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¿Qué tipo de mujer esposa-madre-trabajadora eres tu?

Marzo-Abril (2014)

En esto de la mujer-esposa-madre-trabajadora (dentro o/y fuera de casa) no es todo blanco o negro; hay un sinfín de matices grises, tantos como mujeres y circunstancias. Ya lo decía Ortega y Gasset en aquella famosa expresión: «Yo soy yo y mi circunstancia (familiar, culturar, empleo, vivienda, movilidad geográfica, habilidades intelectuales, momento histórico, ambiente, cualidades, defectos…), y si no la salvo a ella no me salvo yo».
De ahí que no podemos, me parecería una osadía por nuestra parte, comparar a una con otra, juzgar, y mucho menos, imponer nuestro criterio sin tener el corazón y la mente abierta. Puesto que muchas veces las cosas no son como las percibimos.
En estos tiempos el modelo de mujer-esposa-madre- trabajadora ha cambiado. Es más, podríamos decir que ha supuesto una verdadera revolución que reclama cambios estructurales en las instituciones políticas, económicas, culturales y sociales. Nieves García en su libro Revolución silenciosa: mujer y trabajo señala que: “La sociedad está hecha por seres humanos que nacen, se educan y aprenden el arte de la humanidad, del trabajo y de fraternidad, en la familia natural, formada por un hombre y una mujer que se esfuerzan por amarse y tienen a sus hijos como prioridad en sus vidas. Por ello esta revolución dejará en pie a las sociedades que legislen primando el valor del ser humano, especialmente de aquellos más necesitados; que promuevan y apoyen la familia natural donde los padres puedan libremente y sin angustias económicas, elegir el número de
hijos, y ofrecerles el cuidado que necesita su educación; la sociedad que vuelva a valorar la maternidad femenina como uno de los hechos que más realiza a la mujer, como nunca lo hará la adquisición de un bien económico”.
En lugar de preguntar: “¿Cómo encaja la maternidad en mi vida?” debemos animar a nuestras hijas a preguntar: “¿Cómo ajustar mi vida a la maternidad? Aspirar a tener una familia es un objetivo que debe ser exaltado, no censurado.
Y para ello, todos, mujeres y hombres, tenemos un gran desafío por delante: un análisis profundo de lo que significa ser mujer (la grandeza de la dignidad y su maternidad), y como no, su aportación indiscutible en el ámbito familiar, laboral y social. Una mujer como igual pero diferente, distinta pero complementaria al hombre. Una mujer que se sabe portadora de un privilegio – su maternidad- del que la humanidad sale beneficiada, y por ello, le corresponde unos derechos: el derecho de tener el apoyo de la sociedad, el derecho a la no interferencia en la vida reproductiva, el derecho a una vida laboral sin discriminaciones, y el derecho a educar a los propios hijos.
Dicho esto, lo que de verdad necesitamos son soluciones que se adapten a las necesidades reales. Las mujeres no debemos demostrarnos nada a nosotros mismas. Las mujeres han trabajado, trabajan y trabajarán SIEMPRE dentro o fuera de casa. Por lo tanto, todos debemos reivindicar- con orgullo y por justicia-, condiciones políticas, económicas, legislativas y administrativas que reconozcan la maternidad, protejan a la familia, y flexibilicen las condiciones de trabajo para las mujeres, no solo para humanizar el mundo laboral, sino para compatibilizar el papel de madre y de trabajadora.
En la actualidad, son muchas las mujeres que quieren compaginar su trabajo fuera de casa con la maternidad sin tener que renunciar a ser madres. Y también son muchas las que se ven obligadas a decidir entre su vida laboral o familiar, puesto que las necesidades económicas, el miedo a perder su empleo, o a no encontrarlo; y por supuesto, los horarios inhumanos que hoy vivimos, hacen difícil, muy difícil, encontrar un equilibrio adecuado para la dedicación de la mujer al trabajo y a la familia.
De lo que se trata, sencillamente, es que todos queremos ser mejores de lo que somos y trabajar mejor de lo que lo hacemos y, además, que la gente que nos rodea reconozca nuestra valía humana y profesional. No podemos ignorar que cuando elegimos amar el trabajo que desempeñamos, todos los días podemos alcanzar el máximo de felicidad, sentido y satisfacción. El maravilloso trabajo de la mujer-esposa-madre-trabajadora (dentro o/y fuera de casa) no tendría sentido sin fundamentarse en esta sencilla y a la vez, tan difícil regla: Poner el corazón en lo que hacemos, pensando en los beneficios que nuestra actitud aporta a los demás.
Las mujeres SIEMPRE han sido “mujeres-esposas- madres-trabajadoras” a tiempo completo. Nadie puede dudar que, la gran mayoría de ellas han ejercido, durante 24 horas al día, 365 días al año de enfermeras, psiquiatras, profesoras, gerentes, administradoras, secretarias, psicólogas, negociadoras, cocineras, limpiadoras,… sin haber recibido por ello reconocimiento social ni económico alguno.

Remedios Falaguera