Leer Entrelíneas

La Navidad es Jesus

Noviembre - Diciembre (2013)

La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. A este tiempo lo conocemos como Navidad.
Durante el Tiempo de Navidad, al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa, celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión, muerte y resurrección del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia.
Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.
La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca sembrar consciencia en el hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Para que podamos preparar nuestra alma y recibir a Jesucristo redentor la Iglesia celebra el tiempo de Adviento antes de la llegada de la Navidad.
Es muy importante que todos los católicos vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda del Adviento y de la Navidad.

EL TIEMPO DE ADVIENTO
Comienzo: El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico y este año 2013 comienza el domingo 1º de Diciembre.
TÉRMINO: Adviento viene de adventus, venida, llegada, y termina el 24 de diciembre. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.
SENTIDO: El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.
DURACIÓN: 4 semanas.
Durante este tiempo los creyentes son exhortados a prepararse dignamente a celebrar el aniversario de la venida del Señor al mundo como la encarnación del Dios de amor, de manera que sus almas sean moradas adecuadas al Redentor que viene a través de la Sagrada Comunión y de la gracia, y en consecuencia estén preparadas para su venida final como juez, en la muerte y en el fin del mundo.