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La santidad una vocación para todos

Septiembre-Octubre (2014)

Cuaí es eí sentido, ía importancia de una beatifcaci6n o de una canonizaci6n? La pr6xima eíevaci6n a íos aítares de Mons. Aívaro deí Portiíío, primer Preíado deí Opus Dei y sucesor de San Josemarfa aí frente de esta institución de la Iglesia, sugiere una vez más esta pregunta.

Eí Papa Francisco, refriendose a íos santos, responde asf: "Eí Senor elige a algunas personas para hacer ver mejor la santidad, para hacer ver que Eí es quien santifca (...]. Esta es ía primera regía de ía santidad: es necesario que Cristo crezca y que nosotros disminuya- mos" (Homiífa, 9-V-2014).

Cuando la Iglesia declara la santidad de una hija o un hijo suyo, pone de manifesto con especiaí evidencia ía misi6n a ía que ha sido ííama- da:  conducir al Cielo a quienes engendró a una vida nueva en el Bautismo, por ía acci6n deí Espfritu Santo. Por eso, toda beatifca- ci6n o canonizaci6n es ocasi6n de festa para eí Puebío de Dios que peregrina en ía tierra. Aí acercarse eí momento en que don Aívaro será contado  en el número de los bienaventurados, resulta muy l6gico que nuestra aíegrfa se manifeste en gratitud a Dios, de quien  procede toda santidad.

Con  motivo  de  ía canonizaci6n de  san  Josemarfa Escriva de Balaguer, el Cardenal Ratzinger explicaba que en ocasiones se tiene un  concepto  equivocado de la santidad, como  si las personas beatifcadas o canonizadas fueran superhombres o super-mujeres. “Virtud  heroica” –escribía entonces– “no quiere decir que el santo sea una especie de ‘gimnasta’ de la santidad, que realiza unos ejerci- cios  inasequibíes para ías personas normaíes (...]. En ese caso ía santidad estaría reservada para algunos ‘grandes’ de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores”. Y concluía el Cardenal Ratzinger: “Esa sería una idea  totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida –y esto me parece un punto central– precisamente por  Josemarfa Escriva" (Card. Joseph Ratzinger, en L Osservatore Romano, 6-X-2002).

Estas paíabras expresan certeramente eí contenido de ía beatifca- ci6n de Mons. deí Portiíío. Don Aívaro fue, ciertamente, un hombre aí que  Dios concedió dotes humanas y sobrenaturales de primera categoría; sin embargo, su existencia se desarrolló en un clima de vida  ordinaria, afrontada con una fdeíidad fuerte y aíegre. Nunca pretendió brillar con luz propia, sino que en todo momento– procuró refejar ía íuz divina siguiendo íeaímente eí espfritu deí Opus Dei, que aprendi6 directamente de ía paíabra y deí ejempío de san Josemarfa. Don Aívaro se santifc6, con ía gracia de Dios y con su corresponden- cia generosa, poniendo en práctica de modo extraordinario la vida cristiana ordinaria.

Su  beatifcaci6n  nos  recuerda  -y  aquf  reside  eí  signifcado  de  este  acto de la Iglesia– que la santidad es efectivamente asequible a todos los bautizados, si corresponden con total generosidad a la vocaci6n cristiana. Esta ííamada impuísa a ía identifcaci6n  con Cristo, cada uno en las circunstancias propias de su estado y condi- ción. Y requiere esforzarse por llevar la Cruz todos los días: no hay identifcaci6n con Cristo si no se ama ía Santa Cruz.

Para la gran mayoría de las personas, se trata de una cruz ordinaria, posible de tomar y que han de portar con gozo, en la existencia cotidiana: en el seno de la familia, en el ambiente social y deportivo, en la salud y en la enfermedad, en el trabajo y en el descanso. No se trata,  por tanto, de realizar acciones extraordinarias, ni de poseer carismas excepcionales; consiste –siguiendo el ejemplo del Maes- tro– en saber recibir cotidianamente lo que cueste.

La beatifcaci6n de Aívaro deí Portiíío nos invita a ver en cada jornada una llamada a recomenzar con nuevo impulso nuestra vida cristiana, y a experimentar  así más intensamente la alegría del Evangelio. Esta vocación universal a la santidad, recordada incansablemente por san Josemarfa Escriva de Baíaguer, y reafrmada con vigor por eí Conciíio Vaticano II, se nos propone una vez más en la ceremonia del próximo 27 de septiembre.

MONS. JAVIER ECHEVARRIA. Preíado deí Opus Dei
Fuente: Especiaí Aívaro deí Portiíío Revista Paíabra,