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La pedagogía de
SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

Septiembre/Octubre (2007)

El seis de Octubre se cumplieron cinco años de haber sido elevado a los altares por el papa Juan Pablo II, a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y apóstol de la llamada divina y universal a la santidad a todos los hombres y mujeres en medio del mundo; es decir, a través del trabajo y de las obligaciones ordinarias independientemente del nivel cultural, de raza o de condición social .

Uno de los carismas de San Josemaría es la de haber sido un comunicador brillante, que con pocas y sencillas palabras lograba hacer llegar con claridad y profundidad el mensaje que deseaba transmitir. Este don constituyó un instrumento eficaz para cumplir con su ideal de ser un sacerdote que sólo habla de Dios, ya que le permitió una pedagogía espiritual clara y comprensible cuyo alcance perdurará mediante sus escritos y los videos de numerosas reuniones multitudinarias en las que participó en diversos países, con espíritu de catequesis. Es así como encontramos en las tres mil cuarenta y nueve sentencias ascéticas contenidas en sus obras “Camino” , “Surco” y “Forja” o en centenares de homilías y meditaciones recopiladas en diversos volúmenes, mensajes muy claros , concretos e impactantes, donde no pareciera sobrar una palabra.

Tanto en sus escritos, como en su intervención directa en esas reuniones de gran calor familiar, San Josemaría utiliza acertadas e inolvidables comparaciones, refranes, anécdotas y juegos de palabras que aderezados generalmente con un gran sentido del humor, constituyen enseñanzas gráficas que dejan una huella imborrable.

Quisiera referirme a continuación a sus juegos de palabras como “instrumento didáctico” no si antes acotar que los que se citarán no necesariamente son de su propia creación, pudiendo en algunos casos provenir del refranero popular, la literatura clásica, etc. Pudiéramos comenzar comentando la forma tajante y llena de humor con que aclaraba a quienes por ignorancia buscaban votos religiosos en el Opus Dei al señalarles que no le interesaban “ni los votos, ni las botas, ni los botines, ni los botones” dado el espíritu eminentemente laical que “había visto” para dicha institución, hoy Prelatura Personal de la Iglesia Católica.

En su predicación los consejos evangélicos y las virtudes humanas y cristianas ocuparon especial atención; así por ejemplo, su recomendación “se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste” es un enfoque práctico de la virtud de la pobreza hacia las inversiones monetarias personales o colectivas en las que aplica el “alerta criollo” de “lo barato sale caro”. Al estimular las virtudes de la diligencia y la paciencia en nuestras acciones, animaba a realizarlas “con alma y con calma” y para no caer en la simpleza del mero cumplimiento, hacerlas siempre cara a Dios para evitar el “cumplo y miento” y además con serenidad y perseverancia : “sin prisa pero sin pausa”, apuntaba.

Entre las enseñanzas capitales del Santo destaca la de que debemos convertir nuestro quehacer ordinario (familia, trabajo, descanso, vida social, etc.) en instrumento permanente de unión con Dios, impregnándolo de amor “afectivo y efectivo” hacia Él, no sólo con un sentimiento interior profundo sino confirmado además con obras.

Una constante en la predicación de San Josemaría fue la proyección que cada cristiano debe tener en el bienestar espiritual y material de los demás; de ahí su “para servir, …servir”, juego entre los significados de “ser útil” y de “servicio” de una misma palabra. A quienes justifican su estancamiento espiritual y humano en supuestas condiciones o limitaciones personales, les prevenía contra la “mística ojalatera : ojalá no me hubiera casado, ojalá fuera más joven, ojalá fuera más viejo , ojalá …”

Para acentuar en las mujeres casadas la importancia que tiene en la fidelidad de sus maridos el cuidar la apariencia personal, les recordaba con picardía una recomendación de la sabiduría popular: “la mujer compuesta saca al hombre de otra puerta”. Por su humildad, y para enseñarnos a no olvidar nuestra débil naturaleza, se manifestaba “capaz de todos los errores y horrores”.

Concluimos con una lección de gran vigencia: cuando en una ocasión se le comentó que se estaba reivindicando el asalto a una iglesia de rito protestante como un acto de afirmación católico, no vaciló en señalar en forma tajante: “¡Violencia Nunca!. ¡No me parece apta ni para convencer ni para vencer!” y es que sus enseñanzas, con síntesis y precisión, trascienden el tiempo y el espacio, dejándonos ideas que nos acercan a Dios.

Ing. Felix Urosa P. / felixurosap@gmail.com