Leer Entrelíneas

La familia, cuna de televidentes

Noviembre - Diciembre (2013)

Para ser un telespectador formado, selectivo y crítico no basta con ver la televisión. Hay que aprender a ver televisión de calidad y formarnos sobre este medio con criterio. Este criterio no se adquiere en la primera infancia, sino que se va adquiriendo a través de los años. Esto no es posible sin la colaboración de la familia.
Los padres tenemos que ser conscientes de la importancia de formar a nuestros hijos en este apartado y esforzarnos por conseguirlo, creando un ambiente propicio para convertir esta actividad de ocio en una ocasión para formarnos en valores.
Veríamos mejor la televisión si …
1. Los padres tienen que preocuparse de los programas de televisión que se ven en su hogar. Por esto lo más recomendable es que la televisión se vea en familia. Esto facilitará el conocimiento de los efectos que determinados programas tienen en sus hijos.
2. Los padres han de informarse del contenido de los programas antes de verlos. Por otra parte la familia debe
estructurar su tiempo de ocio con diferentes actividades alternativas a la televisión, videojuegos, ordenador, etc. Es importante motivar a los hijos a que practiquen un hobby o un deporte para que su tiempo libre no se les vaya sólo frente a un televisor o aparato electrónico.
3. Los padres han de ser críticos con aquellos programas infantiles que no respeten los valores y derechos de los niños y tienen que resaltar y apoyar aquellos programas que, con dignidad y profesionalidad, favorecen lo mejor del ser humano desde una ética y una responsabilidad que tiene como objetivo atender y responder a las auténticas necesidades de la sociedad.
4. Los padres tienen que enseñar a ver programas de televisión y no a ver televisión. Igualmente la familia ha de orientar a los niños hacia la conducta ejemplar de personajes reales mejor que héroes inexistentes o imaginarios. De estos últimos habrá que extraer lo mejor y contrastarlo con ejemplos de la vida cotidiana.
5. Los progenitores tienen que presentar a los más jóvenes aquellos programas que muestren contenidos relacionados con el ocio, la cultura, la naturaleza, etc., evitando aquellos insustanciales o superficiales y los padres deben estar conscientes que, en algunas ocasiones, los llamados programas infantiles y/o dibujos animados no son tan infantiles.
6. Los más jóvenes no pueden ver bajo su capricho cualquier programa de televisión. Los padres tienen que transmitir en primer lugar los valores morales en la familia y, posteriormente, se debe contrastar y comprobar estos valores en los contenidos mediáticos.
7. La familia debe compartir con sus miembros la cultura de la imagen, pero ésta debe ampliarse a otros ámbitos: cine, fotografía, lectura, exposiciones, etc.
8. La familia tiene que dedicar su tiempo a programas de televisión de calidad y evitar aquellos espacios que sólo sirven para perderlo.
¿Cómo poner en práctica los consejos anteriores?
1. La televisión tiene que encenderse cuando se desea ver algún programa en concreto. No debemos tener ésta en funcionamiento continuo y como fondo permanente de nuestras casas.
2. La televisión es un medio y, por tanto, no podemos convertir ésta en una niñera que distraiga a los hijos porque negamos la esencia del aparato de televisión o la función que tiene que ejercer la familia en el hogar.
3. La televisión tiene que apagarse cuando el programa seleccionado ha finalizado. No hay que esperar a lo próximo que pueda interesarnos.
4. La televisión no hay que utilizarla como un valor en sí mismo que sirve para premiar o castigar las acciones de los niños. Estas prácticas convierten a la televisión en protagonista del proceso educativo.
5. La familia tiene que disponer de un espacio común para el televisor donde compartir lo que se ve, los comentarios, las críticas y valores que lleven a cabo los distintos miembros de la casa.
6. Los padres tienen que evitar que los niños dispongan de su propio aparato de televisión en su habitación. Esto facilita que los más pequeños vean cualquier programa sin compañía y conviertan su espacio de trabajo escolar y descanso en recinto abierto a todo tipo de estímulos. Cientos de estudios han indicado lo dañino de la televisión en los cuartos de los niños.
7. La familia tiene que establecer unos horarios para ver programas de televisión que no repercutan en la vida personal ni familiar y los padres han de limitar el tiempo de televisión. recomendable no más de una hora diaria.
8. La familia tiene que convertir sus reuniones, por ejemplo durante las comidas, en momentos exclusivos de diálogo entre sus miembros y siempre sin contar con la presencia encendida de la televisión.
10. Los padres no tienen que permitir que los niños hagan sus tareas escolares con la televisión encendida.
Juan Pablo II nos recordaba, en Familiaris Consortio, que: “los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios de comunicación y están llamados a formar a los hijos en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios en el hogar”.

Carmen de Andrés