Leer Entrelíneas

ENTREVISTA A SU EXCELENCIA NUNCIO APOSTÓLICO
MONSEÑOR GIACINTO BERLOCO
“Seremos auténticos ciudadanos y mejores hermanos cuando seamos verdaderos cristianos”

Septiembre/Octubre (2007)

En estos últimos meses han ocurrido importantes acontecimientos en la vida de la Iglesia Latinoamericana y de la Iglesia Católica Venezolana. La V Conferencia Episcopal Latinoamericana, celebrada en Aparecida, Brasil, constituyó uno de los eventos eclesiales más importantes dentro de nuestro continente y de allí salieron líneas de acción que regirán el destino de nuestra iglesia en los próximos cinco años. Por otra parte, la Iglesia Católica Venezolana en estos últimos meses ha sido frente de ataques que han causado un gran dolor en todos quienes formamos y profesamos la religión católica. El Consejo Editorial de Leer Entre Líneas consideró importante entrevistar al representante del Papa en Venezuela, el Nuncio Apostólico Mons. Giacinto Berloco, para que nos hablara de estos dos temas. Ofrecemos la entrevista íntegra, porque consideramos que ni una sola palabra pronunciada por este alto representante de la Iglesia puede desperdiciarse.

- Ante todo queremos recordar a Juan Pablo II cuando hablaba de que América Latina es el continente de la esperanza. ¿Sigue siendo esto así o las cosas han cambiado?

El Papa Juan Pablo II visitó América Latina en muchísimas oportunidades. Él le tenía un cariño muy especial a esta región del mundo y visitó todos sus países. Su primera visita la hizo a México en 1979 y creo que el impacto que le causó el pueblo mexicano lo marcó para comenzar una nueva etapa en su ministerio petrino. Se sintió con su obligación de apóstol de viajar por todo el mundo. Él estuvo en contacto con América Latina a través de sus viajes y con las visitas de los obispos a Roma, llamadas “visitas ad Limina”; además de las visitas de millones de latinoamericanos. Por eso llegó a expresarse con esos términos que usted ha recordado.

Yo veo que a pesar de los cambios sociales, políticos, religiosos, etc., América Latina, que en su mayoría es católica (sigue siendo el continente con mayor número de católicos) es además el continente que tiene la mayor cantidad de recursos, sobre todo humanos. Es la región del mundo, junto con África y Asia, donde tenemos el mayor número de vocaciones, a diferencia de países de antigua tradición cristiana como España, Francia, Italia, etc.

Después hay un despertar, unos acontecimientos muy importantes como la V Conferencia Episcopal Latinoamericana que se celebró en Aparecida, Brasil, y fue inaugurada por el Santo Padre el 13 de Mayo pasado. Esta conferencia creo que está marcando una pauta de renovación, de compromiso de toda la Iglesia latinoamericana para que toda la iglesia y cada uno de los católicos se hagan misioneros. Creo que eso era lo que nos faltaba a nosotros: entender y aceptar esta vocación a la misión de toda la iglesia, de cada uno de sus miembros. Hasta ahora la misión se veía como algo hacia afuera, como una tarea reservada para unos pocos; como que los católicos tenían que preocuparse de si mismos y no les importaba quienes tenían a su lado. Los católicos tienen que transmitir el mensaje de Cristo y la Conferencia de Aparecida es un llamado a todos los católicos para que se hagan verdaderos discípulos y misioneros de Cristo.

Dicha Conferencia, además, fue un evento eclesial de mucha comunión episcopal con el Santo Padre, de mucha comunión entre las distintas iglesias latinoamericanas que tuvieron
la oportunidad, a través de los representantes de todas las diferentes conferencias episcopales, de hacer un profundo intercambio sobre lo que está pasando y sobre las metas que toda la iglesia latinoamericana puede proponerse a partir de Aparecida. El resultado, que ha conseguido el apoyo mayoritario o unánime de la conferencia, ha sido la propuesta de una misión a nivel continental, que cada país después tiene que traducir a la práctica en la situación concreta que cada uno está viviendo.

