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La misma naturaleza del negocio tiende a generar tratamientos superfluos y embriones sobrantes
Excedentes del mercado de la fecundación artificial

Septiembre/Octubre (2007)

La fecundación "in vitro" ha creado un negocio que mueve grandes cantidades de dinero, como pone de manifiesto la profesora de Harvard Deborah L. Spar en su libro Baby Business. A eso se ha referido en Gran Bretaña Robert Winston, experto en temas de fertilidad y pionero en aplicar estos tratamientos en el país, y ha causado cierto revuelo. "Con la FIVET se está ganando sumas asombrosas de dinero", dijo.

Winston ha acusado a las clínicas de fertilidad de explotar a sus clientes incitándolas a someterse a ciclos –y a pagarlos, por tanto–, superfluos, sin informarles rigurosamente sobre la probabilidad de éxito o las soluciones alternativas. “Es muy fácil explotar a la gente que está desesperada por tener un hijo”, señaló (The Daily Telegraph, 31-05-2007). También ha criticado a la HFEA (el organismo británico encargado de vigilar y regular los tratamientos de fertilidad). Para Winston, "la HFEA ha consentido el mal trabajo de las clínicas de fertilidad. No ha prevenido la explotación de las mujeres, no informa correctamente a las parejas, no ha limitado el número de tratamientos a los que la gente puede acceder, no ha impedido la selección de embriones…"

Este último aspecto ha sido objeto de un reportaje, escrito en tono un tanto dramático, del Washington Post (20-05-2007) sobre la práctica de la FIVET en Estados Unidos. También allí el afán de aumentar la probabilidad de embarazo lleva a transferir varios embriones, lo que causa una elevada proporción de embarazos múltiples en las clientas de la fecundación "in vitro". Como tales embarazos entrañan riesgos adicionales para la madre y los hijos, las clínicas ofrecen la "reducción embrionaria": eliminar uno o más de los embriones en gestación para evitar posibles complicaciones. La autora del reportaje, Liza Mundy, es también autora del libro Everything Conceivable.

Una de las razones de la proliferación de esta práctica es que cada vez son más las clientas de las clínicas de fertilidad que demandan el éxito casi asegurado. Además, buscan minimizar las molestias del procedimiento, y por eso quieren quedar embarazadas al primer intento. Esto hace que se implanten hasta cuatro embriones para asegurar el éxito. Cuando se produce un embarazo múltiple, muchas mujeres recurren a la reducción embrionaria.
Mundy explica en su artículo que en Estados Unidos se publica todos los años un informe con los resultados logrados por las clínicas de fertilidad. Sin embargo, ese informe no habla para nada de los procedimientos, como la reducción embrionaria, que aseguran “unos resultados espectaculares”. Las clínicas tampoco guardan estadísticas sobre tales prácticas.

Los efectos de la reducción embrionaria en las pacientes son notables. Isaac Blickstein, experto en embarazos múltiples, ha dicho que "en las entrevistas a mujeres que han sufrido una reducción embrionaria se ven distintas reacciones que van desde sentimientos de culpa (…) hasta las complicaciones en el embarazo de los bebés restantes" (BioEdge, nº 251).

El artículo del Washington Post recoge con detalle unas declaraciones de Mark Evans, uno de los pocos médicos norteamericanos que se dedican en exclusiva a la reducción embrionaria. Evans defiende su práctica alegando que no puede ser considerada como aborto, ya que no pone fin al embarazo. El mismo Evans ha reconocido que hay un aumento de la demanda en este campo. Al principio, el 45% de las reducciones embrionarias que hacía eran de cuatrillizos. Pero después de 20 años son muchas las parejas con dos bebés que quieren solo a uno.

Aceprensa 13-06-2007
W47/07