Leer Entrelíneas

No nos pongamos viejos antes de tiempo

Noviembre (2012)

Sentirse envejecer es doloroso, a nadie le gusta, pero todos quere-mos vivir muchos años. Es ley de vida nacer, crecer y envejecer.
 Primero somos bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos, aunque esto último lo disfracemos con otros nombres.
Envejecer, me guste o no, es un he-cho ineludible.
Pero el problema no es juntar años, sino el sentirme viejo.  El sentirse viejo siempre es una actitud del alma.
Cuando Juan XXIII es nombrado Papa todo el mundo dijo: eligieron un hombre viejo para salir del com-promiso ya que sin Papa la Iglesia no puede estar.  Lo nombraron por-que había que elegir a alguien.
Eso pensó la humanidad.  Pero la humanidad se equivocó. La huma-nidad siempre tiene que dejar que pase el tiempo para descubrir la sa-biduría del Espíritu Santo.
El “viejo” Juan XXIII resultó ser uno de los Papas más jóvenes de espí-ritu que la humanidad recuerde. Él fue el alma del Concilio Vaticano II.Cuando murió, no se murió un vie-jo, se murió un joven que tenía más de 80 años.
 Saber que una persona envejece se constata con facilidad; canas, calvi-cie, artrosis, anteojos que cada vez tienen más aumento, arrugas, etc.
Ser viejo también puede constatar-se con la pérdida del entusiasmo, la nostalgia de que los viejos tiem-pos fueron mejores: lo nuevo no es bueno, lo de antes era lo bueno.
Cuando se vive mirando para atrás es que se ha llegado a la vejez definitiva.
No encontrar sentido a lo que todavía me falta por vivir es estar más muerto que vivo aunque goce de buena salud.
Ya soy viejo de alma, y es desde el alma, desde el espíritu que se es jo-ven para siempre aunque no pueda correr o jugar al fútbol.
No aceptemos este tipo de muerte en vida.
La vida a toda edad fue creada por Dios para que todos la vivamos y la hagamos vivir, quizás de manera distinta según como están tus hue-sos, pero lo esencial que se necesita para morir joven es tener la cabeza joven, la cabeza con alguna ilusión, con algún deseo aún cuando las piernas no acompañen.
En un pesebre que vi una vez al-guien escribió el lema: “Cada uno de nosotros es un ángel con una sola mano. Y sólo podemos volar si nos abrazamos unos a otros”.  A todos nos llegará la muerte física, pero qué importante es, que te en-cuentre vivo y de pie, y dispuesto a volar como un ángel.  Para lograrlo el lema me lo está señalando: abrá-zate a los que te rodean, ama a los que te rodean y sigue sembrando aunque estés cansado, aunque te canses más.
Y si al final de la vida, la vida te en-cuentra cansado por sembrar, será una bella manera de morirse.  Por-que habrás muerto siendo joven.

Salvador Casadevall