- El 22 de junio de este año Benedicto XVI dijo que “la evangelización es el mejor servicio que pueden ofrecer los cristianos para reconciliar las heridas de una sociedad”. Él habló también de que “la obra de evangelización es una necesidad urgente”. ¿Cómo los católicos venezolanos podemos contribuir a resolver esta necesidad y lograr una conciliación en nuestro pueblo?

Respondiendo a esta pregunta yo quiero resaltar que el mensaje de Jesús es fundamentalmente el mensaje de salvación para el hombre y la mujer de todos los tiempos, todas las culturas, religiones, lenguas, etc., porque el mensaje de Jesús es un mensaje universal. Cuando se habla de este mensaje de salvación esto quiere decir que el Señor viene a restaurar en el hombre aquella santidad primaria que Dios quiso imprimir en la creación misma del hombre y la mujer cuando los creó a imagen y semejanza suya y le dio a la vida aquellas características propias de Dios, que permiten al ser humano entrar en comunión con Él. Todo esto ha sido a lo largo de la historia de la humanidad herido por la presencia del pecado y el Señor Jesús con su misterio de muerte y resurrección, con su predicación, con toda su vida, ha venido a devolver al hombre su dignidad y la capacidad de entrar en comunión con Dios a través de la fe y a través de la aceptación de su palabra, de su mensaje y la participación en los misterios de la vida del Señor que en la Iglesia Católica se traducen en los sacramentos de la fe: empezando por el Bautismo, la Eucaristía y todos los demás sacramentos. A través de esta participación en los misterios de Jesús nosotros recibimos los frutos de esta redención y salvación que el Señor ha realizado. Estos son frutos que van transformando y divinizando al ser humano, como decían algunos padres de la iglesia como San Juan Crisóstomo, San Gregorio, San Basilio.

No es que el hombre llegue a ser un Dios pero llega a ser semejante a Él, llega a tener los mismos sentimientos de Jesús, como dice San Juan. Si el hombre se va transformando y va tratando de conformarse con el ejemplo de Jesús significa que en su vida él va traduciendo la misma actuación, la misma actitud que tuvo el Señor Jesús hacia los demás de entrega total, de comprensión, de perdón, de amor, como Él siempre se ha presentado dentro del mensaje evangélico.

- ¿Pero cómo podemos los católicos venezolanos ayudar en esta tarea urgente de la evangelización y reconciliación?

La primera tarea de todos es profundizar el mensaje de Jesús: tener un conocimiento de fe de quién es Jesús, qué es lo que Él nos ha enseñado porque Él es el maestro por excelencia, y cómo nosotros podemos traducir en la práctica el mensaje de Jesús. En el momento en que nosotros somos verdaderos cristianos es cuando somos auténticos ciudadanos y mejores hermanos. El cristianismo lleva a eso. En el momento en que aceptamos el mensaje de Jesús y tratamos de vivirlo es cuando podemos contribuir para que haya mayor compromiso en la vida social donde no sólo podemos exigir nuestros derechos sino que todos tenemos que colaborar y llegar a una armonía entre lo que son nuestros derechos por un lado y nuestros deberes por el otro.
Tenemos que trabajar para el bien común como los obispos lo han manifestado en sus declaraciones; y específicamente el Cardenal Urosa en sus últimas entrevistas donde habla de que la Iglesia busca el bienestar de todo el pueblo, la armonía, la verdadera paz, los verdaderos valores humanos, los derechos de la persona humana, para que sean respetados a nivel global en la sociedad. Cuando la Iglesia reclama algo o presenta una preocupación es para que se tome en cuenta esta finalidad del bienestar de todos.

- En Aparecida se habló de la importancia de la asistencia de los católicos a la misa dominical y el Papa también ha insistido frecuentemente en este punto. Explíquenos el por qué de esta insistencia.

