Vértice › N.º 1 · Mayo de 1962
Buzón de crónicas mundiales · Vértice, pág. 10
Crónicas desde París, Chile, Buenos Aires y Moscú
Sección a doble página con cuatro crónicas internacionales sobre la vida universitaria, ilustradas con pequeños dibujos.
PARIS
HACIA LA CRISIS DE LA MENTALIDAD LAICO-TOTALITARIA
Novedad en el terreno de la enseñanza católica en Francia. Es probable —al menos se están dando ahora los primeros pasos— que las facultades universitarias católicas reciban una ayuda del Estado. “El Gobierno —y sobre todo el Primer Ministro—, escribía Le Monde, 29/30-X-61, parecen deseosos a la vez de ayudar a las facultades católicas y de evitar un nuevo debate público sobre una cuestión tan delicada”.
Claro está que esta acción del Gobierno no se basa en un interés fuera de la normal vida política del país: se trata en cambio de una corriente parlamentaria (integrada por personalidades tan conocidas como Louis Joxe, Lucien Paye, Paul Reynaud y por la “Asociación Parlamentaria a favor de la libertad de enseñanza”), que pide, dentro del juego democrático, el cumplimiento de una exigencia democrática: la ayuda estatal a los centros privados de Enseñanza Superior.
[Ilustración: dos ventanas.]
En el proyecto de ley de finanzas para 1962 hay un capítulo (42-43) titulado: “Rapports entre l’Etat et les établissements privés d’enseignement”, que tiene asignado un crédito de 487,7 millones de NF. En el presupuesto de 1961 existía también este crédito pero a continuación se añadía entre paréntesis: “Application de la loi du 31 décembre 1959”. (Como se recordará es la ley que prevee la ayuda estatal a los institutos privados primarios, secundarios y técnicos que cumplieran ciertos requisitos legales). Esta salvedad entre paréntesis ha desaparecido en el presupuesto de 1962. Le Monde ve en esto un indicio de la voluntad del gobierno de ayudar a las instituciones católicas de enseñanza superior, y más teniendo en cuenta unas declaraciones de Debré en 1959 recordando que no hay en Francia ninguna ley que prohiba la ayuda estatal a los centros de enseñanza privada.
Según unas estadísticas publicadas en 1960 por la revista Information et Statistiques del Ministerio de Educación, 12.000 estudiantes estaban inscritos durante el curso 1958-1959 en las facultades católicas (de ellos 8.000 en París y en Lille) representando del 6 al 7 por ciento de la población universitaria; los estudiantes que frecuentan las escuelas primarias católicas representan a su vez el 15 por ciento de la población estudiantil.
Es significativo que en Francia —donde tanto han debido luchar los católicos por la defensa de la libertad de enseñanza— se esté llegando poco a poco a considerar fructífera la ayuda económica a los establecimientos educativos de la Iglesia. El fenómeno no es exclusivo de Francia: a primeros de noviembre se inauguró en Roma la facultad de Medicina de la “Universita del Sacro Coure” [sic] de Milán —que es actualmente en instalaciones y organización una de las mejores de Italia— recibiendo una fuerte ayuda económica del Estado. Hoy día se advierte en todo el mundo libre, como consecuencia del mayor empeño de los católicos en el campo de la enseñanza (lo que redunda en la altura científica y en la categoría intelectual de los centros creados o impulsados por la Iglesia), un reconocimiento mundial por parte de los Estados de su labor docente. Reconocimiento que no es concesión, sino constatación de una evidente realidad científica y educativa, y una sincera interpretación o aplicación (bien lejano del totalitarismo laico que animó en el siglo pasado la masonería) del principio democrático de la libertad de enseñanza.
Buen ejemplo de madurez democrática para bastantes países que —retrasados en la Historia— continúan aún imitando en su legislación y en sus instituciones la Francia laico-totalitaria de los años ochocientos.
