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CINCO CRISIS PUEDEN ACOMPAÑAR LA VIDA DE TODO MATRIMONIO
Para que las crisis sean para bien o para mal solo depende de nosotros

Octubre (2008)

Quizás una de las palabras más usada en nuestro lenguaje de hoy, es la palabra crisis. Casi siempre se la usa pensando en algo malo, en algo que está mal, que no funciona bien. Y no es así, según el diccionario crisis significa cambio, situación de cambio, algo que cambia, algo que plantea una situación de cambio.
Que ese cambio sea para bien o para mal depende de muchas cosas, pero todas estas cosas dependerán de nosotros, dependerán de nuestras actitudes.
Estas distintas etapas que algunos matrimonios pueden enfrentar, merecen nuestra pequeña reflexión, aunque solo sea para que las conozcamos.
La primera etapa la hemos llamado la INFANCIA DEL AMOR. Es la etapa de los primeros años de casados. Digamos los primeros tres años. En esa etapa todavía cada uno de sus integrantes está sentimentalmente muy ligado a las costumbres de su casa.
Es frecuente que llegue el domingo y él le diga a ella:
-Mamá hace muy ricos los ravioles, ¿porque no vamos a casa a comerlos?
Y a casa de los suegros de ella van a comer los ravioles domingueros.
Y a la hora de decidirse a poner las cortinas de su nuevo departamento, ella muy suelta dirá:
-Mamá sabe de un lugar que tienen muy buenas telas, además mamá sabe discutir el precio y tiene muy buen gusto.
Las cortinas terminan siendo elegidas por la suegra de él.
En esa primera etapa es donde nos empezamos a conocer en lo profundo, es cuando la convivencia diaria hace florecer cosas que no conocíamos. Él que siempre era tan pulcro, ahora a veces no huele bien y ella tan bien arreglada que estaba siempre, es muy distinta en chancletas y batas. Se deja de amar la ilusión para empezar a amar la realidad. Por eso la primera crisis que sucede en esta primera etapa, la hemos llamado, la crisis de la ILUSIÓN.
La segunda etapa la hemos llamado la JUVENTUD DEL AMOR. Es la etapa que podríamos decir que comprende de 5 a l0 años de casados. En ese período el amor ya se hizo propio, se hizo muy personal, tiene su propia personalidad.
Llegaron los hijos con las obligaciones que traen consigo. Con las alegrías que traen, y con sus responsabilidades que obligan al nacimiento de un diálogo entre los esposos.
Es en esta etapa que debe nacer el diálogo. Si no nace el diálogo, si se renuncia al diálogo, viene el silencio, por eso la crisis de esta etapa la hemos llamado, la crisis delSILENCIO.
La tercera etapa la hemos llamado la MADUREZ DEL AMOR. Es la etapa que va entre los 15 a 25 años de casados. Es la mejor etapa. Es en esa etapa donde se comprende en todo al otro. Se lo conoce muy bien. Se lo conoce en lo profundo. Uno sabe muy bien lo que le gusta y lo que no le gusta. Hay serenidad, hay un conocimiento mutuo. Los hijos ya están grandes, hay participación de todos en muchas decisiones: vacaciones, viajes, etc.
La crisis de esta etapa la hemos llamado la crisis de la INDIFERENCIA.
La peor crisis es la que no se percibe. La muerte del amor, no es el odio, la muerte del amor es el no me importas, es la indiferencia, no sé si te arreglas o no, si estás o no. Me es indiferente.
La cuarta etapa la hemos llamado la PLENITUD DEL AMOR. Es la etapa que ocurre cuando tenemos entre 60 a 65 años de vida. Ya no importan los años de casados. Los chicos se casaron y se fueron y el matrimonio vuelve a quedarse solo a igual que cuando empezaron.
En la mujer coincide la etapa de la menopausia y el hombre también ha disminuido su virilidad. A veces se vuelve a vestir a la moda, le toca la corneta a alguna chica guapa que se le cruza, es una manera de disimular la sensación de que está quemando los últimos cartuchos.
La crisis de esta etapa la hemos llamado la crisis de la SOLEDAD.
¿Por qué de la soledad? Porque aquel que rompa su matrimonio en esa etapa se condena para siempre a vivir solo: ya no será posible tratar de empezar una vida con otro. Con el ser de otra persona. Ya no le queda tiempo.
Y la última etapa la hemos llamado del RENACIMIENTO DEL AMOR.
Es la última que nos toca vivir, es la última que viviremos. Es el amor en la plenitud de dos que viven en paz. Es algo muy profundo y es en esa etapa que más se necesita del otro, ya no es posible vivir sin el otro. Se vive en ellos una plena unidad.
Y quizás podríamos imaginarnos un pequeño diálogo entre ellos en una reunión familiar, donde además de los hijos están los nietos y hasta biznietos con el barullo propio de toda fiesta. Allí en un rincón están los dos sentados viendo el barullo, el bochinche, la alegría. Y ella le dice a él:
-Pensar que todo esto es debido a nosotros dos, pensar que todo esto es debido a aquella bofetada que yo te di, cuando tu pusiste tu mano donde no debías...
Llegaron a ser tan uno, que es frecuente que cuando uno de ellos se muere, al poco tiempo el otro también se muere. ¿Quien no conoce casos?. Hicieron de su vida un solo caminar y quieren también ser una sola muerte.
Durante muchos años esta reflexión terminaba aquí, después tuve que añadirle una pequeña extensión.
Yo perdí a mis padres con 17 días de diferencia, y cuando reflexionaba sobre esta circunstancia, me di cuenta que Dios me estaba haciendo un regalo. Me estaba diciendo: Salvador, te has pasado alabando la unidad del amor y la unidad en la hora de
morirse, que te hago este regalo de que sepas que tus padres llegaron al renacimiento de su amor y que por su unidad en el amarse también quisieron tener una sola muerte.
Y como regalo de Dios viví el dolor de su muerte y la alegría de su unidad. Por primera vez entendí que se puede vivir dolor y alegría al mismo tiempo. El dolor de perder a unos seres queridos y la alegría de saber que su amor había llegado a ser uno hasta el fin de su vida.
Ahora me sirven plenamente como modelo de vida. Nunca mis padres me habían servido tanto de modelo de vida, cuando ya no tienen vida.
Mi deseo es que también les sirva a ustedes.
Salvador Casadevall / www.catholic.net