Esta insistencia en la vivencia del domingo, yo diría más: en la santificación del domingo, aparece en varios documentos de Juan Pablo II; también el Papa Benedicto XVI nos ha repetido que tenemos que valorizar el día del Señor como el día del encuentro con Él. No es que no podamos encontrarnos con Él todos los días, pero debemos tener más tiempo para salir de nuestras ocupaciones y reflexionar y entrar en una comunión mayor con el Señor. El domingo tiene que ser el día del acercamiento a Dios, un día en el que nos alimentemos de su palabra, y donde la participación en el sacramento eucarístico nos acerque más a Cristo. Es además el momento cuando la comunidad cristiana se reúne alrededor de la palabra de Dios y el pan eucarístico, y hace la vivencia de familia de Dios
que tiene que alimentarse y fortalecer su unidad.

Porque el alimento espiritual es necesario, como el aire es necesario para respirar o como el pan es necesario para vivir. Somos seres vivientes en lo material y en lo espiritual. Si en lo material no nos alimentamos, no respiramos, etc., no podemos vivir, estamos destinados a la muerte. Igualmente ocurre con lo espiritual. Por eso el Papa ha insistido mucho en la celebración del Domingo y en la participación de la eucaristía como una necesidad espiritual, no como una obligación. Si se ve bajo este aspecto, se supera el sentido de la obligatoriedad de la misa porque es algo necesario, resulta indispensable para vivir como cristiano, como creyente; hay que celebrar el domingo como un momento especial, que tiene su cumbre en la celebración eucarística.

- Siempre se habla de que la Iglesia debe tener preferencia por los pobres, porque además es parte del mensaje evangélico. Usted, que ha recorrido gran parte de Venezuela ¿Ha visto si la Iglesia Católica venezolana se está ocupando de los problemas de los más desposeídos?

Puedo contestar de forma positiva a esta pregunta porque la preocupación de la iglesia a favor de la gente, del pueblo, de los más necesitados, es parte esencial del evangelio, porque nuestro señor Jesucristo nos ha enseñado a amar al prójimo y nos ha dado la prueba de que se ha entregado a los más necesitados (niños, enfermos a quienes curó, etc.). Ha venido al encuentro de los marginados, de los pecadores públicos a quienes él sanaba espiritualmente. Todo este ejemplo de Jesús inspira a la iglesia. La iglesia trata de vivir con esta exigencia del amor a Dios. Si el Papa en su primera encíclica ha tocado el tema de “Dios es Amor” es porque ha ido a lo esencial de la fe cristiana. Por otro lado el Señor nos ha dicho en su mensaje que el amor al prójimo es lo mismo que el amor a Dios. Son dos mandamientos que vienen estrechamente unidos y no se puede vivir el uno sin el otro.

De manera que la vivencia del amor nos lleva a ocuparnos de todo el mundo y particularmente de aquellos que tienen problemas de todo tipo: de trabajo, de abandono, que no tienen educación, etc. En esto la iglesia siempre ha trabajado por los más necesitados y marginados. En mi experiencia personal, particularmente en Venezuela visitando todo el país, he visto como cientos de personas e instituciones de la iglesia se
ocupan de estas necesidades, sobre todo en la educación de la cual nos preocupamos para que llegue a todos. De sólo pensar en la obra que hace la iglesia con los institutos profesionales, de capacitación, la obra que hace la Iglesia con Fe y Alegría, aparte de otras instituciones educativas; ni hablar con los centros de atención a niños abandonados, a los enfermos, a los ancianos. Si uno empieza a sumar la presencia de la iglesia venezolana en este sector es impresionante la dimensión que representa.

También la predicación de la iglesia en los últimos decenios está abierta a aquellas necesarias reformas sociales que el mundo necesita, especialmente en nuestros países de América Latina donde hay personas que viven en condiciones infrahumanas. La Iglesia hace un llamado constante para que haya una atención preferencial por los pobres, a través de los instrumentos que ella misma propone como un conjunto de orientaciones, porque no le corresponde a la iglesia hacer programas sociales o leyes concretas en el mundo de la economía, pero sí puede dar y en efecto brinda constantemente a los políticos, economistas, industriales, banqueros, empresarios, etc., unas orientaciones o unos parámetros sobre cómo tienen que actuar para que su acción redunde en la creación de más trabajo y en la mejora de las condiciones de vida de las familias, de los trabajadores y de todos los ciudadanos.