CHILE
EL COMUNISMO EXPLOTA LA MISERIA
Un déficit de 350.000 viviendas para siete millones de habitantes hacen del problema de la vivienda uno de los más agudos en Chile. El Estado, a través de la Corporación de la Vivienda, CORVI, desarrolla un plan habitacional para paliar esta insuficiencia. Para el hombre de la calle, según su tendencia política, este plan habitacional es “de lo mejor del Gobierno” o de “lo poco bueno de este gobierno”. En cualquier caso es una de las realizaciones más visibles directamente, sin necesidad de palabras o argumentaciones, que el país puede mostrar como fruto de los tres años de gobierno del Presidente Alessandri.
Es lógico, dados estos antecedentes, que los comunistas, dentro de la extensa gama de agitación social que vienen empleando en el país, hayan querido adoptar un medio específico para desprestigiar y entorpecer esta labor del gobierno. Ese medio ha sido la “invasión de Santa Adriana” y la explotación sistemática de los conflictos sociales que de ello se vienen sucediendo. Preparado cuidadosamente con varios meses de antelación, el caso de Santa Adriana constituye un ejemplo típico de la explotación demagógica que los comunistas hacen de la ignorancia y miseria de los más desamparados estratos sociales.
Quizá fuera del contexto histórico de Chile, la “invasión de Santa Adriana” pueda parecer una anécdota sin importancia. No lo es. Es sí, un hecho. Pero un hecho que responde a la continua táctica marxista de exagerar uno de los extremos —en este caso exagerar la miseria en Chile, no haciendo nada por solucionarla— para que surja la violenta reacción favorable a sus fines. “La táctica es simple: —ha escrito Rik Vermeire, Secretario General de la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas— no hacer nada para mejorar la situación de las masas y agudizar su descontento; y mientras, trabajar en los ambientes de la “inteligencia”.
[Ilustración: casa estilizada con arcos.]
El caso de Santa Adriana empezó hace varios meses. En una fría noche de julio del pasado año —en Chile era entonces invierno—, mil quinientos habitantes de los suburbios más pobres de Santiago, portando enseres domésticos, materiales y herramientas, invadieron, después de una larga caminata, un extenso terreno destinado por la CORVI a edificación de viviendas para familias de escasos recursos.
Con orden y rapidez, sin altercados ni confusiones, los invasores de Santa Adriana —así se llama el terreno—, fueron levantando débiles viviendas de madera, latas, lienzos y cartones. En ninguna faltó la bandera nacional en lo alto, para darle un sabor patriótico, ondeando al viento de la noche. De madrugada, Santa Adriana era ya una barriada populosa. Los invasores, en toda clase de locomoción, seguían llegando. Nuevos techos se levantaban. Pronto acudió la policía, que miró y dio parte del hecho sin intervenir de ningún modo.
A los tres días los pobladores del terreno eran 10.000. La prensa izquierdista, en extensos reportajes, presentó la invasión como un estallido espontáneo de los que se cansaron de esperar su casa por la lenta vía legal que sigue el Plan Habitacional.
Pero en seguida se vio que algo olía a podrido en aquel barrio.
Los “callamperos” —así se denomina a los que viven en barriadas miserables— llegaban a Santa Adriana desde los puntos más distantes de Santiago. La operación era dirigida por un Comando de Pobladores, “elegido”… antes de que hubiera entre quienes elegir. No hubo ningún conflicto o confusión en la elección de los sitios materiales. A los que iban llegando se le asignaba su lugar y tarea. Fue un “estallido” realmente curioso, donde lo más absurdo era el móvil: ¿qué podía empujar a miles de personas, en lo más crudo del invierno, a desarmar sus casas miserables para ir a armarlas en otro lugar lejano y no mucho mejor que el que antes habitaban? Todo empezó a aclararse cuando se supo que el Comando estaba integrado por comunistas de fila; que parlamentarios comunistas y socialistas estuvieron “alentando” ya en la madrugada de la invasión —¿cómo se enteraron tan pronto?— a los usurpadores; que militantes comunistas acudieron en los días sucesivos arengando a la gente contra las injusticias del gobierno y las “oligarquías” y buscando nuevas inscripciones para el Partido entre los más desesperados.
Más tarde se supo que el asalto había sido planeado con mucha antelación y que el día fijado hubo de retrasarse varias veces hasta contar con todas las circunstancias favorables para el mayor impacto público. También se supo cómo los “callamperos” fueron llevados a Santa Adriana bajo el engaño de que con la invasión conseguirían obtener del Gobierno la casa y el terreno anhelados.
