Leer Entrelíneas

RENOVEMOS NUESTRO AMOR POR EL PAPA Y LA LEALTAD POR LA IGLESIA

Mayo-Junio (2012)

Grande, es la palabra con que definiría el privilegio que tuve al haber participado junto a 3.000 jóvenes universitarios de todo el mundo (entre ellos, 15 venezolanos) en el 45º Congreso Internacional UNIV, celebrado en los salones de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en la ciudad de Roma; que al igual que todos los años desde su primera edición en 1968, trató un tema que en estos tiempos contemporáneos es de la más alta trascendencia, el “PULCHRUM… el Poder de la Belleza”; y ésta no sólo entendida y admirada en las diversas manifestaciones de las artes (y las Bellas Artes), sino también en los complejos sistemas de relaciones humanas, en el hombre mismo.
Poder ser parte y partícipe de exposiciones y charlas (de las cuales nuestro país obtuvo una “Mención Honorífica” por la exposición del tema: “De la dependencia de la Ley natural en la Ley positiva”) preparadas por muchachos de Vietnam, Filipinas, Guatemala, España, África, no hizo más que darme un muy pequeño esbozo de la universalidad del mensaje de Cristo y de su Iglesia, universalidad a la que todos estamos llamados. Y ese llamado –a mi modo de ver- no consiste otra cosa más que en servir, darnos por completo a
Cristo mediante el servicio a los demás hombres, sean estos pobres o ricos, blancos o mestizos, no importa. Debemos ofrecer justamente el bien más preciado que tenemos como personas conscientes e inteligentes: el Tiempo.
Y precisamente, a pesar del poco tiempo del que disponíamos, un proceso de profunda reflexión causó en mi ver todo esto, pero fue determinante para valorar y meditar más hondamente sobre la Institución Pontificia y el estado de unidad de los cristianos, la visita a dos de las cuatro Basílicas Patriarcales de Roma: la Basílica de San Pedro y la Basílica de San Pablo extramuros.
Inevitables las cavilaciones sobre el Papa y el Pontificado en San Pedro del Vaticano. Poder orar ante las tumbas de Papas tan sabios y queridos como Pío X, Pío XII, Juan XXIII o Juan Pablo II, no me llevó a más que pensar sobre la fortaleza que les brinda el Espíritu Santo cuando recae sobre estos hombres el dramático llamado: “¡Tu es Petrus!”, tú eres Pedro guiarás el caminar de la Iglesia hasta el día de tu muerte.
“Dios no juega a los dados…”, como conocedor de cada uno nuestros corazones sabe quien indicado para ser el vicario de y si nos tomamos el tiempo para revisar la historia de la Iglesia observaremos que hasta de aquellos pontífices se ha valido para sacar abundantes misericordia, esperanza y fe. Es infinita bondad para con la humanidad envía su Santo Espíritu para que aquél a quien corresponda ese llamado no sólo sea un vocero, sino el mismo Cristo, con su voz y autoridad en la Tierra. Si amamos la Persona del Padre, debemos amar al Papa, si amamos la Persona de Hijo, redundar en el amor al Papa, y si amamos al Paráclito, debemos insistir aún más en ese amor; así ese hombre tenga rostro severo, sea grave y poco “carismático” o que por su edad ya no pueda ni hablar. Recordemos a Juan Pablo II después de la traqueotomía que le realizaron, lloró al no poder pronunciar siquiera la fórmula de la bendición a la gente que lo esperaba en la plaza de San Pedro y aún así, su incansable espíritu de apóstol (de Cristo) no permitió dejar de bendecirlos aunque fuese con una mano.
En la Basílica de San Pablo extramuros, al orar ante la tumba de Pablo de Tarso y contemplar la “flama eterna” reflexionaba sobre el tema del ecumenismo y la unidad de los cristianos. Primero que todo me gustaría decir sobre este tema que debemos tener muy claro desde el principio que como católicos pertenecemos a la verdadera Iglesia, la fundada por nuestro Señor Jesucristo, quien encargó a Pedro Apóstol su caminar primigenio. Cristo, el Señor, se entregó por todos los hombres, pero depende de nosotros seguirlo o darle la espalda. Por supuesto, estamos en el deber de respetar la opción libre que haya tomado cualquier persona, implique para ellos seguir a Dios en otras filosofías o sistemas de creencias o incluso el no creer en Él, pero también tenemos el deber (por no decir necesidad) de atraerlos a la verdadera fe y de evitar que por ignorancia o el “testimonio” de relativistas desedificadores la pierdan o la desvíen muchos de nosotros. Y sobre responsabilidades me gustaría por lo menos evocar la obediencia para con el Magisterio de la Iglesia y la lucha contra la dictadura del relativismo, preguntarnos cuál es nuestra actitud en defensa de la Única, Santa y Universal Iglesia ante los escándalos y la exagerada y maliciosa publicidad en los medios y la red o cuando es atacada por “voceros calificados” en cualquier cosa, cuestionarnos sobre la eficacia de nuestra actuación (cada quien en su propio estado) en la difusión de la fe y las enseñanzas del cuerpo místico y jurídico de Cristo.

Para concluir me permito el atrevimiento de recomendar la búsqueda o re-encuentro del sentido divino y sobrenatural de nuestras vidas. En la medida en que permitamos a Dios actuar en cada uno de nosotros, en esa misma medida se beneficiará el desarrollo y progreso real de nuestras sociedades y ésta no sólo vista desde una perspectiva netamente económica, social o política (que se verían perfeccionadas), sino también en el espíritu de la Nación. Así como el hombre debe basar su vida en el amor, así también lo debe hacer la sociedad en su conjunto y ser, por amor, verdaderamente comprometidos.

Manuel A. Rodríguez-Rodríguez.