Leer Entrelíneas

La Victoria de la Fe

Octubre (2011)

¿Cómo consigo la victoria? ¿Es que alcanzaré mi meta? ¿Podré lograrlo?......
El latinoamericano es perseverante por naturaleza, tenemos este deseo de triunfar, de superarnos, de convertirnos en algo más. Y aunque a veces esa esencia pura de supervivencia puede llegar a convertirse en una gran avaricia y orgullo, la perseverancia, si es utilizada para fines que busquen obrar en el bien, siempre se mantendrá libre de toda influencia que la convierta en un sentimiento corrupto lleno de vileza.
La perseverancia tiene una definición técnica, la cual establece que perseverar es la acción de permanecer o durar; sin embargo, la verdadera definición de perseverancia no existe, ya que es un don, un hermoso regalo de Dios que nos permite seguir, que nos da esperanza y que trabaja junto a ella para inspirarnos y darnos fuerzas para alcanzar esa cumbre a la que llamamos sueño.
El hombre que persevera todo lo logra, nada lo detiene, no existe un límite, una frontera que pare su camino, y si ese camino es verdaderamente una vía llena de virtudes y de fe, entonces ese camino, esa fuerza interior es la verdadera perseverancia en todo su esplendor. Esa es la diferencia entre la perseverancia y la avaricia, porque aunque la avaricia nos puede llevar lejos, no nos lleva a donde verdaderamente queremos ir, ya que el mal y la pérdida de nuestra humanidad, la pérdida del respeto, de Dios, no nos conduce sino a nuestra perdición, a la destrucción creada por nosotros hacia nosotros.
Todos somos soñadores y pocos realizadores. Podemos pensar en grande pero cuando no se lleva cabo y se queda dentro de nosotros, esa idea, esa ilusión se pierde, y todo por miedo a errar, por miedo a perder, a que la avalancha que puede caer de la montaña nos mate. Un viejo proverbio chino dice: “Si te caes siete veces, levántate ocho”. Theodore Roosevelt también dijo: “Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.” Esta es la descripción más acertada de la perseverancia, no se trata de si llegaste a la punta, si subiste completa la montaña, sino de cómo, y del trabajo, del esfuerzo y la fuerza que le pusiste a tu aventura, al camino que recorriste y de que manera lo viviste.
El latinoamericano es perseverante, llega a esa punta y logra su objetivo. ¿Nos equivocamos en la vía?, sí, ya que nadie es perfecto y las dificultades siempre estarán presentes, pero podemos afrontarlas con dignidad y demostrar valor y saber que hay algo más importante que ese obstáculo, y eso es lo que se encuentra después de haberlo superado. Perseverar no es solo durar, es permanecer de pie ante el peligro, es el saber, el querer, el confiar en que lo que viene no es nada comparado con lo que vendrá. Así que no tengas miedo de perseverar porque el que persevera vence, el que persevera vive, es una victoria de fe.

Ana Teresa Valladares (17 años)