Si no se da trabajo a la gente no sirve ayudarla de otra forma porque lo que dignifica a la persona es el trabajo. Por eso la preocupación de muchos, y en especial de la iglesia, es que se creen fuentes de trabajo dignas.

- Es verdad que en Venezuela hay una inmensa mayoría que son católicos porque están bautizados y tienen alguna relación con la Iglesia; pero es frecuente la falta de coherencia entre fe y vida. ¿A qué se debe esto y cuál cree usted que sea una posible solución?

Este fenómeno de la dificultad de llevar a la práctica la fe que uno dice de profesar está muy arraigada en el pueblo latinoamericano, que se siente católico y parte de la Iglesia, pero hay que reconocer que su fe, aunque está muy arraigada, no está iluminada a través de la formación cristiana, del conocimiento de la Biblia, de la catequesis, las cuales tienen que fundamentar la acción de la persona.

Muchos católicos practican ciertos momentos religiosos, como el bautismo, la primera comunión, el matrimonio, etc., pero la fe y la vida cristiana tiene que abarcar todos los aspectos de la vida: cuando está en casa, cuando camina por la calle, cuando trabaja, etc. Un cristiano, sea el lugar que ocupe y el trabajo que realice, tiene que actuar con responsabilidad, con honestidad; y para esto se tiene que tener una mayor formación espiritual a través del conocimiento de la palabra de Dios y en la participación de las actividades que la iglesia realiza para la formación de los fieles. Aparte de los cursos que se realizan para recibir el bautismo, el matrimonio, la comunión, la confirmación, etc., el cristiano siempre tiene que estar dispuesto y sentir la necesidad de recibir formación tanto a nivel personal como a nivel de comunidad. Estudiar con fe la Biblia, los textos sagrados, el catecismo, etc. Uno a veces se pregunta ¿cuántas familias tienen en sus casas por lo menos el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica? Yo no digo el Catecismo grande que es casi un volumen de 2.000 páginas y es muy denso, pero el Compendio del Catecismo tiene que ser un libro que tiene que estar en todos los hogares de las familias católicas como un instrumento de lectura y estudio constante. La palabra de Dios y el Catecismo son dos cosas que se complementan. El Catecismo es la traducción de la palabra del Señor. Y son aspectos que nosotros tenemos que valorizar y no esperar que nos venga del sacerdote.

Si queremos ser discípulos, misioneros, verdaderos cristianos, tenemos que estar empapados del mensaje de Cristo porque sino: qué vamos a misionar, qué vamos a enseñar si uno no sabe qué decir.

- Uno de los temas que ocupó la atención de la Conferencia Episcopal Latinoamericana es la familia. ¿Por qué es tan importante la familia en la vida de la Iglesia Católica?

La familia es la institución que ha venido al mundo con la creación del hombre y de la mujer para que ellos puedan crear una comunidad de vida, puedan complementarse y ser instrumentos de la transmisión de la vida. Por eso la familia es la célula de la sociedad más allá de lo que pueda significar para la iglesia católica, porque si no hay una familia estable, un núcleo familiar que respete aquellos valores de amor, de entrega mutua, de preocupación y amor para los hijos, la misma sociedad sufre el descalabro que hoy estamos sufriendo. Si un niño, un muchacho, no crece en una familia sana y unida que transmite los valores de amor, respeto mutuo, responsabilidad, etc., no sólo de palabras sino con el ejemplo, el muchacho o la muchacha quedarán siempre marcados por la falta de este ambiente que ellos necesitaban para crecer.

