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¿Qué es la sexualidad? (Parte I/II)

Noviembre - Diciembre (2013)

La sexualidad afecta a toda nuestra vida y tiene distintas dimensiones: genética (hombre y mujer tienen distinto ADN), gonádica (diferentes órganos sexuales), fisiológica (distinta forma del cuerpo), psicológica (distinto modo de ser, de reaccionar afectivamente) y, espiritual (la sexualidad toca a nuestro mismo centro como personas, a la manera en que amamos y somos amados). No son dimensiones separadas, sino que todas se unen en nuestro cuerpo, que es la fuente de donde brotan nuestras vivencias.
Ser hombre o ser mujer no es un simple dato que ponemos en nuestro pasaporte, sino una dimensión de nuestra identidad, un modo de responder a la pregunta fundamental: “¿quién soy yo?”
Pensemos, por ejemplo, en lo importante que es haber recibido la vida de otros, haber sido engendrado del amor de nuestros padres. Y también en la capacidad que tenemos para dar vida a otras personas. Esto no es accesorio, sino central para nuestra vida, y está unido a la sexualidad.
Por eso la sexualidad no es solo una atracción hacia la otra persona, sino también un elemento que nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, a partir del cual nos formamos a nosotros mismos y nuestras relaciones.
¿Qué es la castidad?
Castidad, no es otra cosa sino el dominio de la sexualidad, por la razón, para aprender a respetarse a sí mismo y a los demás.
La infidelidad
La infidelidad es la ausencia de todo: ausencia de diálogo, de comunicación, de apoyo, es la ausencia de adaptación, unión, comprensión y voluntad, es falta de entendimiento mutuo, de pensar y preocuparse uno del otro. Del egoísmo en lugar de dar lo mejor de sí. Del solo buscar el bien personal sin pensar en el otro. La infidelidad es la falta de respeto a uno mismo.
La infidelidad es también originada por no tener idea del bien y del mal (relativismo), de lo correcto y de lo incorrecto.
Al excluir a Dios de nuestra vida, al restarle importancia a la dignidad de la persona, el vivir sin importarnos los sentimientos y la dignidad del ser humano; donde el hombre y la mujer se convierten en objetos de uso desechable (úsese y deséchese), donde el amor se interpreta como una simple energía que hay que desahogar y hay que unirla al placer y a la diversión, a la depravación, a donde lo que solo importa es el intercambio sexual instintivo y simulado de un sentimiento muy lejos de sentir y de conocer.
Los anticonceptivos
Lamentablemente en esta época se lleva al adolescente y al joven a inculcarle, a convencerlo, a confundirlo con el desenfreno sexual, la irresponsabilidad, disfrazándola de responsabilidad y “convenciendo” subliminalmente que todo es permitido si se usa todo tipo de preservativos. El argumento es: se puede todo, sólo hay que “cuidarse”, hay que ser “responsable”. Esa simple instrucción sexual ha traído consecuencias desastrosas, para no aceptar la realidad, la responsabilidad, y el compromiso de formar con un buen ejemplo porque es más fácil repartir millones de condones para ambos sexos que formar en el respeto, la dignidad y el verdadero amor.
Con repartir preservativos a diestra y siniestra no se resuelve el problema de embarazos precoces o transmisión de enfermedades sexuales. El uso del condón solo propicia la promiscuidad y las relaciones sexuales indiscriminadas e irresponsables entre los niños, adolescentes jóvenes y muchos adultos. Con preservativos puede ser que no se infecte el organismo, pero se estará justificando el uso inmoral del sexo, así como las diferentes formas del libertinaje e infidelidad, violaciones, agresiones y violencia.
Hace poco la ONU recomendó castidad y fidelidad como la mejor solución a la transmisión de enfermedades sexuales.
Es desde la familia donde se debe formar personas honestas, responsables y templadas que entiendan que el sexo es para usarlo y disfrutarlo dentro del matrimonio.
En la familia, los padres son los que deben formar y hablar de sexualidad con sus hijos y sobre todo dar ejemplo porque es la mejor formación que los hijos jamás olvidarán. Hablar con ellos con sencillez, sin escandalizarnos de nada, desde que son pequeños, es una gran ayuda que le podemos dar.
Que aprendan a valorar su cuerpo, su sexualidad; y que aprendan a hacerse respetar y respetar a los demás es una gran herramienta educativa que le podemos dar para que al final puedan vivir felices y protegidos de las consecuencias del uso irresponsable de la sexualidad.