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Vértice › N.º 1 · Mayo de 1962

Vértice, pág. 4

Función actual del abogado

El abogado culmina sus estudios gracias a las instituciones que lo toman a su cargo durante largos años, instituciones sostenidas con el esfuerzo y el aporte de todo el pueblo. Es por ello un ser privilegiado, en deuda con su pueblo.

En América Latina el abogado tiene hoy más que nunca deberes sagrados.

El escenario de su actuación es el ámbito de las víctimas de la injusticia social: ciento treinta millones de seres hambrientos. Ciento treinta millones de personas que carecen del pan al que tienen sagrado derecho por la sola circunstancia de haber nacido.

En el esfuerzo de un pueblo para salir de su estado de subdesarrollo, las cargas han de ser compartidas por todos en proporción a sus ingresos y a sus conocimientos. Los que tienen más deben dar más. Los que saben, deben aportar su saber. Así lo exige la justicia, esa justicia más seria y elevada que la contenida en los códigos, la justicia natural que el abogado está obligado en conciencia a respetar y servir.

Por la amplitud de sus conocimientos, el abogado es uno de los profesionales mejor dotados de visión universal. Por ello pierde y traiciona su propia personalidad cuando deja de alumbrar los problemas concretos de la injusticia por hacer de su profesión un negocio; negocio cómodamente instalado al servicio de quien le pague su atención por cualquier litigio, prescindiendo de lo injusto o inmoral que fuere. Traiciona su profunda vocación de justicia. Traiciona, al mismo tiempo, a su pueblo y al destino de su pueblo.

El experto en las cosas de justicia ha de saber descubrir dónde es requerida su presencia en esta hora de necesarias transformaciones estructurales, para vivificar las instituciones y humanizar a los hombres con el imperio de la justicia. No basta el simple afán de justicia. Ha de traducirse, éste, en misión de servicio eficaz. Servicio que se proyecte en obras institucionales.

El estudiante de Derecho cuyo corazón se mueva al impulso de generosos propósitos de servicio, tiene frente a sí un vasto panorama de problemas graves que reclaman un análisis a la luz de la justicia, y que le brindan enormes perspectivas para un trabajo fecundo: el trabajo de promoción de la justicia, en el cual podrá embellecer su vida y desarrollar plenamente su personalidad, con auténtico sentido de grandeza humana.

Transcripción fiel del original impreso. Puedes ver la página tal como salió en el PDF del número.