Y dentro de la iglesia la familia adquiere una importancia mayor todavía porque es un sacramento, y es una realidad que refleja el misterio del amor de Dios. Cuando hablamos de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo estamos hablando de una realidad que es como una comunidad, como una pequeña familia, la familia de Dios que es un solo Dios y tres personas divinas a la vez. Al mismo tiempo la familia refleja aquel amor de entrega que Cristo manifestó a lo largo de su vida, particularmente con su sacrificio en la cruz cuando dio su vida para la salvación del mundo. El matrimonio refleja esta comunión de Cristo con la Iglesia que se traduce en una entrega total hasta la muerte. Si este amor de Cristo se toma como modelo, ahí es donde se puede construir una familia verdadera. Cuando el esposo y la esposa se aman con esta entrega total son capaces de superar lo que sea, porque el amor verdadero hay que entenderlo como donación, como entrega, como búsqueda del bien del otro. No se puede entender como algo egoísta que busca su propio interés; si fuese así no tendría las características del amor divino que justamente es un amor de entrega que busca el bienestar de la otra persona, así como Dios hace constantemente con nosotros.

Porque ¿qué le damos nosotros a Dios? Nada. Él nos quiere porque nos realizamos a través
de su amor. Llegamos a la perfección nuestra porque Dios quiere que nosotros lleguemos a la perfección y a la felicidad. Si uno vive bien, si uno cumple con los mandamientos no le está haciendo un favor a Dios, se está haciendo un favor a sí mismo porque se está realizando plenamente. Porque Dios no necesita ni de nuestro cumplimiento de las leyes, ni de los mandamientos, ni de nuestra honestidad, porque Dios es perfecto, es santo, es infinito, pero Dios nos quiere realizados a través del seguimiento de su camino.

- En cuanto a la juventud, ¿cómo se puede incentivar el amor a Dios y la entrega plena a Él en un mundo tan secularizado y materialista?

Aquí nos puede ayudar mucho el aspecto positivo como el Papa Benedicto XVI nos ha presentado desde el comienzo de su pontificado el camino de la fe. Cuando muchas veces se ha subrayado que la iglesia nos presenta una doctrina del “no”, de la prohibición, el Papa nos dice que esa no es la visión correcta de lo que la Iglesia y Jesús nos proponen. Tenemos que respetar a los demás y vivir en comunión con Dios, vivir en la fe y en la santificación del nombre de Dios en todas las circunstancias de la vida.

Todo esto nos crea una situación nueva de riqueza espiritual que nos va llevando a la plenitud de nosotros mismos y nos va acercando a la imagen de Jesús. Vivir bien es algo que nos lleva a la felicidad, que nos llena de aquellas aspiraciones más profundas del ser humano. Vivir mal es quedarse más pobre de si mismo y menos capaz de ayudar a los demás. El egoísmo encierra a la persona en si misma y la hace más pobre; es la generosidad al servicio y al amor lo que crea la grandeza en la persona y eso lo podemos ver en la vida de los santos.

A los jóvenes hay que presentarles este mensaje positivo como lo hizo Juan Pablo II y estos se daban cuenta de que éste es el camino a seguir. El camino de la entrega, del servicio. Hay tantas cosas que los jóvenes pueden dar en el campo de su familia, de sus amigos y también en el campo de la acción voluntaria, libre, generosa, sin buscar una recompensa y lo hacen porque los llena mucho y los valoriza como personas.

- Queremos que nos aclare ¿qué significa la Teología de la Liberación y si está permitido que un católico bautizado practique sus principios?

Cuando se habla de la teología de la liberación se está hablando de un pensamiento teológico-social que ha tenido momentos fuertes en la historia reciente de la iglesia, pero la terminología podría ser un poco equívoca en el sentido de que hay distintas formas de teología de la liberación.

Hay una liberación que la Iglesia propone, que la Iglesia presenta como una necesidad, que es la liberación que viene de Cristo y que tiene que llevar a la liberación total del hombre. Y hay formas de teología de la liberación donde se pone en entredicho, y en segundo plano, lo que es la relación con Dios, la relación con la iglesia y se busca solamente el aspecto sociológico; que es importante pero no puede transmitir y vivir de forma exhaustiva el mensaje de Jesús, porque el mensaje de Jesús es un mensaje religioso, ni espiritualista ni economista, sino un mensaje que abarca a toda la persona, a todos los aspectos de su existencia, para que la iglesia haga la opción preferencial por los pobres, para que la iglesia anuncie y practique la justicia como una obligación de cada creyente.

