han visto un acelerado incremento en el número de casos nuevos, así como de embarazos en adolescentes y abortos. En cambio, aquellos países que han implementado la estrategia ABC de prevención (por sus siglas en inglés de: Abstinence, Be faithful, Condom) recomendada por la OMS y otras agencias de salud, han logrado disminuir de manera importante los casos de ITS y de embarazo en adolescentes.
Y es que contrariamente a lo que muchos jóvenes piensan, no hace falta ser prostituta o pervertido para convertirse en víctima del fenómeno de la promiscuidad sexual y sus graves consecuencias. Existe un ejercicio matemático muy sencillo, que cualquiera puede reproducir en su casa, se trata del modelo de la pirámide financiera; la persona ubicada en el tope de la pirámide recibe los beneficios económicos de todos los miembros de su red. Este efecto puede aplicarse también a las infecciones contraídas por tener relaciones sexuales riesgosas.
Sólo hace falta papel y lápiz, veamos un ejemplo: Pensemos en una jovencita X que aún no se ha casado, pero ya ha mantenido relaciones sexuales con dos novios diferentes. Supongamos que cada uno de esos dos novios tuvo relaciones sexuales con dos mujeres además de X, y esas dos mujeres, a su vez, lo hicieron también con dos novios, respectivamente, y así sucesivamente. Seguramente X depositó una gran confianza en sus dos novios, pero ella ignora el pasado sexual de las anteriores parejas de sus dos novios. Tal vez X no pueda ser etiquetada de entrada como una persona “promiscua”, en realidad, sólo tuvo intimidad sexual con dos personas, pero sin saberlo, pasó a formar parte de una pirámide de promiscuidad: En apenas 6 escalones se ha creado un grupo de 126 participantes… desgraciadamente, todos sabemos que en general nuestros jóvenes mantienen relaciones sexuales con mucho más de dos personas antes de casarse.
Otro ejemplo: Un joven que tuvo relaciones con tres mujeres, quienes a su vez se relacionaron con tres personas, quienes a su vez tuvieron relaciones sexuales con otras tres, y así sucesivamente hasta llegar al décimo nivel, pertenece a un grupo de 88.574 participantes: Esto es escalofriante… y este ejemplo matemático es apenas una tímida representación de lo que tristemente sucede en la realidad, pues si alguien dentro del grupo hipotético no se ha relacionado con tres personas, sino con diez o con veinte, con una prostituta o un drogadicto, los números y los riesgos se incrementan muchísimo más. He aquí la explicación de las epidemias mundiales de VIH, VPH, gonorrea, sífilis, herpes genital, chlamydia, Ureaplasma, linfogranuloma venéreo, etc.
La sexualidad mal encausada siempre constituye una agresión contra la naturaleza humana, independientemente de las consideraciones psicológicas, éticas o religiosas, casi siempre deja huella en los cuerpos (muchos casos de infertilidad masculina y femenina se deben a infecciones de transmisión sexual sufridas en el pasado), pues como reza el refrán: “Dios perdona siempre, los hombres a veces, la naturaleza nunca”.

Por el contrario dos jóvenes esposos que se han guardado para el matrimonio y se mantienen fieles, no están expuestos a estos riesgos, ni nunca lo estarán, se pertenecen el uno al otro y a nadie más. Saber esperar salva vidas, en todo sentido, porque incluso, si en el mejor de los casos no se ha adquirido ninguna infección jamás (cosa estadísticamente improbable) los jóvenes que pervierten su sexualidad y se hacen promiscuos, sufren heridas emocionales muy profundas y difíciles de sanar, pues el ser humano está hecho para amar, y “No hay condones para el Corazón”.

Dra. Iveth Mavárez de Tarantino / Especialista en Fertilidad Humana cursonoviembrefaf@gmail.com