Leer Entrelíneas

EDUCAR LA LIBERTAD

Noviembre (2010)

Una de las grandes ventajas de las familias en Venezuela es que los hijos no tienen que, necesariamente, irse de la casa sino solo cuando se casan.
En otros países, al terminar bachillerato, si tienen la posibilidad de ir a la Universidad es obligatorio vivir en las Residencias del campo universitario. Eso pone a los hijos de 17 o 18 años a vivir fuera de la familia y muy probablemente a muchas horas de distancia. Usualmente vuelven a casa tres o cuatro veces al año.
Esta realidad hace reflexionar y reaccionar a algunos padres sobre su tarea educativa. Los pone en una carrera contra el tiempo ¡ ¿Cómo hacer para que sean capaces de enfrentarse a la vida con un proyecto personal, con madurez, con ideales?! …aunque nadie te esté mirando. ¿Cómo quiero ver a mi hijo a los 17 años? ¿Qué tenemos que hacer para que esté preparado para hacer uso de esa libertad a “manos llenas” en el momento pico de la adolescencia?
¿Cómo evitarles una caída estrepitosa empalagados de libertad?
Aunque la situación de que se vayan de la casa tan temprano urge un proyecto educativo claro y conciso, es una realidad necesaria tanto para los que se van a los 17 o los que se van tarde. En cualquier caso La Misión es clara: Debemos ¡Educar La libertad!, entrenarlos en el proceso de toma de decisiones. Deben aprender a elegir el Bien y la Verdad por ellos mismos y por su propio bien. Debemos promover en ellos aquellos hábitos que les permitan obrar bien en cualquier circunstancia y por voluntad propia, estén o no sus padres presentes.
Tendrán que apelar a su conciencia y que es la conciencia sino la voz de los padres. La conciencia es un conocimiento intelectual, es decir es un acto de la inteligencia y por lo tanto se instruye y se forma como las otras facultades de la inteligencia. Esa es la mejor herencia que unos padres puedan dejar a sus hijos: una conciencia bien formada que informe a la inteligencia en la dirección correcta para hacer un buen uso de la libertad.
Todo proyecto exitoso comienza con el final en la mente y tener la Misión clara trae muchas ventajas:
- No decimos tonterías como: “haz las cosas bien para que papá/mamá estén contentos y te quieran mucho!” si dentro de nada tu no vas a estar allí. El amor no se condiciona. Los queremos aunque se equivoquen. Los queremos más cuando se equivocan. Los enseñamos a aprender de sus errores.
- Ensenándolos a aprender de sus errores descubrimos que “las consecuencias de nuestras acciones y decisiones” son los castigos y premios naturales más educativos y así con intencionalidad esperamos una mala nota para educar en el uso del tiempo, vemos podrirse una toalla detrás de una puerta para educar en el orden o atendemos una noche de indigestión para educar en el autocontrol. A veces habrá consecuencias más doloras pero cuando se educa en positivo, de grandes males se aprenderán grandes lecciones y no hay tragedia.
- Los queremos por lo que son, no por sus resultados. Afirmación, reconocimiento, afecto y respeto los necesitamos todos y sólo lo podemos dar cuando lo hemos recibido primero.
- Convertimos cada momento en una oportunidad educativa y jamás delegamos nuestra rol de primeros y principales educadores en ninguna otra institución. Al colegio sólo le corresponde una labor subsidiaria que potencie la misión de la familia y la complemente.
Dios confió en nosotros y nos encargó estos hijos para sean felices en la tierra y en la eternidad para siempre… para siempre….. Dios nos hizo libres. Dios no se contradice.

Luisana Graterón de Bethencourt
Luisanbg@gmail.com