La justicia hay que verdaderamente vivirla desde todos los ámbitos y no se puede estar tranquilo, y los padres de la iglesia lo han repetido, si se está viviendo en una posición económica muy cómoda y holgada y uno se despreocupa del hermano que está viviendo en la pobreza. Hay que buscar las causas y luchar contra éstas. No significa que puedo estar tranquilo porque sólo de vez en cuando le doy al padre una limosna o una suma para que ayude al más necesitado y así puedo pensar que he cumplido con los demás. La práctica de la justicia abarca todo un conjunto de compromisos en el ámbito social. El empresario que no da un sueldo justo y no trata bien a sus empleados no está viviendo el evangelio. Debe haber una participación de todos en aquellos proyectos que llevan a la práctica de la justicia y busquen mejorar las condiciones de vida de la persona. Para el bien de todos tenemos que colaborar todos, en la medida de la posibilidad de cada uno. Quien más tiene, indudablemente tiene más obligación.

Como conclusión se puede decir que en la Iglesia Católica hay dos documentos sobre la teología de la liberación preparados por la Congregación de la Fe y firmados por Juan Pablo II. Ahí se habla de una teología de la liberación positiva y de otra teología de la liberación que tiene presupuestos o principios que un católico no puede practicar.

- ¿Y cuáles son esos principios?

Los principios son el reducir a la persona de Jesús en un agente socio-político. Esa es una reducción del mensaje de Jesús, es una visión limitativa también de lo que Cristo quiso hacer cuando fundó la Iglesia. Si uno quiere una teología de la liberación, como se dice de carácter popular, donde el pueblo determina cómo tiene que ser la vida de la iglesia, esto no está en la línea de lo que el Señor enseñó y quiso hacer.

El Señor ha constituido una Iglesia donde la Jerarquía y los feligreses son pueblo de Dios. En los Documentos del Concilio Vaticano II se habla primero de la iglesia como pueblo de Dios y luego de los agentes que están dentro de la iglesia. Estos agentes son: los obispos, los sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles laicos, que son miembros activos de la Iglesia donde tiene que haber una coordinación. Un grupo de feligreses no puede reunirse y decidir quién va a ser el pastor. Esto no puede ser porque Cristo ha constituido la Iglesia con pastores obispos que son sucesores de los apóstoles y hay una sucesión apostólica que da garantía a la misión de los obispos.

Ha habido errores dentro de la Iglesia de grupos teológicos que han querido elevar la participación de los feligreses a niveles que no se puede. Yo recuerdo cuando estaba en otros países donde se decía que la comunidad tiene la facultad de decidir quién va a ser el pastor. Pero la visión cristiana del sacramento del orden es parte esencial de la Iglesia. Y sabemos que los obispos y los sacerdotes son servidores de la comunidad. No se puede mezclar una misión y una estructura que Cristo ha dado a la iglesia con algo meramente sociológico.

- ¿Cuál es la misión de un obispo?

El obispo representa a Jesús dentro de la comunidad, es el pastor. Cuando Jesús fundó el
Colegio Apostólico con los doce apóstoles quiso que a lo largo de la historia los poderes espirituales que tenían los apóstoles se transmitiesen a los sucesores de los apóstoles y así sucesivamente a los obispos. Por tanto lo que representaba el Colegio Apostólico al tiempo de Jesús, lo representa hoy el Colegio de los Obispos. Como en el Colegio Apostólico estaba Pedro como cabeza, lo mismo hoy está el Papa como cabeza del Colegio de los Obispos.