Los comunistas persiguen con el asunto de Santa Adriana un efecto múltiple: a) desprestigiar y obstaculizar el Plan Habitacional; (los terrenos invadidos estaban ya parcelados, urbanizados y distribuidos entre familias no menos necesitadas que los invasores); b) fomentar la rebeldía y desesperación entre las clases modestas —no les ayudan en sus necesidades materiales, pero sí les informan de todos los lujos y fiestas de la sociedad que se celebran en Santiago—; c) arreciar en las campañas contra “un gobierno en crisis” y exhibir pruebas del “descontento popular”; d) poner al gobierno en aprietos: ¿desalojar a los invasores o permitir su usurpación? ¿expulsarles por la fuerza o por la persuasión?; si se les echa, ¿a dónde llevarles?; y e) tener un “experimento” realizado que valga como foco de agitación y proselitismo, y sobre todo, para perfeccionar, en el estudio crítico de sus etapas, futuras invasiones de mayor envergadura.
Siguiendo la marcha cronológica de los hechos hay que decir que el gobierno guardó un prudente silencio y pasividad en los primeros momentos; el problema era delicado, porque aquella gente, engañada o no por maquinaciones políticas, era realmente pobre y no tenía posibilidad alguna, en el plazo de bastantes meses, de poseer una habitación mínimamente digna. A fines de septiembre, con el consentimiento de casi todos los pobladores la barriada entera fue trasladada pacíficamente por las autoridades a “San Rafael”, otro terreno fiscal, aún no adjudicado a propietarios o actividades algunas.
[Ilustración: veleta con gallo sobre un tejado.]
En San Rafael los problemas subsistieron y se agudizaron; sólo la usurpación había desaparecido, pero el hacinamiento, la carencia de abrigo contra el clima, ropas, alimentos y servicios de luz, agua e higiénicos continuaron. El Gobierno, una vez conseguido el traslado, recobró su ritmo lento habitual para cumplir las obligaciones del caso.
[Ilustración: instrumentos de laboratorio y de dibujo.]
Ante esta perspectiva, fueron los estudiantes quienes acudieron en ayuda de los pobladores. Pronto su labor se ganó el afecto de la mayoría. Levantaron un policlínico, consiguieron ropas, alimentos y medicinas. Cuando se disponían a organizar una serie de espectáculos con los que celebrar las Fiestas Patrias y recaudar fondos benéficos, el comando comunista, que venía entorpeciendo esta labor por todos los medios, atacó a los estudiantes violentamente, literalmente a golpes y pedradas. ¿Motivos? Según la versión del Comando, los estudiantes estaban creando el “divisionismo” entre los pobladores. Después de estos accidentes, los estudiantes, para evitar mayores males, se abstuvieron de toda labor en San Rafael. Los pobladores expresaron a través de la prensa que ellos querían formar una junta libre de vecinos, como repudio al Comando comunista, y que aplaudían la labor generosa de los universitarios.
A mediados de noviembre, entrado ya el verano, San Rafael siguió su marcha entre las dificultades. Las tablas y las latas han sido afirmadas un poco más. Las inclemencias del tiempo se fueron con la llegada de la primavera. Los pobladores tienen ya un Comité de Pobladores Independientes y los universitarios, de vuelta otra vez, colaboran estrechamente con ellos. El Gobierno da los primeros pasos para abastecer de agua, luz y servicios higiénicos a la barriada. Los comunistas, aunque un tanto desprestigiado su Comando, siguen sembrando su campaña de descontento y odio social entre los vecinos. Hará sólo unos días, volvieron a agredir a pedradas a los universitarios y pobladores “divisionistas”. En el seno del Partido Comunista se hace el balance cuidadoso de los pormenores de la “experiencia”, se imparten instrucciones para el Comando y se corrigen defectos “técnicos” para perfeccionar futuros “estallidos espontáneos”.
