Leer Entrelíneas

Dan Brown, Cristo, Jyllands-Posten, Mahoma…

Abril (2006)

Este artículo no pretende ser una apología más de la religión católica. Luego de la publicación del Código Da Vinci y la próxima puesta en escena del libro -si es que logra sortear la demanda por plagio que se está llevando a cabo en Inglaterramuchas voces han salido en defensa de Cristo, la Iglesia y sus instituciones. Basta entrar en Internet para ver qué cantidad de personas han escrito con profundidad y seriedad, investigaciones sobre las falsedades del libro y lo absurdo que es pensar que una persona con la "calidad" intelectual y moral de Brown pretenda desmontar una Verdad tan bien fundada.

Este artículo es más bien una reflexión acerca del derecho que tenemos los hombres -de manera especial los periodistas- para escribir y opinar de cualquier cosa. Soy periodista y hablo del tema con la pasión del periodista.

Ahora mismo estamos bajo la tormenta que representa el escribir u opinar acerca de un tema que para una gran cantidad de personas es punto fundamental: el islamismo y Mahoma. En un diplomado que actualmente estoy cursando, salió el tema de la libertad de expresión y el derecho que tienen los periodistas a escribir lo que fuera. La conclusión no fue unánime, y es que es difícil concertar cuando se tiene por delante la libertad de unos para comunicar y opinar, y la de otros para protestar por lo que se considera un agravio.

Aunque el tema es candente y enrevesado, quizás hay algo muy claro: efectivamente los medios de comunicación y los periodistas tienen derecho de expresión, pero ese derecho choca con el derecho y la libertad de los demás.

En una de sus alocuciones, el Papa Benedicto XVI se ha manifestado de modo muy sopesado y claro al respecto: "que los creyentes no sean objeto de provocaciones que hieran su vida y sus sentimientos religiosos". Al mismo tiempo
afirma: "la intolerancia y la violencia no pueden justificarse nunca como respuestas a las ofensas, pues no son respuestas compatibles con los principios sagrados de la religión".

En definitiva, pareciera que, de un lado y de otro hay un exceso: y es que cuando no hay respeto y se traspasa el límite de la libertad y del derecho, las consecuencias suelen ser nefastas.

En las palabras del Papa, a mi juicio, se lee de fondo el dolor por los agravios que también ha sufrido la Iglesia Católica, de modo concreto en los últimos años con el tema del "Código da Vinci". A la vez, se lee en esas palabras, un afán de desagravio, pero no con las armas y la violencia, sino con el llamado al respeto.

Desde el punto de vista periodístico, parece que estos acontecimientos son un llamado a la reflexión. Vale la pena replantearse hasta dónde tenemos derecho a "informar"; hasta donde, como escritores, tenemos derecho a escribir; sobre qué temas; cómo. De otro lado, como receptores, la reflexión no debe ser menos intensa: cuál debe ser mi respuesta o mi actitud ante lo que ofende o denigra mis convicciones; qué cosas puedo permitir como ciudadano y por qué tipo de cosas tengo derecho a reclamar.

Es justo que nos detengamos a pensar sobre el tema. En las escuelas de Comunicación -que hay bastante en Venezuela- el tema debe ser sometido a discusión y en los hogares el tema no se debe ignorar.

Los acontecimientos parecen estar ahora fuera de su cauce, y hay una evidente confusión, pero lo importante es no quedarse pasivos. Los acontecimientos están puestos allí para que hagamos algo: reflexionar, pensar, actuar, de manera acorde con la dignidad propia de las personas humanas. Y aunque dejo casi para el final del artículo esta frase referente a la dignidad de la persona, es precisamente allí donde debe centrarse la reflexión.

Todas las personas tenemos deberes y derechos, pero esos deberes y derechos nunca deben pasar sobre el otro. En este tema de la libertad religiosa -y en todosvale la pena preguntarse si es acertado escribir y actuar en contra de las convicciones profundas de las personas y, de otra parte, si es acertado o no responder con la violencia -arrastrando incluso a personas inocentes- para defender una causa.

Como se ha afirmado antes, vale la pena reflexionar.

Mary Gámez