Cada uno de los obispos, a través del mandato del Papa recibe la misión de pastorear a una porción del pueblo de Dios que se llama Diócesis, formada por una comunidad diocesana donde están el obispo, los sacerdotes, los laicos, etc. La misión de él es anunciar la palabra, presidir la liturgia (él es un licurgo, el principal celebrante dentro de la comunidad), y coordinar la vida de la diócesis. Es el pastor que guía a la comunidad y tiene que tener la facultad de coordinar, orientar, unificar. Es el centro de la unidad de la comunidad diocesana. Los textos de las sagradas escrituras, el nuevo testamento, los comentarios de los padres de la iglesia y lo que dice el catecismo de la iglesia señalan al obispo como el guía de la comunidad y todo hay que hacerse en comunión con él. La comunidad no puede estar separada del obispo, el sacerdote no puede actuar separado de su obispo, si falta esta comunión se rompe la comunidad diocesana. Puede haber diferencias de opiniones en aspectos secundarios pero quien coordina la acción de esta comunidad diocesana es el obispo como sucesor de los apóstoles.

A nivel de un país también están las Conferencias Episcopales que, aunque no son de derecho divino y son creadas por derecho eclesiástico, constituyen un organismo muy importante en la conducción de la Iglesia local, así como lo enseña el Concilio Vaticano II.

- ¿Cree usted que en estos momentos se está desprestigiando a la Iglesia Católica Venezolana y sus principales jerarcas?

Ha habido y hay una situación de ciertas actitudes de agresividad y yo quiero decir que nosotros los católicos tenemos que vivir más el sentido de la comunión, tenemos que vivir el sentido de la participación a la vida total de la iglesia donde cada uno tiene su misión.

No hay que confundir lo que es la misión de los obispos con la misión de otros sectores de la iglesia. Y el Señor ha prometido la asistencia de su espíritu a todo el mundo, pero según la vocación y los carismas de cada uno. Un simple fiel tiene también la asistencia del espíritu cuando habla y transmite la fe verdadera, pero siempre en comunión con su obispo; pero hay tareas dentro de la iglesia que son propias de aquellos que han sido constituido pastores: como enseñar con autenticidad y fidelidad el mensaje de Jesús y mantener la unidad del pueblo fiel. El Señor ha garantizado la asistencia del espíritu a la iglesia para que los Papas y los obispos reciban una gracia especial para interpretar y proclamar con autenticidad el evangelio de Jesús.

- Queremos que usted envíe desde nuestras líneas un mensaje de esperanza a todo aquél católico venezolano quien desde su lugar de vida, ocupación, trabajo, etc., puede contribuir en la evangelización, la conciliación y un futuro mejor para nuestra amada Venezuela.

Todo lo que hemos dicho anteriormente es una respuesta a esta pregunta pero lo que podemos concluir es que seamos auténticos cristianos, auténticos seguidores de Jesús, que seamos auténticos hijos de la iglesia. Y que en nuestra vida tratemos de santificarnos a imagen de Jesús y ser sus discípulos, que quiere decir tratar de imitar la manera de pensar y vivir del Maestro.

Cristo es nuestro maestro y nosotros somos sus discípulos, y ser discípulo significa tratar de traducir en nuestra vida la manera de vivir del Señor. Cuando nosotros hacemos esto, simultáneamente tenemos que salir de nosotros mismos para practicar el segundo aspecto del mensaje de Aparecida que es el sentido misionero del cristiano. Y ahí, como cristianos, tenemos un campo de acción inmenso que va desde la familia, los contactos personales, la participación en la vida de la comunidad, a nivel parroquial, a nivel social, a nivel global, donde debemos ser un fermento constante como decía en sus parábolas Nuestro Señor Jesucristo.

Debemos ser levadura que haga crecer, semilla que germine. El cristiano tiene que ser un
elemento de crecimiento humano-espiritual y no podemos pensar en un crecimiento espiritual exclusivo o en un crecimiento material exclusivo, porque así no seremos verdaderos cristianos, así quitaríamos una parte esencial al mensaje de Jesús.

Agradecemos al nuncio apostólico por sus sabios consejos, y esperamos que esto recientes acontecimientos en la vida de la iglesia latinoamericana, y en particular de la iglesia venezolana, nos hagan reflexionar a todos y cada uno de los católicos para que sigamos con energía y esperanza el principal lema de Aparecida:“Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

Entrevista por: Luis Felipe y Mª Denisse Capriles