Leer Entrelíneas

Volver a la cultura del esfuerzo

Mayo (2010)

El “aprenda sin esfuerzo” es una fantasía. Hay que volver a poner de moda la cultura del esfuerzo y defenderlo como un contenido de la actitud específico. Todo esto se refleja en nuestra forma de vida, y en especial en la educación, donde se han sustituido los modelos basados en el esfuerzo por otros basados en la motivación y la relajación.
Hay quienes opinan que este modelo educativo aplicado en muchos países desarrollados es el origen del descenso de la calidad de la educación de las nuevas generaciones. Yo entiendo que es necesario retomar la cultura del esfuerzo. El esfuerzo debe jugar un papel fundamental en la educación, en la escuela y en la familia.
Además y sobre todo, en períodos como la adolescencia, momento vital crucial en el que los estudiantes están conformando su personalidad y aspiraciones, necesitan también ciertos referentes sociales.
Lamentablemente muchos alumnos se forman en la cultura del mínimo esfuerzo desde los primeros años de su escolaridad. Claro que no sólo es responsabilidad del sistema educativo sino también de la familia que contribuye a ello. El primero de esos obstáculos que se pueden poner en la familia es el paternalismo, el ´ya te lo haré yo´ que los padres solemos exclamar cuando nos domina la impaciencia. Ese paternalismo entra en una evidente contradicción: "queremos que se esfuercen, pero les resolvemos los problemas. Vemos que se esfuerzan y no consiguen su objetivo, así que se lo hacemos nosotros". Así se podrán generar situaciones complacientes al permitir que los alumnos de Bachillerato puedan pasar con cuatro materias suspendidas: "He pasado, soy universitario, se dirá más tarde, orgulloso de sí mismo. Pero, eso sí, no sabrá escribir correctamente".
Efectivamente, los datos que arroja nuestro sistema educativo nos hacen concluir sin lugar a dudas que nuestros educandos han de dar mucho más de sí. Lo más grave es que pese a que el nivel de exigencia no ha sido elevado – más bien al contrario- lo cierto es que los índices de fracaso escolar y abandono prematuro siguen altos. Estando los colegios mejor dotados de medios que nunca y habiendo bastantes menos alumnos por aula, parece claro que una de las causas del fracaso es el esfuerzo insuficiente. Esto de la necesidad del esfuerzo tiene que ver también con la actitud que adoptamos ante la realidad; creo que lo que intentemos enseñar tiene que tener que ver con la realidad, y como ya lo dijo Gramsci "para ello primero nos tiene que doler el cuerpo" de tanto estudiar para luego poder comprender por qué nos pasa lo que nos pasa... y ello requiere esfuerzo, de ahí la necesidad de inculcar en nuestros jóvenes la cultura del esfuerzo.
Y en este aspecto –como en tantos otros- somos las familias –como primeras y principales responsables de la educación de nuestros hijos- quienes hemos de asumir seriamente nuestras responsabilidades. La satisfacción por el trabajo bien hecho.
Habrá, tal vez, que despertarles de la pereza vital a la que les conduce el materialismo imperante; en ocasiones, será preciso navegar contracorriente; y siempre, predicar con el ejemplo. Para finalizar decir que el estado subjetivo de felicidad que se deriva del esfuerzo da impulso para realizar un nuevo esfuerzo ante un nuevo reto.
Enrique Marcos Pascual / www.sontushijos.org