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Vértice › N.º 1 · Mayo de 1962

Vértice, pág. 7

Tanganyka independiente

(Texto impreso íntegramente en cursiva en el original.)

En el transcurso del mes de diciembre de 1961 obtuvo su independencia Tanganyka, la nación más extensa de lo que, en el mapa político africano, se llama Africa Oriental. El advenimiento de Tanganyka a la comunidad de naciones libres es un hecho de singular importancia que no debe pasar desapercibido.

[Ilustración: figura estilizada que empuja una rueda.]

Hasta hace poco Tanganyka fue territorio fideicomitido bajo la administración inglesa. El origen de esa circunstancia se explica por cuanto Tanganyka fue desde 1884 territorio alemán, y al final de la primera guerra mundial, cuando Alemania fue desposeída de sus colonias africanas, se convirtió en un mandato de la Sociedad de Naciones. Después de la segunda guerra mundial, cuando dejó de existir el precario ensayo Wilsoniano, y el Consejo de Administración sustituyó a la Comisión de Mandatos, el Reino Unido continuó responsabilizándose de su administración. Como antes en Togo, Camerún y Somalia, estaba en juego, en el proceso político que llevó a Tanganyka al auto-gobierno y, posteriormente, a la independencia, la competencia de este órgano principal de las Naciones Unidas para realizar a cabalidad los fines para los cuales fue creado: Promover el adelanto político y el desarrollo progresivo hacia la independencia.

Paralela a la aplicación en Tanganyka del sistema de administración fiduciaria entraba en juego la nueva política colonial británica iniciada en el segundo gobierno de Mac Millan. Este nuevo tipo de estrategia, conducido con sagacidad, intuición, y sobre todo con gran conciencia de la realidad de las cosas marca un nuevo estilo en el campo de las relaciones internacionales. Una de las mayores potencias imperiales de la Historia se dedica, sistemáticamente, a desmembrar un imperio para favorecer una comunidad de estados independientes. Mucho crédito tiene el Reino Unido en el feliz resultado de la evolución política de Tanganyka. Como autoridad administrativa impulsó el desarrollo político del territorio en tiempo mucho más breve que el fijado como límite por el propio Consejo de Administración. En efecto, no debe olvidarse que en 1954 el consejo estableció que en un lapso de veinte años debería Tanganyka obtener su independencia. El exitoso desenlace de esta experiencia demuestra que la nueva estrategia del gobierno de Mac Millan ha demostrado en Tanganyka, como lo ha hecho también en Nigeria, Gambia y Sierra Leona, que la llamada “evolución constitucional” es el modelo a imitar por las pocas potencias coloniales de viejo estilo, que que [sic] quedan en el mundo.

Pero la clave del éxito no radica únicamente en la influencia exterior. Mucho, y la mayor parte, se debe a la extraordinaria suerte de Tanganyka de ser la cuna de uno de los más eminentes estadistas africanos: Julius Nyerere, Primer Ministro, jefe y fundador del partido que dirigió el movimiento emancipista, la Unión Nacional Africana de Tanganyka. Ex-alumno de la Universidad de Edimburgo, antiguo maestro en una escuela de misioneros católicos, y católico ejemplar él mismo. Nyerere es motivo de orgullo para los que en todo el mundo predican una concepción cristiana de la política. Nacido en la misma tierra que diera el primer Cardenal de raza negra, Nyerere supo conducir su pueblo pacíficamente por el camino hacia la libertad. La conducta observada por Nyerere hasta ahora lo califica plenamente como uno de los más responsables políticos africanos. Organizador y líder nato, fundó su partido en 1954, y en las recientes elecciones obtuvo más del noventa por ciento de los votos. Con altura de miras, sin campañas demagógicas, comprometió la Unión Nacional en la lucha pacífica por la emancipación de Tanganyka, y supo extraer de los ingleses más concesiones que otros que asumen actitudes sensacionalistas. Partidario fervoroso de la democracia representativa, su ejemplo sirve para demostrar que la anarquía del Congo y el autoritarismo de Ghana no son la regla sino la excepción en el continente africano. Con su país plenamente independiente Nyerere acomete ahora sus dos principales objetivos. En lo económico, superar el estado de subdesarrollo, para lo que cuenta, entre otras cosas, con la ayuda especial prometida por la República Federal Alemana. En lo político, consumar su plan de estructurar, junto con Kenya, Uganda. Zanzíbar y, probablemente, Niasalandia la Federación de Africa Oriental.

Para los que siguen con simpatía el heroico proceso revolucionario africano, la independencia de Tanganyka debe ser motivo de regocijo. Los que creen en la dignidad de los hombres de todas las razas deben cantar, como cantó el pueblo de Tanganyka el día de la independencia, las primeras letras de su himno nacional, que dice así: “Dios bendiga a Tanganyka”.

Armando Chumaceiro Ch.

Transcripción fiel del original impreso. Puedes ver la página tal como salió en el PDF del número.