Hasta aquí los hechos que obedecen —como indicábamos al principio— a una precisa táctica marxista, afincada en los principios más teóricos del materialismo dialéctico. De la teoría y de la práctica podemos deducir, para terminar, estas conclusiones:
a) Que el problema existe y es grave y urgente. El Gobierno deberá empeñarse seriamente por solucionar una situación injusta, desastrosa.
b) Que los comunistas no han contribuido a solucionar ni la más minúscula de las necesidades materiales de esta gente.
c) Que han sido los estudiantes quienes, hasta ahora y en los límites de sus posibilidades, han realizado una acción social clara, limpia, desinteresada. Lo que para el comunista fue una ocasión de demagogia, para los estudiantes ha sido ocasión de vivir en un caso muy concreto la justicia y la caridad cristiana.
LUIS FERNANDEZ CUERVO
BUENOS AIRES
FRACASO UNIVERSITARIO DEL COMUNISMO
Cuatro grandes grupos se disputaron en las elecciones universitarias los puestos directivos: el Reformismo izquierdista —de tendencia abiertamente comunista— y el Reformismo disidente —los liberales de izquierda. Estos últimos, por ejemplo, son laicistas por convicción, partidarios de la revolución cubana en lo que ésta tiene de revolución de tipo socialista y de enfrentamiento con los Estados Unidos. Junto a estos dos grupos declaradamente izquierdistas y socializantes, otros dos movimientos que se inspiran en ideales sociales cristianos o en cierto realismo de tipo moderado, representados por el Humanismo y el Movimiento Universitario de Centro.
El resultado de las elecciones superó las más optimistas esperanzas de estos dos últimos grupos, señalando una repulsa bastante general del comunismo. Las cuatro grandes facultades —las de mayor número de estudiantes—, Medicina, Derecho, Ciencias Económicas e Ingeniería, dominadas tradicionalmente por el Reformismo izquierdista las tres primeras y la restante por el Reformismo disidente, se repartieron una para cada uno de los grandes grupos. Esto supone que los comunistas perdieron Derecho, en donde fueron ampliamente derrotados por el Movimiento Universitario de Centro y Ciencias Económicas —verdadera sorpresa en estas elecciones—, en la que triunfó el Humanismo. En la Facultad de Medicina ganó, por un escaso margen de 100 votos, el Reformismo izquierdista, perdiendo 600 votos que fueron, más o menos, los que ganó el Humanismo. En Ingeniería, el Reformismo disidente, a pesar de su triunfo, experimentó un considerable receso.
[Ilustración: fachada con ventanales en cuadrícula.]
En las restantes facultades triunfó el Humanismo en Agronomía, Farmacia y Arquitectura, mientras que el ala más extrema del Reformismo conservó Filosofía y Letras y Ciencias Exactas.
Como resultado de las elecciones, el Reformismo izquierdista logró 12 delegaciones estudiantiles en los Consejos Universitarios (el 33 por ciento) frente a las 18 (50 por ciento) del año pasado; el Humanismo, que había conseguido 10 (28 por ciento) en 1960 cuenta ahora con 16 (45 por ciento); el Reformismo disidente descendió de 7 (19 por ciento) a 5 (14 por ciento), y el Movimiento Universitario de Centro creció de 1 (3 por ciento) en 1960 a 3 (8 por ciento).
En estas elecciones se ventilaba además el problema de si correspondía o no agitar los temas políticos en la Universidad. Es lícito concluir que la tendencia “apolítica” como se ha llamado —sin querer afirmar un absoluto desinterés por estos temas, cosa ilógica en un Centro de Enseñanza Superior— ha triunfado ampliamente. Las tres cuartas partes del estudiantado se han pronunciado por ella, ya que esta vez el Reformismo disidente se incluyó en la llamada tendencia “apolítica”: preocupación política, sí, pero siempre que no anule la labor docente (técnica, humana, social, etc.), fin principal.
El Reformismo de izquierda, cuya expresión semipolítica es la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), hoy convertida en asociación de camuflaje comunista, cuenta tan sólo con la cuarta parte de las voluntades estudiantiles. Se cierra así el ciclo iniciado en 1945: entonces, miles de estudiantes se enrolaron en la FUBA, con el exclusivo propósito de combatir los abusos del régimen peronista en la Universidad. A partir de la revolución de 1955, que derrocó al presidente Perón, los estudiantes fueron retirándose de la FUBA, en la medida que ésta volvía —como antes de 1945— a ser manejada por elementos marxistas. Mientras el proceso de alejamiento se concretaba en la formación de otros grupos, FUBA pudo pretender la representación única o al menos mayoritaria de los estudiantes. Hoy la ilusión ha terminado.
MOSCU
JOVENES EN REBELDIA
Un dato interesante, sobre todo para aquellos países en los que la juventud —principalmente la universitaria— muestra cierto “prurito comunista”, creyéndose por eso más amiga de la libertad (menos conformista), es conocer la situación de esa misma juventud en países definitivamente comunistas, es decir, en aquellos regímenes sin alternativa de libertad. En estos regímenes marxistas el verdadero enemigo de la juventud y de sus nobles ideales de mejora, de evolución y de progreso, es el mismo comunismo oficial, que planifica desde la industria del vestido hasta el pensamiento, desde las materias primas hasta la poesía.
En este sentido —y como oposición al intento planificador oficial— las contrarrevoluciones de la juventud, primero en Hungría, luego en Polonia, en Rusia y en China, son uno de los fenómenos más sorprendentes de nuestro tiempo.
He aquí unos cuantos ejemplos: La revista soviética “Literatura y Vida” ha publicado una severa catilinaria contra dos enojados poetas jóvenes de Rusia, Pankratov y Khabarov, por haber sugerido que sus compatriotas podrían “dar una nueva ojeada a la vida y revisar sus ideas acerca de sus hábitos y de sus gustos”. El artículo replicaba diciendo: “¿Es que vuestros camaradas mayores han tenido ideas equivocadas? ¿cuáles son los puestos que estáis tratando de obtener?”.
En la novela “El deshielo” de Ilya Ehrenburg, se recoge un comentario sobre la literatura soviética, en boca de uno de los personajes: el hijo del viejo Bolchevique: “No pagan por las ideas —dice—, con ideas únicamente os podéis romper la cabeza. Se supone que un libro ha de tener una ideología, si la tiene es espléndido. Pero las ideas son para los lunáticos”.
Cuando en 1918 se celebró en Moscú el I Congreso de la Juventud, sólo la mitad de los estudiantes reunidos eran comunistas. La única resolución aprobada por unanimidad fue la declaración de independencia de la Liga de la Juventud (Komsomol) del Comité Central del Partido. Pocos meses después, el Comité Central publicó un decreto obligando a la Komsomol a aceptar el programa y las tácticas del Partido y a subordinarse al Komintern. En 1925 a raíz de la muerte de Lenín, la Komsomol de Leningrado declaró su negativa a someterse al Comité Central. Las purgas de los años treinta, una de cuyas primeras víctimas fue el primer Secretario de la Komsomol, Alexander Kosarev, convirtió a la Liga de la Juventud en un instrumento apático y sin vida, que hoy no ofrece confianza alguna a la juventud rusa.
Aunque, en la actualidad, Kruschev ha procurado neutralizar la oposición de la juventud orientando sus estudios hacia problemas de carácter técnico, no cesan de brotar movimientos de rebeldía principalmente entre jóvenes poetas, escritores y artistas. “Komsomol Pravda” publicó recientemente un debate que tuvo origen en ciertos escritos que trataban de la “reivindicación del arte sobre las ciencias”. La polémica se canalizó en dos ideologías diversas: los defensores del materialismo comunista y los propugnadores del humanismo democrático. El 90 por ciento de los lectores del periódico —estudiantes en su mayoría— aparecieron sustentando la posición “humanista”.
El ex presidente soviético Voroshilov ha diagnosticado recientemente este movimiento rebelde que existe en la juventud: “La juventud en nuestro ambiente está jugando —ha dicho—, está soñando y como buscando algo. Sea lo que fuere de esta búsqueda, no es algo en que deban soñar. Tenemos que decir: deben desaparecer, tenemos que deshacernos de estos insectos y zánganos”.
Un dato más para acabar: de los dos millones de fugitivos que desde 1950 a 1960 abandonaron la zona soviética de ocupación para refugiarse en la República Federal Alemana, más del 60 por ciento eran jóvenes de menos de 26 años.
[Ilustración: carreta antigua.]
Transcripción fiel del original impreso. Puedes ver la página tal como salió en el PDF del número.